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Sólo la Ciencia salva

10 de julio, 2020 - 4:09 pm
Lorenzo García Tamayo

Lorenzo García Tamayo

Uno de los mayores enigmas que aún no resuelve la comunidad científica, es la medición de velocidad y desplazamiento cotejada en objetos voladores no identificados (ovnis). La física cuántica tiene en esos inexplicables hechos, bastante tela para cortar.

No existe en el planeta, aeronave ni combustible capaz de lograr las aceleraciones que esos ovnis alcanzan desde una posición estática en nuestra atmósfera, hacia el espacio exterior. Ninguna tecnología conocida puede lograr cambios de espacio-tiempo instantáneo bajo control absoluto o relativo sobre velocidad y aceleración desde la gravedad cero. Claro, eso es presumiendo y/o partiendo del supuesto que tales objetos voladores no identificados (ovnis) puedan estar tripulados por seres vivos inteligentes con ADN de vida celular igual o parecida a la nuestra. O que los mismos no estén tripulados por seres vivos, sino controlados remotamente con tecnología robótica desconocida.

En todo caso, no parecieran ser fuerzas propulsoras las que desplazan y permiten el movimiento en la atmósfera y espacio de esos ovnis. Serían mas bien tecnologías que hacen pensar en pulsares cuánticos, ondas magnéticas, o rayos de naturaleza desconocida, lo que haría posible tales desplazamientos, científicamente desconocidos hasta hoy por la humanidad.

El próximo mes de julio se cumplirán setenta y tres (73) años de los sucesos de Roswell (1947), llamados así por el nombre de esa pequeña localidad en el estado de Nuevo Méjico en los Estados Unidos. Son más de siete (7) décadas; y aún los documentos que pueden brindar alguna luz o evidencia de esos hechos, siguen siendo “clasificados”. Lo mismo ocurre con todos los miles de casos e investigaciones sobre fenómenos UFO; que terminan en el buzón de “clasificados”.

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Si bien es cierto que toda esta temática del fenómeno UFO ha servido para el sensacionalismo amarillista, y la especulación pseudo científica con teorías sin sentido ni sustento real demostrable, la respuesta obvia, sigue siendo la misma. Ninguna súper potencia puede desclasificar estos hechos, porque pondrían en evidencia lo que les está vedado reconocer: la inferioridad de cada una de ellas, ante la superioridad tecnológica de estos avances en física cuántica en manos desconocidas, y por supuesto, mucho más poderosas que las de ellos.

Aquí es cuando yo empiezo a reflexionar sobre la comprensión del tema y saco mis conclusiones especulativas. Las superpotencias saben que quien tenga el acceso y control de esos avances en ciencia cuántica, extrañas hasta hoy para nosotros, tendrá superioridad sobre las otras. Por eso, hasta en el lado oculto de la Luna; o cualquier otro lugar en el espacio extraterrestre, sería bueno tener el anhelado encuentro del tercer tipo.

Mientras todo eso ocurre, nosotros seguimos, apenas, chapoteando en petróleo.

Foto: Agencia  

 

 

 

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