La mesa debe ser un lugar de encuentro agradable

Meditar a la hora de comer activa la conciencia sanadora

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23 de septiembre, 2020 - 4:36 pm
Anaís Meleán

Conocer los beneficios de cada alimento a ingerir, activa el poder regenerador de las células, permitiéndole a cada una un mejor aprovechamiento de los nutrientes consumidos

¡Cuánto esfuerzo a diario hacen nuestras madres, abuelas, familiares o trabajadoras por preparar un rico plato y cuán poco dura el encanto! ¡Quizá ni lo detallamos! Poco nos detenemos a contemplar colores, formas, tamaños, olores, sabores y bondades del plato que está ante nosotros. Siempre estamos apurados y buscamos cumplir con el requisito de darle alimento a nuestro cuerpo en el menor tiempo posible.

La hora de comer debiera ser un momento de placer, de socializar temas agradables con quienes compartimos la ocasión. No es el tiempo de traer temas controversiales, ni de ajustar cuentas, ni de regaños ni muchos menos dimes y diretes. La hora de comer es el tiempo para agradecer a Dios por sus bendiciones materiales y espirituales, razón por la cual siempre es bueno iniciar con una oración de agradecimiento.

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También puede aprovecharse para escoger un lugar con buena iluminación, fresco, con buenos olores, con colores agradables; todo eso favorece la buena digestión pues activa la conciencia sanadora: el cerebro envía los impulsos eléctricos a cada órgano beneficiado con los nutrientes de ese alimento, y las células perciben las energías, con lo cual aceleran la activación de su poder regenerador.

Un lugar oscuro, sucio, con decoración tétrica, sin duda, afectará de manera negativa el proceso de nutrición.

Como se ha referido en esta serie de trabajos, el hombre es un ser integral; todos sus sistemas están interconectados. En este sentido, cada factor de interacción externa afecta a uno interno; de allí la necesidad de comenzar correctamente, desde la vista, el olfato y el gusto, el proceso digestivo.

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Así, al probar el primer bocado, debe hacerse consciente de los aportes nutricionales contenidos en el plato, tal actitud generará una nueva conducta comensal distinta a la forma mecánica, rutinaria, monótona y apresurada de comer; y en consecuencia, se consumirán los alimentos conscientes de cuán provechoso le resultará al organismo esa ingesta.

La hora de comer puede ser también un momento de reflexión sobre el funcionamiento del cuerpo humano y la obligación de cada uno de nosotros de proveerle los nutrientes necesarios para su óptimo desempeño. Es cuestión de dedicar unos minutos a detenerse a pensar en todas las bondades de la naturaleza, de los alimentos, en los atributos de quienes nos rodean, en lo agradable de un sabor, en las metas para el resto del día, cantar; en fin, todo cuanto sea beneficioso para hacer de este momento una delicia no sólo al paladar sino al ser integral.

«Haced de la comida una agradable ocasión social. La hora de la comida debería ser un momento de sociabilidad y descanso. Debería desaparecer todo lo que abrume o irrite. Se deberían abrigar sentimientos de confianza, bondad y gratitud hacia el Dador de todo lo bueno y la conversación debería ser alegre y de un carácter comunicativo, que eleve sin cansar», aconseja Elena de White en su texto La Educación, donde además argumenta «la mesa no es un lugar donde debiera provocarse la rebelión de los niños por el proceder irrazonable de los padres».

Otro elemento favorable a la hora de comer es la presentación de la comida. El ambiente debe estar limpio y el plato debe ser apetecible a la vista. Se requiere mostrar una mesa amena y atractiva, surtirla con buenas combinaciones nutricionales, no sobracargada, preferiblemente para el disfrute colectivo y no exclusivo de quien dispone la comida y hacer de este espacio una hora de contento y alegría.
Si hay escasez, lo que se necesita es ingenio para distribuir de manera creativa cada uno de los componentes del plato.

Preparar la comida con habilidad

Es un grave error comprar, preparar, servir y consumir los alimentos pensando sólo en el paladar. La calidad no debe ser un factor indiferente para considerar; tampoco un elemento que compita con buen sabor y sazón. Si el alimento no se come con gusto, no nutrirá tan bien al cuerpo; por ello la comida debe escogerse cuidadosamente y prepararse con inteligencia y habilidad, de tal modo que se disfrute en toda su plenitud.

El mismo criterio debería aplicarse en las ocasiones especiales de agasajar a una visita o celebrar algún momento especial. No deben ser éstas oportunidades para olvidar la importancia del aporte nutricional de cada alimento. Al contrario, pudiera ser ésta la circunstancia para compartir las gratas experiencias, los buenos recuerdos y las bondades de los alimentos preparados.

Muchas familias hacen grandes preparativos para agasajar a sus visitas. Se coloca una gran variedad de alimento en la mesa, en su mayoría carente de nutrientes, llena de ingredientes tóxicos (azúcar, lácteos, trigo, grasas, alcohol, quemados, café) que deleitan la vista y el gusto, pero degenera la salud celular. Esto debe evitar en su plenitud. Mantengamos la buena alimentación, para lo cual también es necesario controlar la cantidad, tema que trataremos en la siguiente edición.

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