Uno de cada cuatro adultos de la Generación Z nunca ha tenido relaciones sexuales en pareja, según una encuesta realizada en 2022 por el Instituto Kinsey y Lovehoney, mientras que los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades muestran que en 2023, alrededor de un tercio de los estudiantes de secundaria dijo que había tenido relaciones sexuales, frente al 47% en 2013
Cuando era adolescente y crecía en Seattle, Carter Sherman estaba «patológicamente obsesionada» con el hecho de que seguía siendo «virgen». En su nuevo libro The Second Coming (El sexo y la lucha de la próxima generación por su futuro), que relata la vida sexual, o la falta de ella, de la Generación Z, Sherman describe cómo se derrumbó después de que una de sus mejores amigas tuviera sexo con su compañero de clase, haciéndola sentir atrasada.
«Comencé a llorar delante de mi madre», me cuenta cuando le mencionó el incidente. Lloró aún más cuando su madre admitió que ella dejó de ser «virgen» a la misma edad.
Catorce años después, Sherman, una periodista de 31 años, ha entrevistado a más de 100 jóvenes sobre por qué no tienen tanto sexo como las generaciones anteriores y, a pesar de la narrativa que los describe como «mojigatos», descubrió que muchos de ellos quieren tener relaciones sexuales, solo que hay un montón de factores complicados que se lo impiden.
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«Muchos de ellos están muy calientes. Les gustaría tener relaciones sexuales y, de hecho, sienten mucha vergüenza por el hecho de no haberlas tenido todavía o de no tenerlas lo suficiente». Las cifras que Sherman encontró en su reportaje corroboran la idea de que los jóvenes están en medio de una «recesión sexual».
Uno de cada cuatro adultos de la Generación Z nunca ha tenido relaciones sexuales en pareja, según una encuesta realizada en 2022 por el Instituto Kinsey y Lovehoney, mientras que los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades muestran que en 2023, alrededor de un tercio de los estudiantes de secundaria dijo que había tenido relaciones sexuales, frente al 47% en 2013. Incluso la masturbación está en declive.
En cuanto a las razones, Sherman dice que la ubicuidad de las redes sociales y los smartphones ha desempeñado un papel en la forma en que los jóvenes se relacionan entre sí, pero también en cómo se ven a sí mismos.

Si a esto le añadimos el estrés generado por la anulación del aborto legal y las múltiples administraciones presidenciales que han invertido miles de millones de dólares en educación sexual basada únicamente en la abstinencia, podemos empezar a ver cómo la respuesta a por qué los jóvenes se involucran menos va mucho más allá de «ser puritanos».
La gente no solo pasa mucho tiempo en sus teléfonos, lo que significa que tienen menos tiempo para interactuar con otras personas, sino que las redes sociales que consumen les llevan a hacer algo llamado «comparar y desesperarse», lo que básicamente significa que sienten que sus cuerpos no son tan buenos como los de otras personas, y eso puede hacer que la gente esté menos interesada en el sexo.
También se enfrentan a una increíble politización del sexo en este momento. Viven la época de la anulación de la sentencia ‘Roe contra Wade’, también viven en una realidad post #MeToo. Así que están siendo golpeados por todos estos acontecimientos y fuerzas que no necesariamente entienden cómo manejar, y que las personas mayores en sus vidas ciertamente no les han dado suficientes consejos sobre cómo sobrellevar, haciéndolos incapaces de desarrollar empatía y el tipo de conexión honesta que están buscando.
Quiero tocar el tema de la vergüenza un momento. ¿Se sabe de dónde viene la vergüenza de no tener relaciones sexuales?
Especialmente ahora, puedes entrar en la red y buscar en Google cualquier tipo de sexo que quieras, y probablemente algunos que no quieras.
Y creo que la gente se hace una idea exagerada de la cantidad de sexo que tienen los demás, por lo que sienten que se están quedando atrás de alguna manera, sobre todo porque creo que la sexualidad se equipara a menudo con la edad adulta y la madurez, y tener relaciones sexuales se ve como un rito de paso, por lo que los jóvenes que no han pasado por ello sienten que no están a la altura de las expectativas de todo el mundo.
