Foto: Archivo
*** A quince años de la partida de Astolfo Romero, el pasado miércoles lo recordamos con la convicción de que es el mejor intérprete de la gaita zuliana. Todas sus composiciones estuvieron preñadas de la alegría propia de un ritmo, que como el de la gaita, nació para alegrar corazones. Como amigo fue difícil, pero enmarcado dentro de la mayor de las sinceridades. Cada aniversario de la muerte de mi padre (8-11-84) recuerdo a Astolfo, porque ese día ganó el concurso Una Gaita para el Zulia con el tema El Mercado de los Buchones (Gaiteros de Pillopo). Cuando me visitó soltó la frase que quedó para siempre: «Vengo a compartir mi alegría con tu tristeza», así fue que anunció su triunfo.
Por cosas como estas fue que le estimé como amigo, y sobre todo, lo respeté hasta cuando me aseguraba que era el mejor solista gaitero entre todos. Esa convicción de creer en sí mismo, me convenció y así lo acepté. Su deseado descanso eterno se ha visto sacudido por algunas situaciones, pero no lo suficientemente fuertes como para sacarlo del nicho gaitero celestial en el que descansa. Saludos en el más allá al «Parroquiano» amigo.
*** Nadie ha tenido más problemas para instalar el chip gasolinero que este servidor. Dos veces hice una cola infernal, en una me pidieron luego de cinco horas un certificado del CICPC en el que aseguraran que mi auto no estaba en pantalla. Después fue por el RIF, cuando en la convocatoria a esa instalación ese requisito no se pidió, por lo menos en ese tiempo. ¿Qué hacer? La cola me espera.
*** Hace un año, se cumplió el pasado sábado, prácticamente nací otra vez. El 16 de mayo del año pasado, día viernes, comencé a sentirme mal en la redacción y se lo manifesté a mis compañeros. Pedí un taxi, o un auto de la empresa o en su efecto uno de los conductores que me llevara a mi casa en el mío. Esto último se logró y fue Elvis Presley Gómez quien tuvo la amabilidad de trasladarme y a quien agradezco al infinito su humanitario gesto.
El malestar persistió y la familia me llevó a un CDI cercano y lució como si me hubiera calmado. Pero al amanecer del sábado 17 las cosas empeoraron, por lo que optaron por llamar a mi hermana, a la síster Nelly Irma. Lo cierto es que soy reacio a los médicos, pero la decisión y la voluntad férrea de Nelly se impusieron y me llevó a la clínica, advirtiéndome que me mentalizara porque «vos no estáis bien y te van a dejar» y así fue.
Cinco días después, durante los cuales los médicos esperaban una mejora que evitara la intervención quirúrgica, la misma no se dio y así fue como el día 21 de mayo, el año se cumplió ayer, a las 4:00 de la tarde me sentí rumbo al quirófano. El aparato digestivo andaba mal. Ha pasado un año desde entonces y gracias a Dios la recuperación ha sido lenta, pero segura. He tenido que hacer cambios en mi estilo de vida, aunque tomo algunos rolings de cuando en vez. Comparto con mis amigos en el Bohío de la Zulianidad y las visitas son intermitentes.
Al reaparecer esta columna confesé a mis lectores que Dios me había brindado una segunda oportunidad y que la iba aprovechar al máximo, que iba a querer mucho más a todo el mundo para que todo el mundo me quisiera, siendo el amor el mejor ingrediente de la vida. Siento que eso se está cumpliendo. Verme rodeado por la familia, enterarme de la preocupación de mis amigos y de cómo invadieron los pasillos de la clínica para enterarse de mi salud, me dio alientos y aquí estoy.
Entre otras cosas, hoy más que nunca me siento más cercano a Dios. Él guió las manos del médico y me devolvió mi salud. Ahora mi deber es acatar instrucciones. Reinicié mi trabajo el 23 de junio con el mismo entusiasmo, porque las facultades físicas no se minimizaron. Gracias a Dios, a mi familia y a mis amigos, hay Francis pa’ rato. Definitivamente, cuán grande es la misericordia de Dios para conmigo.
*** Todo lo narrado me lleva a una reflexión sobre una palabra prácticamente nueva: La sexalescencia: Si miramos con cuidado podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy ronda los sesenta/setenta años. La sexalescencia. Es una generación que ha echado fuera del idioma la palabra «sexagenario», porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales el hecho de envejecer. Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la «adolescencia», que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del siglo XX para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.
