Foto: Agencias
Cita bíblica: «Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento… Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar… Así que teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto… Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas que hunden a los hombres en destrucción y perdición… Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe» (1 Timoteo 6:6-10).
*** Hace 40 años instituí en Crítica la Semana de Felipe Pirela del 29 de junio al 5 de julio. Era apenas un cintillo en las páginas de deportes y exhortaba a las estaciones de radio a dejarnos escuchar sus canciones. Próxima como está la fecha de su muerte, reitero el pedido.
*** Vaya coincidencia. Justamente se publica esta columna hoy, cuando se celebra el Día del Periodista. Había hecho planes, pero ante las circunstancias nada pude concretar. Editar mi historia como periodista era la principal, el machote está listo y solo le falta el empuje final, aunque eso está en el ambiente. En esa narrativa cuento como llegué a lo que hoy soy, daré a conocer la raíz de mi carrera, que en el diarismo llega a los 53 años, sin contar los de preparatoria, cuando hice traducciones para Panorama y el Diario de Occidente (1960). Debuté entrevistando a Rocky Marciano y Earl Weaver, un excampeón mundial invicto el primero, y Salón de la Fama del Béisbol el segundo. Don Alejando Borjas, a quien dieron su nombre al primer estadio oficial que tuvo la ciudad, me dio la alternativa, y Adalberto Toledo Silva la confirmación, ambas en el Diario de Occidente.
La profesión —claro está— no es la misma pasados todos estos años. Hoy día el periodista se apartó de su profesión y se inclinó por la política. Años atrás cada periodista tenía su propia columna de opinión de la fuente que cubría. Eso le daba oportunidad de hacer público su parecer sobre los aconteceres en el ambiente que él dominaba. Pero todo eso se ha perdido y a menos que sea en la sección deportes, es raro que un periodista de planta opine sobre el área que cubre. El periodismo de hoy es totalmente diferente.
Y en cuanto a concursar para optar por premios, decidí no hacerlo desde 1982, cuando me declararon ganador del renglón Periodista Deportivo del Año, y como le había ganado al diario de la competencia, el susto de los honorables diputados de la Asamblea Legislativa, fue de tal magnitud que decidieron, salomónicamente y para expiar el error, declararlo empate. A partir de allí jamás volví a concursar.
El problema con esto de los premios es que muchos miembros de los jurados están desligados del periodismo, desconocen la marcada diferencia que existe entre ser periodista de planta y el de escritorio desde una oficina pública. ¿Cómo aceptar un premio de un jurado cuya mayoría no sabe absolutamente nada sobre nuestra carrera, que no tiene la más mínima idea de quiénes somos y es quien decide si somos buenos o malos periodistas. Admito que las condecoraciones representan otra cosa.
En esta día vaya nuestro recuerdo para todos aquellos que ya se fueron del planeta tierra y de quienes aprendí todo lo que sé, eso que llaman periodismo de calle, que es la verdadera escuela de esta profesión. Todos están presentes en mi mente, los que me regañaron, los que me exigían profundizar más, los que me ayudaron corrigiéndome, los que me aportaban datos para que los desarrollara, en fin, ellos allá en el mundo que están, reciben hoy en su día mi agradecimiento y reconocimiento, consciente de que no les he fallado.
Ser periodista deportivo implica trabajar divirtiéndose al asistir a un partido de béisbol, fútbol, baloncesto o cualquier deporte, porque estar en una cancha genera felicidad sin fin, de manera que siempre trabajé divirtiéndome; quienes ejercemos esta profesión debemos amar lo que hacemos, porque de otra manera se pierde la esencia del ser periodista.
El mejor regalo de este día llegó vía e-mail enviado por Jairo Villasmil desde Santa Bárbara del Zulia. El solo hecho de evocar la época dorada del periodismo regional me satisface:
«El periodista al momento de su trabajo debe deshacerse de su sistema de creencias, de sus propias preferencias y hasta de su conveniencia, para exponer los hechos, como los ve y desde el lugar que los ve. La opinión del periodista, sin duda es lo más difícil de separar de quiénes somos, cómo fuimos educados, de dónde venimos y qué preferimos; para no impregnarse de todo eso, debe apuntar al bien común, a tener una mirada desde toda la sociedad y no solo desde una parte o una línea de pensamiento de ella.
