Opinión

Acción Democrática, el único partido que puede y sabe gobernar

Leocenis García
1 de junio, 2026 - 8:07 am
Leocenis García

Por Leocenis García 

 

La democracia es hacer, no solo prometer. Los ciudadanos están cansados del rosario interminable de consignas y promesas incumplidas. Rechazan la política convertida en palabras huecas y exigen, con justa razón, menos discursos y más obras concretas.

Después de largas noches de meditación en la prisión, el pasado viernes anuncié la decisión más trascendental de mi vida política: incorporarme como militante a Acción Democrática, el partido que históricamente levantó el edificio del desarrollo material de Venezuela y defendió con dignidad la democracia en favor de las grandes mayorías, hoy bajo el liderazgo de Henry Ramos Allup.

Con Acción Democrática se puede vivir mejor. Ese es el clamor profundo del país. Como diría alguien en el cerro: los venezolanos estamos mamados de tanta habladera de mierda y confrontación. Ya basta. No más guerras. No más retórica. No más promesas vacías. Vivir. Vivir en paz. Vivir mejor.

Ese verbo, vivir, es el más importante de todos los que se puedan conjugar al servicio de los ciudadanos. Yo soy un demócrata convencido, forjado en la adversidad, que cree firmemente en los métodos de la democracia y rechaza los vicios de la violencia. Porque la democracia todo lo construye con paciencia y justicia, mientras que la guerra y el autoritarismo todo lo reducen a ruinas. Ya otros arruinaron bastante.

Hoy es la hora de los constructores. Pondré mi sudor, mi inteligencia y mi entera voluntad al servicio de esta causa. Recorreré calles, caseríos, urbanizaciones y los rincones más apartados de la patria, recogiendo cada idea, cada sueño y cada anhelo de nuestro pueblo, para edificar juntos la gran obra nacional. En esta obra me someto a las directrices de mi partido, porque, como hombre público, sé que quien no sabe obedecer, no sabe mandar.

Me guiará en mi caminar dentro de Acción Democrática el estudio apasionado que he hecho de Rómulo Gallegos, un hombre de puentes y del sentido común del pueblo. Gallegos sostenía que ser oposición no significaba desear el fracaso del país. Porque Acción Democrática no es un partido nacido para oponerse por sistema, sino para gobernar. No en vano gobernó con Gallegos, Betancourt, Leoni, Lusinchi, Carlos Andrés Pérez y Octavio Lepage.

AD no nació para manifiestos, sino para construir. No nació para criticar el país, sino para fundarlo.

Betancourt escribió el libro y la tesis nacionalista más importante del siglo XX, un buen abecedario para quienes hoy se postran ante potencias extranjeras. Política y Petróleo sigue siendo el grito de Rómulo contra el saqueo, reclamando que el petróleo sea manejado con dignidad y soberanía venezolana.

A mí me tocó estudiar a Gallegos en la cárcel, por quien siento profunda devoción. Ese mismo Gallegos al que Gómez, envenenado contra él, terminó admirando. Dicen que tras conocerlo exclamó: «A este hombre me lo han pintado mal… es brillante, yo lo necesito en el gobierno». Su esposa, sin embargo, le recordó su dignidad: «Pasemos hambres, pero con honra». Gallegos criticaba con propuestas. Entendía que la verdadera función de un partido de oposición es fiscalizar con argumentos, razones y alternativas viables, empujando al gobierno a mejorar, no a paralizarlo.

Cuando me preguntan por qué entré a AD, mi respuesta es clara: para poner mi grano de arena en la renovación de sus principios, para que Acción Democrática vuelva a gobernar y los venezolanos vuelvan a votar por quienes saben hacer, no solo hablar. No soy un espectador de la historia: soy, como los fundadores de este partido, un pragmático constructor de la nueva Venezuela, porque, como proclamó inmortalmente Rómulo Betancourt: «Este país de todos tenemos que hacerlo todos».

Es la hora de mirar nuestros ríos y nuestros mares, nuestra vasta llanura y nuestra inmensa sabana, nuestros campos y cordilleras, nuestros médanos y montañas, sabiendo que la enorme obra de construir el país ha comenzado y que muy pronto la casa común estará en orden. Es la hora de los constructores. ¡Adelante, Venezuela! 

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