El gobierno de Israel y la agrupación palestina del Hamas decretaron una tregua en el sangriento enfrentamiento que mantienen. ¡Otra tregua más!, como diría el ciudadano Leopoldo Castillo! ¿Cuánto durará ahora?
No es la primera vez que ha habido treguas a lo largo de 67 años de confrontaciones entre árabes e israelíes por la cuestión de los palestinos. Todas ellas fracasaron rotundamente por culpa del irracional fanatismo y el odio, amén al resentimiento ante tanto daño y crímenes acumulados.
Una tregua no es más que un paréntesis, un cese temporal de la violencia y eso en modo alguno significa haber alcanzado la paz. Es una vía que puede conducir a la paz y la reconciliación, más no necesariamente a una cesación del fuego permanente inmediata, puesto que la raíz del conflicto, vale decir, las causas que lo provocaron, aún siguen intactas y cada tanto vuelven a brotar con más vigor y crueldad.
De eso trata el caso de Gaza y la suerte del pueblo palestino: La raíz del conflicto, el meollo del asunto que provocó la confrontación entre árabes y judíos, entre palestinos e israelitas, aún no ha sido extirpada.
Para los que no lo saben, la partición de Palestina, la noche del 29 de noviembre de 1947 por la ONU en dos toletes, uno para albergar a los judíos que venían del éxodo, sobre todo, luego de la terrible experiencia del holocausto nazi a lo largo de la 2da. Guerra Mundial; y otro para los palestinos que venían ocupando esas tierras desde los mismísimos tiempos bíblicos junto a otros pueblos además del judío. La suerte de los segundos, vale decir, de los palestinos, fue la más negra, puesto que el nacimiento de Israel provocó la pérdida del otro pedazo de tierra que les había correspondido a los palestinos, quedando estos últimos sin patria.
Ninguna tregua podrá resolver ni ponerle coto al conflicto árabe-israelí, si no se hace primero justicia. Israel no ha querido aprovechar la última moción de la administración Bush y ahora de Obama, con una propuesta de dos estados sobre un mismo territorio. La gente del Hamas, el ala radical de la OLP, se niega a morir de rodillas y lucha por zafarse del humillante bloqueo marítimo, aéreo y terrestre que le tiene montado Israel, lo que se les traduce en merma casi absoluta de alimentos, medicinas, materia prima, futuro, tecnología, repuestos para vehículos y maquinarias, semillas para el cultivo, etc. Es un pueblo muerto en vida, sin futuro ni salida, que vive asfixiado y cíclicamente bombardeado e invadido.
O se les hace a los palestinos justicia y se respetan sus derechos humanos de tener patria independiente y soberana, viviendo la paz y dignidad, tal como tiene que haber respeto del derecho de Israel a existir como nación libre e independiente, o el Hamas no cesará de atacar al hostil vecino. Las grandes potencias tienen la última palabra para la paz en la región.






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