Nadie dijo que es sencillo ser periodista, ni hacer periodismo. Tomar parte, torcer los hechos, no exponer porque se puede perjudicar nuestro entorno o preferencia, omitir o peor aún, negar hechos de la realidad —que conocemos y pudimos chequear— es estafar, es negar a la sociedad, lo único que realmente espera y le debemos: nuestra información y nuestra opinión, con la mayor objetividad que podamos.
Eso aprendí de Manolo Silva y de otro reconocido periodista zuliano Luther Francis Blackman. El juez, el negro que habló con Dios: Luther Francis Blackman. Era la época del Poder Negro en las grandes ligas y en el periodismo deportivo zuliano. Allá: Rickey Henderson, Claudell L. Washington, Dave Winfield, Ken Griffey, Dave Stewart, Dusty Baker, Eddie Murray, Terry Pendleton, para solo mencionar algunos sobresalientes. Acá, ya habían escrito parte de su historia: Joe Escobar, Carlos Zabaleta, Francis Blackman, Elbano Castro Pimentel y Paco Morillo. Otra manera de redactar las noticias deportivas. De ese equipo solo queda Luther F. Blackman. El resto escribe en las alturas. Aparecí en el line up de la redacción deportiva del diario Crítica a mediados de los 80 y comencé mi periplo de la mano de Blackman.
Allí encontré a Pedro Soscún Machado, llegando de El Vespertino, Jorge Viloria, Fernando Ferrer Pineda, Eudo «Nemín» Herrera, Mario McEvoy. Era el equipo de Blackman en la redacción deportiva. Primero, notas cortas, luego entrevistas, reportajes, columnas y una sección: Deportes del Sur del Lago. Una página dos veces a la semana. No ha habido mayor difusión de la actividad deportiva surlacustre hasta el sol de hoy.
La enseñanza estaba ahí, latente, constante y perseverante. Ya había probado suerte junto a Joe Escobar, Carlos Zabaleta, Evelio Faría, Pablo Vílchez, Danilo Acosta, Nerio Flores, Eduardo Fernández, Pedro Fernández y Orlando Galofré en Panorama. Por lo tanto, ya sabía, al menos, cargar los bates. Fueron muchos los gratos momentos hasta el pase a la Secretaría de Redacción en Crítica y luego el viaje a Caracas a probar suerte en Zeta y Auténtico, para seguir como cofundador de El Nuevo País. Nos vimos nuevamente en La Columna, desde mi posición de coordinador de la corresponsalía en Caracas. Invariable la amistad y la enseñanza.
De Blackman admiro su lenguaje propio, luminoso, festivo, en el que detallan metáforas y neologismos, así como su capacidad de abarcarlo todo, de oscilar entre lo político y lo mundano, lo íntimo/poético, lo cristiano y lo externo. Igualmente su capacidad de generar lenguaje, su actitud o la valentía a la hora de combinar en un mismo texto géneros, personajes, situaciones y lugares. Hoy, recuperándose ambos de quebrantos en su salud, elevo mis plegarias al Altísimo porque les conceda muchos años más de agudeza visual para seguir descubriendo prospectos y llevarlos a La Gran Carpa del periodismo venezolano, porque indudablemente, el Zulia es nombre y luz de Venezuela».
