«Antes de irme, creo que deberíamos tener un océano. Y necesitamos un gran río», indicó el presidente Trump
En su afán de cambiar de nombre a las cosas para darles «un toque más nacionalista», el presidente Donald Trump ahora apunta hacia un océano al cual sugiere rebautizar con su apellido.
Durante su participación un mitin celebrado en Clarksville, Tennessee, el republicano de 80 años generó risas y aplausos al plantear la posibilidad de modificar el nombre, ya sea al Océano Pacifico, o quizá al Océano Atlántico.
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«Necesitamos un río y necesitamos un océano. Así que he estado pensando en el Atlántico o en el Pacífico. Lo llamaremos océano Trump u océano de las Américas», expuso.
Bajo una dinámica similar a la promovida para reemplazar los nombres del Golfo de México, rebautizándolo como «Golfo de América»; y del Lago de Ontario, como «Lago de América», el siguiente objetivo del republicano consiste en que, ante los ojos del mundo, Estados Unidos cuente con un océano y un gran río donde esté plasmado su sello de pertenencia.
«Antes de irme, creo que deberíamos tener un océano. Y necesitamos un gran río», indicó.
Como parte de su monologo, él mismo dio por descartado pensar en rebautizar a los ríos Hudson Misisipi.
Cerca de llegar a la mitad de su segundo periodo al frente de la Casa Blanca, a través de órdenes ejecutivas firmadas, el magnate neoyorquino rebautizó Golfo de México, el 20 de enero del año pasado.
Ese mismo día, al Monte Denali, ubicado en Alaska, pidió llamarlo con su nombre histórico de Mount McKinley.
Posteriormente, el 4 de marzo de 2025, renombró al Refugio Nacional de Vida Silvestre Anáhuac como Refugio Nacional de Vida Silvestre Jocelyn Nungaray.
Después, el 27 de agosto pasado, al surgir ciertos desacuerdos comerciales con Canadá, ordenó reemplazar el nombre del Lago Ontario por el de Lago América.
Sin todavía firmar una orden para lograrlo, Trump también desea que el estado de Nuevo México sea rebautizado como Nuevo América.
Cabe señalar que, todo presidente estadounidense tiene la potestad de ordenar cambios en los nombres oficiales de los puntos geográficos utilizados por las agencias federales, pero queda a consideración de las empresas privadas respetar o no las modificaciones provenientes de la Casa Blanca.







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