Por Soc. Enrique Parra
El diálogo entre la AN 2026 y los ex diputados de la AN 2015, debe construir una ruta política de integración nacional, radicalización de la democracia y consolidación de la paz. En un momento dificultoso para Venezuela, marcado por la reciente emergencia humanitaria tras los terremotos del 24 de junio de 2026, la necesidad del fortalecimiento institucional y profundización de la democracia debe privar.
Este diálogo, con estos protagonistas, marca un hito fundamental en el panorama político nacional, albergando gran expectativa en la evolución de la democracia participativa con el protagonismo del pueblo organizado. La mesa tecno-política del encuentro representa la esperanza de la mayoría del pueblo, sobre la ruptura con la dinámica de la confrontación obstruccionista, que ha definido los últimos años la sociopolítica del país.
Este acercamiento fue impulsado entre otros factores, por gestiones diplomáticas de varios países en la busqueda de trascender la policrisis y ofrecer soluciones en el marco de la democracia y la paz. De manera tal que la importancia de este diálogo, radica en allanar el camino político hacia la consolidación democrática y la unidad de los venezolanos en torno a grandes directrices estratégicas, para la conducción del Estado Nación hacía el desarrollo integral soportado por el sostenido crecimiento económico.
Se trata de gestionar la crisis multifactorial, desde la cooperación entre ambas facciones en la búsqueda del bienestar de la población sobre las diferencias ideológicas, cuyo ineficiente procesamiento político ha causado una profunda polarización atentatoria a la calidad democrática.
En tal sentido enarbolar las banderas de la despolarización necesaria, es el reconocimiento mutuo a través de esta mesa técnica, para abrir una ventana para que el país transite desde una narrativa de polarización extrema hacia una de negociación política, vital para la radicalización democrática estable y en Paz.
El reto de dicha iniciativa de alta política no solo genera expectativas políticas e institucionales, sino también, humanas y sociales. El éxito dependerá de la capacidad de los actores para negociar de buena fe desde la más auténtica axiología y de la presión democrática constructiva del pueblo esperanzado en ese hecho político, pero también, de la comunidad internacional, que aguarda por una Venezuela incorporada de pleno a la geopolítica y al mercado mundial.
La consolidación democrática no se logrará de la noche a la mañana, pero la apertura de estos canales de comunicación es un paso ineludible para dejar atrás la fragmentación y construir un futuro donde la convivencia política sea el eje rector del Estado venezolano.
ENTREVEO N° 165
Maracaibo, 02/08/2026







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