Por Dirwings Arrieta
No es casualidad que las compras indias de petróleo venezolano hayan ido en aumento en los últimos tiempos. Venezuela posee las reservas de crudo certificadas más grandes del planeta, una riqueza que no depende de ningún conflicto ajeno, que no está sujeta a las inestabilidades del Golfo Pérsico ni a las tensiones del estrecho de Ormuz.
El petróleo venezolano es una oferta soberana, disponible, y cada vez más atractiva para una potencia que necesita certezas energéticas para sostener su crecimiento. Delcy Rodríguez lo sabe, y por eso este viaje tiene el peso específico de una decisión de Estado.
La figura de Delcy Rodríguez en este escenario no puede ser subestimada. Conductora del Ejecutivo nacional en un período de enormes desafíos, ha demostrado una capacidad poco común para moverse en los espacios de la diplomacia internacional con firmeza y con criterio.
No es la primera vez que asume la representación de Venezuela ante el mundo con la solvencia que exige la alta política; es una mujer que conoce los mecanismos del poder global, que habla el idioma de la negociación estratégica y que entiende que la soberanía de un país se defiende también en las salas de reuniones de Nueva Delhi o de cualquier otra capital del mundo emergente.
Su esfuerzo por abrir puertas, por construir puentes comerciales y por posicionar a Venezuela como un actor relevante en el nuevo orden multipolar merece reconocimiento, porque es un trabajo que se hace con convicción y con sentido de país. La relación con India tiene, además, una dimensión que va más allá del petróleo.
India es una civilización milenaria que ha sabido construir en pocas décadas una de las industrias tecnológicas más poderosas del mundo, un sector farmacéutico de alcance global y una capacidad agroindustrial formidable. Una alianza profunda con ese país no solo significa vender crudo; significa acceder a tecnología, a inversión, a cooperación en áreas sensibles para el desarrollo venezolano. Significa también diversificar los socios estratégicos de Venezuela en un mundo donde ya no existe un único centro de poder, sino múltiples polos que compiten y se complementan.
La gira de Delcy Rodríguez por India y otras naciones no es un hecho menor en el plano simbólico y político: representa un reconocimiento explícito de esos Estados al gobierno legítimo de Venezuela, a su presidente Nicolás Maduro y a su presidenta encargada Delcy Rodríguez.
Que potencias emergentes de la talla de India abran sus puertas, reciban a la delegación venezolana en los más altos niveles y estrechen vínculos de cooperación es, en sí mismo, un espaldarazo a la institucionalidad venezolana y una señal inequívoca de que el mundo multipolar reconoce a Venezuela como un interlocutor válido, soberano y necesario.
No se invita a negociar a quien no se respeta; no se construyen alianzas estratégicas con quien no se reconoce.
Cada reunión, cada acuerdo, cada gesto de bienvenida en estas capitales es, en el fondo, un voto de confianza al liderazgo venezolano. Venezuela tiene todo para ser protagonista en este nuevo orden. Tiene petróleo, tiene gas, tiene minerales estratégicos, tiene una posición geográfica privilegiada y tiene, sobre todo, una voluntad política de relacionarse con el mundo desde la dignidad y el interés nacional.
El viaje de Delcy Rodríguez a India es un paso en esa dirección, un gesto que confirma que el país no renuncia a su lugar en el concierto de las naciones y que está dispuesto a trabajar con inteligencia y con audacia para construir las alianzas que su pueblo necesita y merece.
Resulta, sin embargo, doloroso y revelador el contraste que ofrece una parte de la oposición venezolana en estos momentos. Mientras el gobierno nacional despliega una intensa y fructífera agenda diplomática para abrir mercados, atraer inversiones y generar beneficios concretos para el país, ese sector opositor no cesa en su campaña de solicitar más sanciones internacionales contra Venezuela, de recorrer capitales extranjeras para pedir el aislamiento de su propia nación y de actuar, en definitiva, en sentido contrario a los intereses del pueblo venezolano.
Es una paradoja que la historia tendrá que explicar: que mientras la cancillería trabaja para que Venezuela sea reconocida y respetada, haya venezolanos empeñados en que sea castigada y excluida. Pedir sanciones no es oposición política; es una acción que golpea directamente el bolsillo, la salud y el futuro de los ciudadanos de a pie, de los mismos a quienes dicen defender.
La historia juzgará estos momentos. Y cuando lo haga, quedará registrado que hubo quienes, en medio de las dificultades, no se rindieron y salieron a buscar para Venezuela el lugar que le corresponde en el mundo.
Quedará registrado también quiénes estuvieron del lado del país y quiénes, lamentablemente, estuvieron del lado de quienes querían hundirlo.







Comente