
Los pasajeros sureños piden a las autoridades municipales aplicar medidas más contundentes
Foto: Carmen Salazar
San Francisco — El abuso y descontrol de los choferes de carritos por puestos de la línea San Francisco llegó al descaro de la irresponsabilidad e ilegalidad del servicio.
Y es que los pasajeros que deseen trasladarse solo en la urbanización, ni siquiera pensar ir hasta el centro de Maracaibo, porque sería un milagro, deben cancelar hasta tres pasajes para llegar a su corto destino cuando la ruta establecida es desde la Plaza Las Banderas hasta la iglesia Padre Vílchez.
En ese recorrido el costo fijado es de Bs. 8, pero los conductores «abusadores» establecieron sus propias reglas para doblar sus ganancias.
Estos cobran un pasaje desde la Plaza de La Banderas hasta la entrada de vencemos Mara, luego retoman pasajeros desde la cementera hasta un periplo en la misma urbanización de unos 8 kilómetros para concretar un segundo cobro y luego terminan recogiendo un tercer grupo de pasajeros que vayan hacia las cercanías del templo religioso para lograr el tercer desembolso de los usuarios.
Aunado a esto cobran de más, no dan vuelto y siempre hallan excusas para hacerlo.
Sin derecho a quejarse
A pesar de las quejas y reclamos de los pasajeros, estos no tienen derecho a réplica, incluso, en ocasiones son desembarcados de los viejos vehículos por no acatar los antojos de los choferes.
La Alcaldía de San Francisco ha realizado varias jornadas de fiscalización en algunos puntos clave de la ciudad, logrando detectar las anomalías y sancionando a los choferes; pero una vez que se retiran la anarquía vuelve a apoderarse de las calles.
Los pasajeros sureños piden a las autoridades municipales aplicar medidas más contundentes contra los abusos de los trabajadores del volante, ya que la arbitrariedad de la mayoría de estos atenta contra la economía de los pasajeros, pues lo que destinaban para su salida se ha triplicado generando un descontrol en sus finanzas.
Y los estudiantes…
Si el calvario que sufren los pasajeros es agotador, las penurias que pasan los estudiantes para lograr montarse en un carrito son inhumanas.
Los conductores al ver a los jóvenes uniformados no paran y si por alguna casualidad los escolares logran acceder al vehículo, estos son alertados que deben cancelar completo, si no debe bajarse de la unidad.
Cuando el estudiante reclama su derecho a pagar pasaje estudiantil es vejado, insultado y maltratado de una manera sin precedentes.






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