Pareciera que las nociones de certeza, sobre los principios que definen la actitud y la lucha frente a la realidad que nos envuelve, hubiesen desaparecido; más allá, hay indefiniciones y ambigüedades en la concepción y el entendimiento de la amplitud económico social que, como modo de producción, nos explota y nos domina. Esa evidencia revela una verdad que no queremos tocar: la clase obrera y trabajadora del campo y la ciudad, está estudiando como buena, la realidad de la explotación capitalista, o el modo de producción que pertenece a su enemigo de clase, y que como cultura arropa el pensar y los decires cotidianos de las masas que convalidan, en contra de sus propios intereses, la permanencia de la dominación capitalista.
Es lógico que una obrera, exprese y convalide los valores propios del modo de producción capitalista, y que de acuerdo a los cuales, viva y actúe, sin percatarse de que está hundida en la realidad de explotación que le ha sido impuesta. Se comprueba, una vez más la tesis marxista de que «el ser social determina la conciencia». Pero también es lógico que una profesora o profesor universitario, no se asuma como trabajador, sino como casta, que está por encima de los trabajadores administrativos, a quienes llama despectivamente, los empleados; y por supuesto, es entendible que se sienta más superior aún, que los obreros, que realizan las labores de mantenimiento, tan importantes, como el trabajo de la docencia y la investigación.
¿Cómo es posible esto? La cultura capitalista, en la cual nació y creció el trabajador académico, llamado profesor, lo ha desclasado; por tanto, el desclasado siente vergüenza del trabajo, como praxis y edificación del desarrollo y la cultura, y asume la docencia y la investigación, como un favor de su generosidad providencial. Por supuesto, que hay un buen número de trabajadores docentes que han escapado, no milagrosamente, de esta trampa caza grillos.
La cultura capitalista, que se expresa en la boca de los desclasados, llama negritos a los negros; guajiritos a los hermanos wayúu; con frecuencia, el que habla o la que dice desde esa posición de supremacía, es una negra o un descendiente indígena, que ya está poseído de la superioridad capitalista, sin tener medios de producción, y permaneciendo como permanece vendiendo su fuerza de trabajo para sobrevivir.
Estamos leyendo demasiado las redes sociales, la masas media, y el entretenimiento, pero lo que leemos nos enseña a convalidar y a resignarse ante el capitalismo que se promociona y se vende como la etapa más desarrollada de la historia. Esa es la razón de aquella fanfarria promovida por los aparatos ideológicos del imperialismo, en sus consignas del fin de la historia, y de las ideologías.
¿Cómo podemos luchar para retomar el rumbo de la liberación nacional, sino sabemos con justeza qué es el capitalismo, y qué es el socialismo?
Estamos confundidos, y la confusión nos ha conducido al olvido y a la resignación, que desmoviliza y paraliza a las masas. Sí, estamos estudiando, pero estudiando para aprehender y reforzar la cultura capitalista que nos desclasa y nos explota. Esta es la razón que nos lleva a proponerle a Maracaibo los círculos de estudio de la cultura obrera y trabajadora.
El objetivo, es avanzar en el conocimiento de la cultura burguesa que nos oprime y nos explota, y que suplanta la cultura proletaria, que aprenderemos ahora,para la Liberación Nacional y la construcción del socialismo científico.
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