Este nuevo grupo humano que hoy ronda los sesenta/setenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria. Hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura le dio durante décadas al concepto del trabajo. Lejos de las tristes y agobiantes oficinas, esta gente buscó y encontró hace mucho la actividad que más le gustaba y se ganó la vida con eso. Debe ser por esto que se sienten plenos… y algunos ni sueñan con jubilarse.
Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días, sin temores al ocio o a la soledad, crecen desde adentro en uno y en la otra. Disfrutan de la «vida», porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos, bien vale mirar el mar con la mente vacía o ver volar una paloma. Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante.
Ella trae décadas de experiencia de hacer su voluntad, cuando sus madres solo podían obedecer y de ocupar lugares en la sociedad que ni habrían soñado con ocupar. Esta mujer sexalescente pudo sobrevivir a la borrachera de poder que le dio el feminismo de los 60. En aquellos momentos de su juventud en los que los cambios eran tantos, pudo detenerse a reflexionar qué quería en realidad. Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, otras eligieron tener hijos, otras eligieron no tenerlos, fueron periodistas, atletas o crearon su propio «YO, S.A.». Cada una hizo su voluntad.
Reconozcamos que no fue un asunto fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente. Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo; la gente de «sesenta o setenta», hombres y mujeres, manejan la computadora como si lo hubiera hecho toda la vida. Se escriben, y se ven con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail con sus ideas y vivencias. Por lo general están satisfechos de su estado civil y si no lo están, NO se conforman y procuran de YA cambiarlo. Raramente se deshacen en un llanto sentimental. Tienen más conciencia de disfrutar plenamente todo. A diferencia de los jóvenes; los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos. No se ponen a llorar cuando pierden: solo reflexionan, toman nota, a lo sumo… y a otra cosa mariposa.
La gente mayor comparte la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada. Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo. Ellos, los varones no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani, ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura estilizada de una vedette. En lugar de eso saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.
Hoy la gente de los 60 o 70, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE; antes los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos físicamente (con sus dignos achaques) e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben. La gente de los 60 y 70 de hoy, celebra el sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo… Quizás, por alguna razón secreta que solo saben y sabrán los del siglo XXI.

Foto: Cortesía
*** Samantha Chiquinquirá Romero Salas debutó en sociedad al celebrar su primer año de vida. Samantha ha traído a la familia tal cúmulo de felicidad que todo ha cambiado. La gracia de Dios se refleja en cada rostro de una familia que está de lo más feliz con su llegada. Vayan nuestras felicitaciones a sus progenitores, mi ahijada Johanna y a su esposo Néstor, e incluyo a Marina, mi comadre, la abuelita gaitera, quien es la que mayor complacencia exhibe por este regalo que le ha dado su dilecta hija. Por allí debe haber un brindis para mí y en breve lo degustaré. Mientras tanto, pido a Dios todas las bendiciones del cielo para Samantha.
*** Esta semana vi por TV un video de Argenis Carruyo en el que rinde homenaje a Cheo Feliciano y de nuevo exhibió todos los atributos que Dios le regaló para llegar a lo que es, y que dicho sea de paso, debía estar más elevado aún, solo que en ocasiones pareciera que ni el mismo se da cuenta de su potencial. Ahora bien, se me antoja hacerle una sugerencia, rendirle tributo a José Luis Moneró, en base a los estupendos boleros que grabó con la orquesta de Rafael Muñoz, sobre todo Ensueño, el que para mí es el prototipo de bolero, ninguno como ese en todas sus dimensiones. Convencido estoy de que ese disco terminará de llevarlo al cráter del volcán, y convertirlo además en un terremoto, sunami, cataclismo, sismo o como sea que lo quieran identificar, todos aquellos que saben de lo que es capaz con esa estupenda voz que Dios le donó.
*** Advierto que ha habido más empatía con Énder su hermano que con Argenis. Juzgo la situación para evitar malos entendidos, pues el respeto que siempre he sentido por Argenis, no me permite actitudes que no suelo utilizar. Me limito en esta oportunidad a señalar algo que mi fuero interno señala que será un exitazo. Es un simple reconocimiento al artista.
*** Todas las oraciones de la familia en pleno va dirigidas en petición, por la recuperación de la salud de Pedro Hidalgo Merlín, el cardiólogo por muchos años de la familia, a quienes ha cuidado con un solicitud única, de hermano a hermano y que ha transmitido hasta su hijo Pedro Hidalgo, quien también ha tenido mucho que ver con el buen funcionamiento de nuestra caja de resonancia. La misericordia de Dios una vez más se encargará de que Pedro se recupere para beneplácito de todos, de muchos. Amén, amén y amén.
*** Quedó escrito. Epa, ya está. Nos vamos.



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