Tristemente, gran parte de los países del mundo, tiene en su haber alguna guerra fratricida que ha costado cientos de vidas y un maldiciente cerco de rencores y desconfianzas para con el vecino, quien a final de cuentas casi siempre resulta ser, uno mismo vestido con otras ropas.
Los venezolanos históricamente hemos sido ejemplo de tolerancia y de entendimiento en la búsqueda de la paz, aún sobre las más adversas de las contingencias.
En los últimos doscientos noventa años, los venezolanos hemos participado irrestrictamente y pese a la gravedad de los agravios recibidas, en todos los intentos de paz que se hayan vislumbrado, siempre guiados por el mejor espíritu de convivencia y la más profunda intención de perdonar ofensas.
Y es que los venezolanos siempre hemos sido buenas gentes: así; asistimos guiados por el Mariscal Sucre en 1820, a más noble de las amnistías, el Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra.
Firmamos en 1845, de la mano del Alejo Fortique el Tratado de Paz y Amistad entre Venezuela y España de 1845, cerrando los obituarios de cerca de 250.000 muertos.
Logramos sanar la herida de la guerra federal (1859-1863), que dejó más de 200.000 muertos en una población de menos de 2 millones de habitantes.
Saldamos cuentas y deudos con el gomecismo y con la dictadura Pérez jimenista, se perdonó al Puntofijismo adeco-copeyano, por los cientos de muertos y desaparecidos, «democráticamente».
Una generación derrotada durante los años 60, se acogió a la paz, y buscó nuevos caminos democráticos contra sus verdugos. Las matanzas de estudiantes durante los años 70, 80 y 90, fue superada por los que sobrevivieron a la represión.
Pese a la cercanía, se pasó la página de los asesinatos de El Caracazo, donde una represión excesiva dejó centenares de muertos y numerosos heridos. «La Peste» en el Cementerio General del Sur, es el recordatorio de tal ignominia.
Respiramos muy hondo y no nos enguerrillamos pese las 11 víctimas fatales y varias heridas, causadas por factores de extrema derecha entre los días 15 y 16 de abril de 2013.
Sin señalar culpables a las víctimas que de lado y lado han propiciado los protestas de los últimos 10 días. Todos deberemos reconocer que solo el sentarnos a discutir las diferencias logrará determinar un camino a la paz.
La Conferencia Nacional por la Paz, ha logrado cimentar un primer escalón en el ascenso a la convivencia ciudadana. Solo en el marco de esta conferencia, que es el marco de la Constitución. Los venezolanos tendremos un espacio para entendernos y conseguir soluciones a nuestras diferencias, no importa lo irreconciliable que parezca.
Pero estemos claros, los que se niegan a discutir, los enemigos de la Conferencia Nacional por la Paz, los que persisten en su tozudez de «guarimbas» y asedio a trocha y mocha. Esos no quieren solución, esos no quieren salida. Esos tozudos solo entienden de enfrentamiento, de venganza, de odio, de muerte, aún a su propio dolor.
Estos autoexcluidos, nos recuerdan a la Llorona o Sayona; un trágico personaje que sintiéndose rechazada en su obstinada locura de posesión, prefirió asesinar a sus hijos antes que buscar una salida. No nos equivoquemos y terminemos convertidos en ánimas en pena.





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