Si vienen contra mí me encuentran de frente

22 de septiembre, 2014 - 3:15 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Se unen jefes policiales corruptos, fiscales corruptos y jueces corruptos, como «Se Une el Hambre con las Ganas de Comer»

El día sábado 20 del corriente mes y año, publiqué un editorial en el cual señalo parte de un agobiante conjunto de realidades dentro de las cuales se enmarca el funcionamiento de los cuerpos policiales en nuestro estado, pero existen en todo el país.

Su contenido, sumado a lo que por años he venido denunciando sobre la corrupción y perversión policial, por prensa impresa, radial y televisiva, en medios propios o de terceros, en escritos míos, editoriales o en MI COLUMNA (Crítica, El Mundo, La Verdad, Temas, QUÉ PASA, primero semanario y ahora diario, 6to. Poder), a viva voz en mis programas radiales (Fórum, Gastón Opina, etc., o en televisión, Al Derecho y al Revés, con su ya tradicional lema: «La Voz De Los Que No Tienen Voz», y siempre ante el vergonzoso, y por qué no decirlo, cómplice silencio zuliano, caraqueño y nacional, ha provocado la ira de los delincuentes infiltrados, como jefes, en los mandos y el funcionariado de los organismos policiales dañados.

Como si fuera poco, y sabiendo que no puede haber corrupción policial si no hay corrupción de tantos jueces y fiscales, también he dedicado mucho tiempo, esfuerzos y personalísimos riesgos, a la denuncia contra jueces penales, también en algunos casos de otras competencias y a fiscales del Ministerio Público. ¡Qué pasó: Silencio total!

En conversación tenida por cinco funcionarios del CICPC, cuerpo al que califico, desde hace muchísimos años, desde la época de Carlos Andrés Pérez, como «Pozo de Porquería», ellos trataban el tema: Gastón Guisandes, y uno de los contertulios dijo: «¡Dejá que llegue por aquí y se las cobramos juntas!», a lo que otro respondió, con el asentimiento de todos: «Por qué esperar?, vamos a montarle un operativo (no lo dijo, pero yo deduzco que de drogas), y lo callamos», conducta que a mí, ni a la colectividad en general, ni a los altos mandos del país, públicos y privados, podrá extrañarles, porque todos saben cómo se bate el cobre.

Por otra parte, según me informó un abogado y amigo periodista, emprenderían una campaña de descrédito contra mí, a través de La Patilla, que nunca me he interesado en ella, porque no soy lector de esta forma o estilo de decir cosas, que juega fino con el anonimato, prohibido por la Constitución que tantos invocan, pero pocos se acogen a ella, por denunciar y actuar, especialmente actuar, siempre esperando que otros hagan, como es el último caso de la fiscal Tigrera, ante lo cual el Colegio de Abogados del Estado Zulia y los jueces penalistas, los profesores universitarios de derecho y la sociedad activa en pleno, debieron sumar sus voces a la mía, para exigir se abriera el proceso administrativo pertinente y se resolvieran, cortando de raíz, los males que golpean la administración de justicia.

Otro ejemplo es el director de Polimaracaibo, persiguiendo y deteniendo los vendedores ambulantes que, por muchos años, venden su mercancía en la calle 72 de Maracaibo, y a quienes apresa, los mantiene detenidos y bajo coacción —lo hacen funcionarios del cuerpo, en el colmo de la violación a la ley y especialmente de los Derechos Humanos— se les obliga a firmar una caución, pues cuando a los primeros detenidos, por él personalmente, los presentaron ante el Juez de Control, este los puso en libertad plena porque no había delito que juzgar.

¡Y eso que el policía improvisado, carente de toda formación policial, llevado a Polimaracaibo como director, porque así se pagan los favores políticos, es abogado!

Se invoca el miedo para no actuar —todos quieren que otro haga—, pero he llegado a la conclusión que muchos callan porque no saben cuándo pueden necesitar al funcionario por denunciar, para conseguir en él la contraparte necesaria para llevarse por delante, a Dios y a Santa María.

Amigos y amigas, lectores y lectoras: No es la corrupción de tantas personas, públicas y privadas, lo que acabará con la Venezuela que deseamos; No: es la cobardía, la inmoralidad que nos permite convivir con los perversos y lo más determinante, son muchísimos, grandes mayorías, las que creen que es más fácil hacerse ricos o al menos acumular cierta cantidad de dinero o bienestar, con la corrupción y el mal hacer, que trabajando, de sol a sol, cumpliendo con la ley y observando respeto por los derechos de los demás compatriotas. ¡Esta triste y desoladora realidad, es así, de toda la vida!

Gastón Guisandes López

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