Existe una tensión en la que los millennials y las personas que crecieron con la liberación sexual sienten que la Gen Z es vergonzosa en cuanto al sexo, y han hablado de que no les interesan las escenas de sexo en televisión. Se enfadaron por la portada del álbum Man’s Best Friend de Sabrina Carpenter. Pero parece que lo que estás diciendo es que esa narrativa no es necesariamente cierta.
No lo creo en absoluto. Y creo que el «antisexo» se utiliza de una manera que oscurece los contornos de los debates políticos que tenemos sobre el sexo.
El choque principal que trazo en el libro es esta lucha entre lo que yo llamo «conservadurismo sexual» y «progresismo sexual». Y creo que lo que descubrí con los jóvenes es que muchos de ellos son muy conscientes de las dimensiones políticas del sexo, lo cual puede contribuir a discusiones acaloradas sobre la portada del disco de Sabrina Carpenter, pero también les lleva a luchar por cosas como los derechos LGBTQ+ y el acceso al aborto y contra las agresiones sexuales.
Y en la otra cara de la moneda está el conservadurismo sexual, al que creo que se le llama a menudo «antisexo», pero que en realidad no lo es. Es el que está a favor del sexo heterosexual, está a favor del sexo conyugal, está a favor del sexo procreativo.
Quería preguntarte sobre la pandemia y cómo el aislamiento afectó a los jóvenes, o simplemente a su capacidad para ligar y socializar entre ellos.
Creo que lo que hizo fue acelerar un proceso que ya estaba ocurriendo, que es la externalización de gran parte de la sexualidad a internet, porque esa era su única salida para el sexo, en muchos sentidos. Esto estaba sucediendo de alguna manera que era útil, porque creo que en particular internet ha sido muy bueno para los jóvenes LGBTQ + para encontrar información sobre sí mismos. Y de alguna manera eso hizo que la gente tuviera más miedo del sexo.

Hablé con una joven que tenía Covid, y su novio también, y no podían verse durante el encierro, y él prácticamente la presionó para que le enviara fotos desnuda, porque le decía: «Si no puedo verte, quiero poder tener imágenes tuyas». Y ella sintió una gran cantidad de vergüenza en torno a eso. Me entristeció, porque creo que enviar nudes puede ser una actividad totalmente normal, pero como hoy en día la sexualidad de los jóvenes se traslada cada vez más a internet, los jóvenes no siempre se sienten cómodos con lo que eso significa, y deberían estarlo.
Mucho de lo que oímos es que la Generación Z y los jóvenes están aprendiendo sobre sexo a través del porno y eso es perjudicial. También estamos en medio de una gran campaña contra el porno en Estados Unidos. ¿Los jóvenes creen que el porno es algo negativo?
Tenían la sensación de haber aprendido sobre sexo a través de la pornografía, en parte porque no recibían educación sexual en las escuelas. El gobierno federal ha invertido más de 2,000 millones de dólares en educación sexual basada exclusivamente en la abstinencia, y ese tipo de educación no puede reconocer que existe el deseo sexual, por lo que los jóvenes van y miran porno para ver cómo es dar y recibir placer. La desventaja de esto es que gran parte de la pornografía tiene ideas muy estrechas sobre cómo debe ser el placer, de maneras que no reflejan necesariamente las preferencias de la gente real.
Muchos jóvenes me dijeron que sentían que el porno había normalizado el «sexo duro» y, en particular, la asfixia. Hablé con una mujer joven que me decía que, cuando ella estaba en la preparatoria y tuvo sexo por primera vez, y todos sus amigos estaban teniendo relaciones sexuales también, ellos presumían ‘ser ahorcados’, ella confesó: «A algunos nos gustaba, pero no a todos». Si te gusta el porno, si te gusta que te ahorquen, hazlo. Solo hazlo de forma segura y consensuada.
Hablemos más sobre el estado de la educación sexual en Estados Unidos. ¿Cuáles son algunas de las historias de terror que has oído? ¿Y se enseña alfabetización en torno a cosas como el envío de desnudos?
Muchos de ellos describieron cosas que parecían sacadas de la película Mean Girls (Chicas Pesadas) . Ya sabes, la parte en la que el entrenador Carr dice: «No tengan sexo, se embarazarán y morirán». La investigación muestra consistentemente que la educación sexual basada en la abstinencia produce resultados bastante mediocres.
