
LLOVIENDO
I
Huele a lluvia y a lo ancho
del barrio no tiene fin
porque repica en el zinc
y en los cartones del rancho.
Gregorio, Manuel y Pancho
se la pasan preocupados
por sus enseres sagrados,
no se vayan a mojar
y se tengan que quedar
otra vez buscando fiado.
II
Se pone bello el vergel,
se abren claveles y rosas
mientras suceden mil cosas
que nos erizan la piel.
Se vive el momento cruel
de los derrumbes del cerro
y hasta la casa del perro
con la lluvia tambalea…
cuando el paraguas flamea
entre tensiones me aterro.
III
La ciudad desesperada
relampagueante en su cruz
mira que se va la luz
y se desbordan cañadas.
No podemos hacer nada
porque la naturaleza
sólo avisa cuando empieza
pero no cuando termina…
Cosas de la ley divina
que nuestras acciones pesa.
IV
Pero siempre es importante
que se escuche nuestra voz
con una plegaria a dios
y otra para el gobernante.
La capacidad de aguante
del pobre es muy superior
y si hay frío o si hay calor
es igual pues la tormenta
al que no tiene lo alienta
con las mieles del amor.
Juan Veritas