Por Leocenis García
¿Escucharon a Jorge en El País de España el pasado domingo? ¿Por qué el señor presidente de la AN asomó que podría haber una nueva elección de la Asamblea Nacional? Aunque lo hizo con un juego de palabras, al parecer y sin aparente énfasis, lo voy a explicar:
Venezuela no necesita más fantasías maximalistas ni rupturas abruptas que generen caos. Necesita una ruta concreta, posible y responsable. Tras la salida de Nicolás Maduro, el país se encuentra en un momento delicado donde la prioridad absoluta de la mayoría de los venezolanos, según todas las encuestas serias, es la recuperación económica. La estabilidad institucional y el bolsillo vienen antes que cualquier otra agenda.
La realidad actual es clara: la economía sigue siendo el principal problema para la inmensa mayoría. Estudios como los de Gold Glove Consulting y Mark Feierstein, o Datanálisis, lo confirman una y otra vez.
Mientras tanto, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) garantiza la estabilidad mínima que hoy tenemos, respaldando el mecanismo constitucional que ha colocado a Delcy Rodríguez al frente del Ejecutivo. Ignorar esta realidad sería irresponsable.
¿Por qué Delcy Rodríguez debe terminar su mandato? No porque se pretenda perpetuar el modelo fallido del madurismo, sino porque cumple con el orden constitucional vigente. Terminar el mandato evita un vacío de poder peligroso, permite una transición ordenada en el «mundo de lo posible» y da el tiempo necesario para construir confianza entre los venezolanos.
Respetar la legalidad actual no es claudicación: es el camino más seguro para transitar sin rupturas violentas ni nuevas crisis institucionales.
El destino que debemos perseguir es claro: una estabilidad democrática plena, una economía abierta y competitiva, y una Venezuela que recupere su soberanía real, alejándose de influencias externas que han limitado nuestra autonomía (como las cubana o iraní). Queremos un país próspero, en paz con la región y dueño de su propio destino.
En este proceso, la FANB no es un obstáculo, sino un pilar fundamental. Chavista en su origen, nacionalista por convicción, con formación rusa en inteligencia y doctrina, pero también con una fuerte influencia de la Iglesia Católica y un arraigo profundo en los símbolos patrios de Chávez. La FANB compró el mensaje del nacionalismo militar y hoy puede ser parte esencial de una transición ordenada, siempre que se respete su rol institucional.
¿Qué es lo posible hoy? Una transición colegiada, realista y gradual que parte de una reforma constitucional que elimine la reelección indefinida como obstáculo a la alternancia del poder y la pluralidad democrática, y que además reconozca, como la Constitución española, la economía social de libre mercado.
No se trata de borrar de un plumazo los símbolos del chavismo, sino de salvaguardar una economía libre, recortar el período presidencial y eliminar la reelección indefinida. Esto abre espacio incluso para una renovación interna del propio chavismo, sin imposiciones ni venganzas.
El tiempo necesario no se mide en ilusiones electorales inmediatas. Se requiere al menos un año de reforma y discusión amplia, permitir que Delcy termine su mandato constitucional y convocar elecciones en un plazo realista de dos o tres años. Mientras tanto, urge un pacto económico inmediato, inspirado en los Pactos de La Moncloa de la transición española: un acuerdo amplio que controle la inflación, estabilice las finanzas y siente las bases para el crecimiento.
Esta reforma no debe ser una nueva Constitución impuesta, sino un pacto de convivencia entre todos los venezolanos. Un pacto que garantice alternancia real (incluso para el chavismo), proteja a quienes pierdan elecciones contra cualquier persecución y limite los poderes del Estado respetando los derechos naturales y la propiedad privada.
Al final del camino, la visión es inequívocamente liberal: desmontar el andamiaje colectivista que hundió al país, promover una ética de la autoestima nacional y construir un proyecto de libertad con mayúscula, tanto económica como política. La solución pasa por medidas audaces —terapia de shock contra la inflación y apertura empresarial— como las que aplicaron con éxito Alemania, Japón o Chile en sus momentos más críticos.
Venezuela reclama hoy libertad y coraje. Coraje para remar contra el populismo que nos destruyó y para defender ideas liberales sin complejos. La salida existe: ordenada, posible, sin persecución y con un horizonte de prosperidad compartida.
No prometemos milagros instantáneos. Prometemos seriedad, plazos claros y un camino responsable. El país quiere echar pa’ lante. Es hora de trabajar juntos en esa dirección.
Leocenis García
Abril de 2026







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