La ciudad más bella

24 de noviembre, 2014 - 7:02 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Desde el infinito cielo, el mismo creador lo ha dicho, Maracaibo es un hechizo hermoso bendito suelo. Es así como consideramos los que nacimos en esta tierra bendecida por el Padre Celestial a nuestra Maracaibo, haciendo gala de sus tradiciones, llevando a donde quiera que vamos una huella muy profunda de sus raíces y exclamando con orgullo ser hijos de la «Ciudad del Sol Amada» con la misma fuerza con la que lo profería el ilustre Rafael María Baralt en tierras europeas.

Maracaibo representa la segunda ciudad más importante de Venezuela después de Caracas. La población que tiene su asiento en esta hermosa ciudad la hace equiparable conforme a su densidad poblacional, a cualquier entidad federal estatal. Y es que indefectiblemente lo que se decida, discurra o acontezca en suelo marabino infiere en la política nacional y por ende, en las decisiones que sobre los destinos de la República adopten nuestros gobernantes.

Hoy, nuestra Maracaibo debería ser la perla del Caribe, su posición estratégica en el contexto nacional e internacional hacen posible que lo sea; posee uno de los principales puertos del país, su casco histórico decretado muy recientemente como Zona de Interés Turístico, permite a los entes competentes restituir la majestuosidad perdida de 140 hectáreas de valor patrimonial, perfilándola como una potencia turística que exhibe llamativas edificaciones, plazas, iglesias y un extenso malecón de 45 mil metros cuadrados, apto para el esparcimiento, y como colofón, se muestra al mundo rodeada por  el espejo de agua más grande del continente: el Lago de Maracaibo.

Hoy, la realidad es otra, la majestuosidad de la ciudad se encuentra opacada por los desa-ciertos de un Gobierno municipal apático, ineficiente e indolente ante los problemas que afligen a la capital zuliana, sus calles llenas de huecos, sus cañadas abarrotadas de basura, su policía municipal disminuida y desmotivada, el verdor característico de sus corredores, plazas y parques sustituido por la basura, el mal olor, el desorden y los «tarantines» de quien quiera colocar improvisadamente un medio de subsistencia por la ausencia de la imposición de la autoridad bajo el imperio de la ley.

El gran desafío que tenemos frente a nosotros es devolverle el brillo a nuestra ciudad, transformarla en lo que siempre ha debido ser, un territorio que ostente sus gigantescas riquezas, que se desarrolle al ritmo que imprimen las sociedades modernas, que su urbanismo coloque de relieve su potencial turístico y que tal y como expone la gaita, podamos todos  hacer de ella la ciudad más bella que exista en el  continente, con su lago, china, puente, gaita sabor y hospitalidad con la gente de la más alta calidad.

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