Se ha descubierto, al menos en un estudio, que las personas que han recibido educación sexual financiada con fondos federales tienen relaciones sexuales al mismo tiempo que las personas que no han recibido ese tipo de educación e incluso tienen el mismo número de parejas sexuales.
Y debido a que la educación sexual basada únicamente en la abstinencia se centra en la idea de «no tengas relaciones sexuales o morirás» o «no tengas relaciones sexuales o contraerás una Enfermedad de Transmisión Sexual (ETS)» o «no tengas relaciones sexuales o quedarás embaraza». No pueden dar cabida a la idea de enviar desnudos, o a la idea de ver porno, como si no pudieran tener en cuenta los matices de esas actividades. Así que la gente no puede hacer nada.

Has cubierto el tema del sexo y el aborto durante años. ¿Te parece que los jóvenes con los que hablaste son bastante conscientes políticamente? ¿Cómo influyen los debates políticos nacionales en su vida sexual?
Todos pasamos tiempo en plataformas de medios sociales que emiten opiniones sobre política. Y creo que los jóvenes están muy concienciados políticamente, y es imposible evitar noticias sobre cosas como #MeToo o el caso ‘Roe contra Wade’; el 16% de la Gen Z ahora es más hostil a tener citas después de la anulación del fallo.
El día después de la anulación recibí un mensaje de una joven que estaba embarazada y no quería estarlo, pero no podía abortar porque vivía en Arizona y no había proveedores de abortos trabajando. Así que acabó pidiendo píldoras abortivas por Internet y poniendo fin a su propio embarazo.
Pero me dijo que sentía que la experiencia era como un castigo por tener relaciones sexuales, que el gobierno la hacía sentir humillada. Y eso me impactó mucho, porque, ¿qué significa que una generación vuelva a una actitud anterior a 1973, no solo hacia el aborto, sino también hacia el sexo? Es un cambio generacional en la forma en que tratamos el sexo en Estados Unidos.
Hemos oído hablar mucho de los incels (acrónico de involuntary celibate, en español célibe involuntario), pero me pregunto si ha hablado con personas que se abstenían intencionadamente, pero que no estaban desanimadas por ello.
Para mí era muy importante hablar con gente que fuera asexual, así que sí, hablé con algunas personas. Lo que les molestaba era la expectativa de que deberían tener relaciones sexuales o que la asexualidad no es una orientación real.
También me llamó mucho la atención una mujer con la que hablé. En el libro la llamo Rian. Ella es heterosexual y no es asexual, pero nunca ha tenido relaciones sexuales, en parte porque tiene miedo básicamente de que el chico simpatice, en cierta medida, con la ideología incel.
Estas creencias han impregnado tanto las relaciones de género que, a estas alturas, no se puede confiar en que los hombres no sean misóginos en secreto. Y por eso se abstiene totalmente del sexo, lo que me sorprendió mucho.
¿Cuál es el ambiente en torno a las aplicaciones de citas? ¿La gente está tan harta de ellas como parece?
Sí, sí lo están. Las aplicaciones de citas apestan. Prometían ser un descanso de la tortura de las citas, pero la gente se ha dado cuenta de que no lo son. En el libro, las trato como una extensión de las redes sociales, porque creo que hacen muchas de las mismas cosas, es decir, te hacen muy consciente de tu valor sexual y a menudo te hacen sentir que te falta algo.
Después de haber investigado este tema exhaustivamente, sobre los jóvenes y su vida sexual, y tal vez superar esta recesión sexual, ¿qué te hace sentir tan positiva?
En realidad, no me preocupa mucho si los jóvenes tienen o no relaciones sexuales. Lo que me preocupa es si los jóvenes crecen o no en sus relaciones. Me preocupa que haya una escasez de voluntad de ser vulnerable de una manera que creo que no solo es mala para los individuos, sino también para la política, porque disminuye nuestra capacidad de conectar unos con otros y de entender las diferencias de los demás.
Mi segundo pensamiento es que, en lo que respecta a la esperanza, me animó mucho el grado en que los jóvenes luchaban por aquello en lo que creían y eran muy conscientes del valor político del sexo. Es una generación que comprendió, mucho antes que la mía, que lo que ocurre en el dormitorio está influenciado por lo que ocurre fuera de él. Creo que si estos jóvenes son capaces de tener éxito en sus empeños, se sentirán mejor consigo mismos, pero también crearán potencialmente un mundo mejor.







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