*** Hay noticias que causan tal impacto que uno queda sin palabras. Se fue de este mundo un amigo, Guillermo Medina «El Negro», un caballero quien por más de setenta años estuvo al frente del Centro Óptico Medina, ubicado en la avenida 5 (antes Urdaneta) entre 97 y 98, donde cuidó de mi vista por muchos años. Visitarlo significaba entablar conversaciones sobre el béisbol romántico, del Maracaibo florido y el buen vivir que se experimentaba en la ciudad en aquellos años. Comparar modos de vida de un antes y un después que para «El Negro» tenía sentido, en fin, un par de horas era el tiempo mínimo para conversar y empaparme de muchas cosas del Maracaibo de ayer que desconocía. Pero esta vez, entrar y preguntar por su persona, al ver el lugar que ocupaba vacío, produjo el impacto, su hijo se limitó a decir: «Mi Papa murió hace un mes». Se produjo el desconcierto inesperado, propio de una mala nueva. Le manifesté cuanto lo sentía y respondió, «sé que es así porque mi padre siempre demostró una marcada amistad por su persona». Esté en la galaxia en la que se encuentre, el amigo Guillermo Medina está en la gloria, se la ganó por sus dotes de padre ejemplar y mejor ciudadano. Paz a su alma.
*** Claro que se puede escribir una gaita protesta en contra de los especuladores, «bachaqueros», usureros, acaparadores, atracadores, sicarios, etc. Sepan que razones y protagonistas hay de sobra, de modo que estoy en espera de la primera de ella. Tengo a mano un CD de Cardenales del Éxito con un pocotón de esas gaitas, que repito fueron escritas hace cuarenta o más años atrás, de modo que nadie debería sentirse aludido por lo que en ellas se plasmó, porque cualquier parecido no será más que simple y mera coincidencia.
*** Un mes completo escuchando radio me permitió saber que si hay quien haga buena radio, lo que sigo criticando es el excesivo número de estaciones ubicadas en el cuadrante, que no permiten escucharlas bien.
Confieso que por asunto de trabajo, en la redacción sintonizo los canales deportivos, algo obligatorio, cuando salgo de allí y estoy en mi casa, asómbrense, los sigo. Me gusta enterarme sobre lo que pasa en el mundo y por eso el pobre control es quien recibe más pinchadas que nada, pero el deporte me arropa.
*** Estaría mintiendo si digo que escucho constantemente la radio, también confieso que la gaita me esclaviza y es lo que más oigo, los sábados tengo un programa tempranero (La Colección de Mis Recuerdos-Nury Pineda y Luis Paredes) y los domingos estoy en la misma onda (Mi Vieja Discoteca) y después de las 12 del mediodía me dedico a los eventos deportivos televisados. En pocas palabras soy adicto al deporte.
*** El actual programa Mi Vieja Discoteca, no puede en modo alguno parecerse con el original, porque hay factores que lo impiden. El nuevo arranca a las 9 de la mañana, hora en que algunos se van levantando, desayunando, van a misa, al regreso es hora de almuerzo y justamente en ese momento el programa llega a su final. Recordar es vivir, eso es lo que nos brindan Gerardo Suárez y Emerson Tudares quienes hacen maravillas para mantener el inmenso volumen de oyentes que tienen. Agrego que a esa hora no hay competencia posible. Ese es mi programa favorito de todos los domingos.
El antiguo comenzaba justo al mediodía, todos ya habían regresado de la misa y almorzado, se habían sellado los cuadritos de a locha, y en fin, todos estaban listos para gustar del bonche más extraordinario de la radio, festín que duraba seis horas y las calles de Maracaibo se inundaban de un alegría increíblemente contagiosa. El programa finalizaba a la par de las carreras de caballos y entonces la ciudad caía en un silencio también extraordinario, la ciudad se dormía de un solo tirón.
*** También terminé por aceptar que el deporte más promocionado por la TV es el fútbol. A cualquier hora de la madrugada están pasando los cinco canales deportivos que veo, un partido atrasado, del año pasado, no importa, hay fútbol a lo largo de toda la madrugada. Nunca repetirán un juego de béisbol, de manera que este deporte está en desventaja, en cuanto a la televisión se refiere.
¿Dónde están y qué hacen? Pregunto allá en Cabimas por Tirso Herrera a quien tengo años sin verlo personalmente ¿y qué es de la vida de Carlos Miranda?, hombre de prensa y radio con quien nos unió una buena amistad. ¿Dónde están y qué hacen?
*** Quedó escrito. Epa, ya está. Nos vamos.

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