Tras el restablecimiento de las relaciones

Gobiernos latinoamericanos se han acercado al de Venezuela para no incordiar al de papá Trump

Delcy Rodriguez
26 de octubre, 2026 - 5:18 pm
Agencias

El analista Miguel Velarde, asegura que los países que han suavizado su posición respecto a Caracas forman parte del «Escudo de las Américas» y no consideran conveniente alejarse de la línea marcada por Washington

 

El viraje diplomático que experimenta América Latina ha llevado a varios líderes de la región a romper el cerco sobre Venezuela para entablar contacto directo con la figura de Delcy Rodríguez. Lo que a simple vista se percibe como una flexibilización frente al chavismo plantea un debate de fondo sobre si se trata de un cambio de postura hacia el gobierno de Venezuela o de una maniobra pragmática motivada por las presiones migratorias, los intereses energéticos y la postura de Washington.

En los últimos meses, mandatarios y naciones críticas del oficialismo venezolano han modificado su conducta en la escena internacional protagonizando acercamientos de alto nivel.

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Entre los encuentros más destacados figuran la interacción con el presidente estadounidense, Donald Trump, en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas, así como reuniones y contactos clave con el presidente paraguayo, Santiago Peña; el mandatario de la República Dominicana, Luis Abinader; el gobernante chileno, José Antonio Kast, y la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar.

¿A qué responde este giro notable en el tablero diplomático regional y qué impacto real tiene sobre la transición democrática en Venezuela?

¿Pragmatismo político o subordinación a la estrategia de Washington?

El acercamiento de los gobiernos latinoamericanos hacia la administración de la presidenta encargada no responde, a juicio de los especialistas, a un cambio ideológico repentino ni a una renuncia a los principios democráticos que históricamente han defendido estos países. Según explica el analista político Miguel Velarde, este fenómeno debe interpretarse fundamentalmente como un alineamiento con la estrategia exterior trazada por la Casa Blanca.

«Más que un acercamiento a Delcy Rodríguez, yo lo veo como un acercamiento y un alineamiento a la política de los Estados Unidos», señala Velarde. El analista asegura que los países que han suavizado su posición respecto a Caracas forman parte del «Escudo de las Américas» y no consideran conveniente alejarse de la línea marcada por Washington.

«No lo veo en lo absoluto como un cambio en su postura ideológica, tampoco como una renuncia de sus reivindicaciones sobre el retorno de la democracia. Lo veo más bien como una acción de pragmatismo político de acercamiento y no confrontación con la administración Trump», expresa Velarde.

Chile Delcy

En la misma línea, el politólogo Walter Molina coincide en que en este tablero opera como una combinación entre inercias del pasado y pura conveniencia geopolítica. «Hay una combinación de ambas cosas, aunque creo que hoy pesa mucho más el pragmatismo», sostiene. Para el especialista, la presencia de vastos recursos energéticos, petroleros y minerales en suelo venezolano despierta intereses geopolíticos inevitables que llevan a negociar con quien tiene el control de facto.

«Venezuela tiene petróleo, gas, recursos minerales y una posición geopolítica que despierta intereses. Y algunos gobiernos prefieren negociar con quien controla hoy esos recursos, independientemente de cómo llegó al poder. O, en otros casos, simplemente siguen la línea que marcó Washington», indica Molina. Sin embargo, deja una advertencia clara: «El problema aparece cuando el pragmatismo se convierte en una excusa para blanquear a una tiranía. Se puede negociar con una autoridad de facto sin presentarla como una demócrata».

Por su parte, Dalai Urbina, internacionalista y profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV), califica este fenómeno como un «reajuste estratégico» impulsado por las dinámicas geopolíticas globales, los indicadores sociales y las presiones del comercio internacional. Para él, este movimiento responde a un relanzamiento del bilateralismo en la región.

«En un marco internacional de desacoplamiento económico en el que cada potencia ejerce acción directa sobre sus zonas de influencia, tener el aval y la legitimidad del gobierno de Estados Unidos en diferentes áreas de la política exterior venezolana está haciendo que la región, en líneas generales, genere ese rediseño de política y ese acercamiento paulatino», comenta.

