Foto: Agencias
El exfiscal mantiene que no se ha enriquecido en el ejercicio de su trabajo. Algunos, quizá con claras sañas de venganza, aseguran que cobraba «vacunas» en oro
Carlos Chourio, hasta hace cuatro meses fiscal especial en la investigación de homicidios del Circuito Judicial Penal del estado Zulia, ha transformado radicalmente su ocupación. De abogado, con una extensa trayectoria profesional en el Ministerio Público, más de 22 años, ahora se dedica, como él afirma, a vender «empanadas afrodisiacas» en el barrio Milagro Norte. Ya no ejerce y reasegura que «yo no soy chavista, sino un ciudadano preocupado por la situación de Venezuela» para justificar su defenestración.
El exfiscal mantiene que no se ha enriquecido en el ejercicio de su trabajo. Algunos, quizá con claras sañas de venganza, aseguran que cobraba «vacunas» en oro, aseguran que desde que fue designado para investigar la compra-venta de vehículos y luego pasó a los casos de homicidios, Chourio se forró.
Él lo ha negado siempre. Asevera que jamás ha cobrado alguna cantidad de dinero al margen de su nómina oficial, y que no ha trabajado en «despachos de abogados privados como hacen algunos fiscales que son chavistas». No da nombres, pese a la insistencia y la gravedad de la acusación que mantiene ante un periodista. Dice para no decir, pero siendo consciente de lo que dice y ante quien lo dice.
Caso ABA
Sobre la oficina de Carlos Chourio han pasado expedientes que han trascendido la esfera judicial del estado Zulia, como el doble asesinato del matrimonio Di Pietro o la multimillonaria estafa de la Casa de Bolsa y Mercado de Valores ABA –—más de 350 afectados y la «misteriosa» desaparición de 75 millones de dólares—, entre otros.
Ninguno se ha resuelto ni esclarecido en su totalidad. Él afirma que durante más de 22 años como miembro del Ministerio Público «me he dedicado a trabajar», y gracias a QUÉ PASA «la he recuperado porque consiguieron su objetivo, sacarme de la Fiscalía».
No obstante, ese carácter de fiscal le hierve y le cuece entre sus venas. «Yo no soy periodista, pero he hecho averiguaciones de Gastón Guisandes y de usted, que es español» y advierte que «van contra mí, porque en el caso Di Pietro está metido Carlos Bernardoni» dice es «el hermano de Gastón».
«De la Fiscalía he pasado a vender empanadas afrodisíacas», y me va muy bien. Lo único que me cuesta es conseguir Harina P.A.N. Por lo demás, todo bien. La franquicia de comidas funciona perfectamente».
Camarones, pulpos…
Le inquiero: dígame dónde está ese puesto de comida, que voy a probar sus empanadas de pulpo, camarón, tres en uno, pollo, carne mechada y carne molida. La respuesta es la misma. «Me llama y nos vemos. Yo vendo las empanadas en Milagro Norte». Bueno, de acuerdo, le contesto. Y así quedamos.
El exfiscal insiste en que él se ha dedicado a investigar todos los casos que han pasado por su oficina, que jamás ha recibido «recompensa» privada alguna por su trabajo, y que gracias a QUÉ PASA ha recuperado a su familia.
El 18 de agosto próximo se cumplen seis meses desde que fue apartado de la Fiscalía o de que recuperó a su familia, como él dice y gracias a este periódico, al que pide se le agasaje con una torta para conmemorar tal efemérides.
Al mismo tiempo, y como conocedor del mundo jurídico zuliano, me reclama que investigue al fiscal superior, Richard Linares, y la presidenta del Circuito Judicial Penal del estado Zulia, Vileana Meleán. No me da ni una sola pista.
El «gran favor»
Cuando Chourio fue apartado de la fiscalía me indicó que «le había hecho un favor», y que su crédito en el mundo de la justicia y del derecho se había incrementado considerablemente y que se iba a dedicar a la defensa privada. Sin embargo, y como él me ha confesado, se dedica a «vender empanadas afrodisíacas». Será otra forma de entender el derecho muy respetable, por cierto.
Apartado de la investigación del caso ABA —una de las estafas más importantes de los últimos años perpetradas en Venezuela— por supuestamente, no haber practicado diligencias en dos años, la ralentización de las averiguaciones de los manejos económicos y de explotación de la línea de taxis Luna-Cars, Chourio o sus métodos en el asesinato de Salvatore di Pietro y su esposa, y la agresión intencionada a través de una imputación insostenible contra el empresario farmacéutico Carlos Bernardoni en esta causa, han marcado el ocaso del fiscal Carlos Chourio, un representante del Ministerio Público llamado a ser estrella en el mundo judicial zuliano.
Lejos, excesivamente distantes, quedan otras investigaciones penales que concluyó con éxito. Sin embargo, la sombra que le persigue la constituyen casos emblemáticos cuyas indagaciones y pesquisas han quedado en el olvido o depositadas cuidadosamente en un cajón. Allí, en la Fiscalía número 11 del Circuito Judicial Penal del Zulia, permanecen sin desempolvar expedientes que llevan un mínimo de dos años pendientes de resolución o una leve solución.







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