Lo más peligroso es su consumo diario e inconciencia de los efectos

Alimentos tóxicos destruyen la salud (I)

4 de junio, 2020 - 4:52 pm
Anaís Meleán

El apetito siempre debe estar subordinado a las facultades morales e intelectuales. El cuerpo debe ser siervo de la mente, y no la mente del cuerpo

Nutrición – Alimentarse bien no sólo implica la ingesta de nutrientes, es además la eliminación de sustancias tóxicas presentes en muchos de los productos de consumo diario, de tal modo que se logre un equilibrio para el sano desarrollo celular.

Si bien es cierto que la naturaleza proporciona alimentos con todo lo necesario para el buen funcionamiento del organismo, la industria se ha encargado de presentar productos no sólo carentes de aportes nutricionales sino letales para las células. Este grupo, según la Medicina Regenerativa, está conformado por el yo, lácteos, trigo, azúcar, grasas, tostados y quemados fármacos, alcohol, tabaco y café. Veamos sus efectos nocivos para la salud de cuatro de ellos, y los otros, en la siguiente edición:

La lista comienza por el peor de los enemigos: “EL YO”. Es cada decisión de comer lo que determina el ingreso o no de nutrientes al cuerpo, es la voluntad quien tiene la última palabra para inclinarse a favor o en contra de la salud, eres tú quien decide qué comer y qué no. Por eso, el yo es el peor enemigo de la salud y necesita de la temperancia la cual permite no participar en absoluto de todo lo dañino y a consumir juiciosamente lo saludable. “El apetito siempre debiera estar subordinado a las facultades morales e intelectuales. El cuerpo debiera ser siervo de la mente, y no la mente del cuerpo”, declaró Elena de White en su libro La Temperancia

Lácteos

La teoría natural para descartar el consumo de lácteos es que la leche de vaca está diseñada, nutricionalmente, para alimentar a los becerros, no a los humanos. Esa realidad revela que nuestro sistema digestivo no está en capacidad de desdoblar la cadena de aminoácidos que esta sustancia contiene, mientras que el de la vaca posee un estómago con cuatro cavidades para poder realizar tal función. Las evidencias son notorias: mientras un bebé de dos meses puede pesar entre cuatro y seis kilogramos, un becerro con el mismo tiempo de nacido pesa entre 100 y 120 kilogramos.

Los lácteos además contienen grandes cantidades de grasas, colesterol y lactosa que son muy dañinos para la salud pues causa inflamación de los tejidos blandos por la presencia de la caseína, una proteína en la leche que es empleada en la producción de algunos pegamentos produce una inflamación de los tejidos blandos, especialmente en los niños, está asociada con dificultades respiratorias.

Además su contenido de lactosa (el azúcar de la leche) fermenta en el pues es muy difícil de ingerir ya que a partir de los dos años de edad nuestros intestinos producen menos lactasa, la encima que digiere la lactosa. La inflamación estomacal asociada con el consumo de productos lácteos se debe a que estos se fermentan en los intestinos, causando problemas digestivos como hinchazón, gases y otras dificultades.

El consumo de lácteos figura dentro de las primeras causas de quistes y cáncer de próstata. Los riesgos aumentan considerablemente si se consumen a diario. Las mujeres que toman productos lácteos aumentan sus riesgos de contraer cáncer de ovario hasta en un 66%.

Trigo 

El artículo “El trigo, ese ‘veneno cotidiano’ que arruina nuestra salud” recoge algunas razones por las cuales el trigo es un cereal de alto consumo y de tanto peligro. Una de las más abarcantes es el proceso transgénico al cual fue sometido esta semilla. Explica el texto que económicamente no sería factible producir trigo natural porque el trigo tradicional produce menos kilos por hectárea que el transgénico”. La modificación genética hace que ahora el cereal contenga una nueva proteína llamada gliadina que actúa como un opiáceo. Esta estimularía el apetito, hasta el punto de que “nos hace consumir una media diaria de 440 calorías, por lo que si sumas esta cantidad a los 365 días que tiene un año, el sobrepeso será inevitable”. El trigo se ha vuelto adictivo y presente en tortas, galletas, pasteles, donas, pasta y hasta en el pan de cada día.

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Se estima se reconsidere el trigo como un alimento. Dentro de las razones, su misma composición, el gluten, que literalmente significa «pegamento» en latín, y en palabras como pastelería y pasta, que deriva de pasta de trigo, la mezcla original de harina de trigo y agua que hizo un yeso tan bueno en la antigüedad. Lo que dan al gluten su capacidad adhesiva y las cualidades difíciles de digerir son los altos niveles de enlaces disulfuro que contiene, los cuales se encuentran también en productos de caucho vulcanizado.

La diabetes, las enfermedades coronarias, todos los tipos de cáncer son causadas por consumo de trigo, cereal que además genera un ciclo repetitivo e incesante de ansias de más de lo mismo, y al hacerlo, permitiría el control oculto del comportamiento humano.

Azucar

Algunos pensarán que lo más peligroso de este antinutriente es la caries o la obesidad. Eso es lo mínimo. El azúcar es adictivo pues libera dopamina en grandes cantidades; la muestra es que al retirar su consumo por cortos espacios produce dolor de cabeza, irritabilidad y el cuerpo te pide algo dulce. También aumenta la agresividad y la hiperactividad porque mantiene activo los nervios, aunque produce una sensación de bienestar, es pasajera; razón por la cual afecta el ánimo y origina depresiones, ansiedad y nerviosismo.

El azúcar quema las microvellosidades del sistema digestivo, acelera el envejecimiento, destruye la flora intestinal, ocasiona flatulencia, estreñimiento y diarrea, debilita el sistema inmunológico, favorece la aparición del Alzheimer pues afecta la memoria y no por último menos importante, aumenta el riesgo de padecer cáncer, pues es el azúcar el activador de todas las células cancerígenas.

Foto: Agencia 

 

 

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