Presión migratoria en el tablero

Por su parte, Velarde añade que a los primeros actores internacionales a los que les urge una salida real de la crisis en Venezuela es precisamente los gobiernos de la región, presionados por el impacto directo de las dinámicas migratorias y las complejas realidades locales de sus respectivos países.

«Ellos son los primeros a los que les interesa que en Venezuela retorne la democracia y se mejore la economía, porque eso, para comenzar, va a evitar olas migratorias como las que se han visto en los últimos años», argumenta Velarde.

Según la lectura del analista, los mandatarios latinoamericanos se enfrentan a desafíos locales de gran magnitud y «no quieren tener que aumentar sus desafíos teniendo que recibir a cientos de miles de venezolanos que se ven obligados a abandonar su país».

Dalai Urbina complementa señalando que los intereses económicos y estratégicos no son conceptos abstractos, sino que están íntimamente vinculados a las demandas internas y a las crisis institucionales de cada nación.

«Hay que ver una cara adicional de este punto: cómo esto está íntimamente vinculado a la crisis de la democracia existente dentro de la región y cómo, entonces, desde la política exterior se trata de garantizar algunas condiciones que permitan reformas institucionales y responder ante demandas internas en cada uno de nuestros países», subraya el profesor de la UCV.

Las tres fases de la transición

De acuerdo con el economista y analista político Miguel Velarde, los presidentes latinoamericanos se encuentran atrapados en una posición de gran complejidad diplomática. Por un lado, mantienen el deseo de ver una estabilidad política e institucional en Venezuela; por el otro, se ven obligados a priorizar sus vínculos comerciales y estratégicos con los Estados Unidos.

«Los presidentes latinoamericanos se ven en el medio de una situación en la que se encuentran en una posición incómoda», analiza Velarde. «Deben priorizar su relación con los Estados Unidos para no perjudicar el posicionamiento continental que sus países están teniendo nuevamente dentro del Escudo de las Américas en temas de seguridad nacional y comercio, pero al mismo tiempo sin dejar de ser actores importantes en un proceso de transición en Venezuela», señala.

Respecto a la ruta dibujada por la administración norteamericana, Velarde detalla que la estrategia estadounidense contempla tres etapas diferenciadas: «Hay una primera fase en la que los Estados Unidos tomó el control; hay una fase dos en la que busca darle una estabilidad económica y energética al país; y lo que todavía no termina de comenzar es esa fase tres en la que vamos a empezar a ver finalmente el inicio de una transición con la reinstitucionalización de los poderes en Venezuela».

PARAGUAY DELCY

Desde la perspectiva del profesor Dalai Urbina, la figura de Delcy Rodríguez en este proceso se caracteriza por rasgos específicos como la tecnificación de la política exterior, una bilateralidad estratégica y una prudencia discursiva. El experto define este momento como un período de «diplomacia de supervivencia» en la que Miraflores busca prioridad en la estabilidad interna y externa.

«Cuando sumamos estos elementos, podríamos concluir que estamos ante un período de diplomacia de supervivencia en la que se prioriza la estabilidad para garantizar transiciones en lo interno y en un marco internacional en crisis. No solo el eje petrolero, sino también el institucional, supeditados al planteamiento de Washington, terminan utilizándose como recurso para los fines antes descritos», explica Urbina.

Asimismo, el internacionalista resalta que, mediante la «ambigüedad estratégica», la Cancillería venezolana ha logrado un «descongelamiento» de sus relaciones bilaterales y multilaterales para garantizar continuidad política y económica en medio del reordenamiento global.

El efecto arrastre de EE. UU.

Por su parte, Walter Molina confirma que esta dinámica de entendimiento directo entre Washington y la administración de facto ha provocado un efecto dominó inevitable en las cancillerías de la región.

«Estados Unidos cambió las condiciones de la relación internacional con Venezuela. Eso ha producido un efecto de arrastre: si la principal potencia del continente negocia directamente con Delcy Rodríguez, otros gobiernos encuentran menos obstáculos diplomáticos para hacerlo», precisa Molina. No obstante, remarca que este proceso solo tendrá legitimidad si arroja dividendos democráticos.

«El éxito del plan estadounidense debe medirse por sus resultados políticos: liberación plena de los presos políticos, recuperación de las instituciones y elecciones presidenciales libres en 2027. Sin eso, habremos cambiado algunas condiciones del régimen, pero no el régimen», asegura.

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Legitimidad democrática

Ante el debate de si este acercamiento de la región se traduce en reconocimiento hacia Rodriguez o no, el politólogo Walter Molina aclara que pese a que algunos presidentes decidieron acercarse, esto no le otorga legitimidad.

«Delcy Rodríguez es una gobernante inelecta que ocupa el poder de facto por una decisión de continuidad del régimen chavista, tolerada por Estados Unidos dentro de un plan que debería conducir a la transición democrática. No llegó allí por voluntad de los venezolanos; jamás fue electa. Que algunos presidentes decidan relacionarse con ella no resuelve su problema fundamental: carece de legitimidad democrática y de respaldo popular suficiente para ganar una elección presidencial libre», sentencia.

Respecto al costo político que asumen los líderes de la región al estrechar la mano de las autoridades de Miraflores, Miguel Velarde advierte que esta proximidad con el chavismo pasa una factura considerable en el plano interno.

«Existe una incredulidad y confusión entre los ciudadanos de la región. Así como el apoyo a la administración Trump ha caído en varios estados norteamericanos por el tema Venezuela, eso también puede ocurrir en los países de la región», sostiene Velarde.

El analista enfatiza que el costo reputacional afectará principalmente a la derecha continental: «Los presidentes de derecha van a perder la credibilidad de su gente por llegar con un discurso muy claro y verse obligados a actuar de manera tibia».

El papel de los foros internacionales y el contraste con la realidad

La participación del oficialismo venezolano en la Asamblea General de la ONU y en cumbres de cooperación regional ha sido proyectada por el chavismo como una victoria sobre el cerco diplomático. Sin embargo, ambos expertos llaman a dimensionar adecuadamente el alcance real de estos eventos.

«Venezuela nunca dejó de ser un Estado reconocido internacionalmente ni perdió su lugar en organizaciones multilaterales. Lo que existía era un cuestionamiento muy serio a la legitimidad de quienes ejercían el poder», señala Molina.

«La participación en una cumbre o una intervención ante Naciones Unidas no convierte a un gobierno autoritario en democrático. La historia está llena de dictadores que participaron en foros internacionales y mantuvieron relaciones diplomáticas normales», agrega.

Delcy ONU

Velarde acota que estas vitrinas internacionales ofrecen un auxilio comunicacional al oficialismo, pero no alteran la percepción de la ciudadanía en el plano doméstico.

«La participación en foros internacionales y las fotos con otros líderes globales le dan un oxígeno y un aire de legitimidad que irónicamente no gozan en la propia Venezuela. A nivel internacional puede ser un espacio de oxigenación que el chavismo gana, pero a nivel local evidentemente no se traduce de la misma forma porque no le otorga mayor legitimidad ni fortaleza frente a los propios venezolanos», explica el analista político.

El rol insustituible de la sociedad civil

A pesar del ruido diplomático, ambos analistas concluyen que la ciudadanía venezolana se mantiene como el factor determinante para cualquier desenlace institucional.

«La sociedad civil venezolana sigue siendo un actor clave en todo esto. Es una variable fundamental para que esta fase tres de transición e institucionalización termine en unas elecciones libres», asevera Velarde.

«Los gobiernos de la región, el chavismo, la oposición y los Estados Unidos están midiendo permanentemente el humor social en Venezuela porque se dan cuenta de que este escenario es insostenible a mediano y largo plazo», sostiene.

Molina concluye con una mirada crítica sobre los límites de la negociación pragmática y la urgencia de mantener el foco en la democratización del país. «La estabilización económica y los acuerdos petroleros pueden ser instrumentos de una transición, pero también pueden terminar financiando la supervivencia de una estructura autoritaria».

Por ello, sostiene que el desafío para la región consistirá en no transformar el pragmatismo en una excusa para la complacencia, garantizando que el canal diplomático sirva exclusivamente como puente hacia el restablecimiento pleno de la soberanía popular en Venezuela.

 

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