Francis Juzga

6 de febrero, 2015 - 3:20 pm
Redacción Diario Qué Pasa

*** Pregunta ¿hasta dónde llegará el costo del pasaje en los autos por puestos? ¿Hasta dónde llegará el precio de los repuestos, lubricantes, gasolina, cauchos, baterías y comida. Totalmente de acuerdo, pero eso da derecho a que los conductores, demostrando que para ellos no hay ley que valga, cobren lo que les dé su real gana y las autoridades volteen para otro lado con pasmosa indiferencia. Los usuarios, epa y me cuento, sufren lo indecible y al alza de todos los productos básicos, se agrega a este atraco que cometen los conductores a plena luz pública. Para mí los abanderados son los de la ruta Los Robles. Con descaro toman pasajeros frente a Las Playitas y pagan el sobreprecio, mientras que en la parada, a menos de 200 metros, las colas son inmensas. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

*** Lo prometido es ley. Ofrecí juzgar la presunta reaparición de La Universidad de la Gaita, que en toda caso será de nombre solamente, porque de las figuras que conformaron el más prestigioso grupo gaitero que se recuerde, quedan muy pocos en acción y el más emblemático, Ricardo Cepeda, tiene a sus Colosales, un grupo que no es segundo de ningún otro. El compromiso es grande para quien intenta este regreso y más que grande, bravo, fuerte en todos los sentidos. Habrá que trabajar duro para recuperar la calidad interpretativa del grupo, los solistas deberán ser de primera y los compositores ni hablar. La empresa es grande, más que reto es un compromiso del tamaño del cielo para con un grupo que quedó para la historia. Deben entender quienes se proponen el regreso al futuro, que la nueva generación de gaiteros no conoció a la Universidad y no sabrá medir si el nuevo grupo calza los zapatos o no de una agrupación que originó la primera gran revolución gaitera que se conozca. Amanecerá y veremos.

*** Señora Soledad una canción criolla en tiempo de gaita, con arreglos de Jaime Romero es lo primero que recibo para la temporada 2015. Jaime se adelantó y emitió todos los juicios de manera que no nos dejó nada que exponer. ¿Si el tema es una revolución por qué entonces pedir nuestra consideración? Saludos a Jaime y hasta allí llego.

*** He decidido juzgar a Pedro Soscún Machado «Wayúu Blanco», no al periodista, sino al artista, al intérprete de música caribeña. Considero que ya es hora de que Pedro retome sus raíces, me explico: es hora de dejar de interpretar versiones de canciones grabadas con anterioridad por otros grupos y cantantes, que conllevan a las odiosas comparaciones. Cuando Pedro incursionó en el ambiente cayó de pie con Lo Que Piensa el Burro, un tema inédito que por esas circunstancias permitió que lo ubicáramos como un excelente intérprete. Fue fácil calibrarlo porque era un tema nuevo y eso lo llevó al éxito alcanzado. De allí en adelante ha sido asunto de grabar viejas canciones. Le pido públicamente que retome la senda de temas nuevos, jamás escuchados, eso terminará, lo decimos con toda seguridad, su consagración definitiva.

Su agrupación es excelente, pero anda en la misma tónica. Me llegó un CD y cuando la solista arrancó con su tema, pensamos que Doris Salas había grabado con Pedro. No fue así, sino que la chamaca no atinó a salirse de las tonadas de la colombianita maracucha y eso resultó demasiado notable. Luego, el solo de trompeta con Cecilio Blanco me hizo creer que estaba escuchando a Los Blanco. Vamos Pedro, es hora de que te arriesgues, tú puedes, calidad tienes para repartir.

Voy ahora con el Súper Combo Los Tropicales actual, al que vemos sumergido en el pasado glorioso del anterior y no quiere salirse de allí. En cada presentación van las mismas canciones de 40 años atrás. Para colmo la voz femenina, me obligaba al escucharla a evocar unas veces a Doris, otra a Verónica y hasta doña Martha Rey. El otro detallito es que la chica no hay escenografía que pegue, la chica se mueve un compás detrás de la música que se ejecuta en ese momento. Al grupo le sale renovación, no en el estilo, sino que ya los temas de ayer son eso, de ayer, y ellos están obligados, si es que regresaron para imponerse, a buscar canciones nuevas. Recuerden que Willy Quintero aún está vivo, así de simple, así de sencillo.

*** Claro que no quiero hacerle competencia a mi maestro Juan Vené, pero el futuro de los venezolanos en las Grandes Ligas será menor en virtud de que el regreso de los cubanos a Las Mayores, ha hecho que los 28 equipos estén obsesionados con jugadores que de nuevo coparán la escena. La diferencia pudiera ser que no son tan jóvenes, la mayoría de 24 años o más, y eso pudiera ayudar a los nuestros. Pero en el futuro la cosas se pondrán difíciles para escalar con la facilidad que lo hacen ahora.

*** Se llama Ana Elisa Moreno, compañera de labores aquí en QUÉ PASA, poetisa y amante de la fotografía. Uno de sus poemas me saca de lo que creí su languidez. Con el mayor de los gustos se lo ofrezco a mis lectores quienes también aman la poesía: Poema para la Virgen. Princesa Adorada: Cualquier color de flor te luce, cualquiera sea la hora te ves como enamorada. Te veo bajar calles y empedradas, calles tristes, espantadas por el miedo que ellos mismos se han impuesto.
Mas tú conoces los brazos que te cargan y los ojos que te contemplan; ya te han llevado antes, con el mismo pesar, con la misma esperanza de alcanzar la juventud que tanto añoran, que se ha venido olvidando a látigos, como un manto de vejez que tiñe las calles de sangre, que lava las mentes jóvenes de gritos y demencias.
Pero te colocas de azul y oro, y sin mover las pupilas generas el llanto, mientras que danzas preciosa, dejando la luz asomarse por los callejones más oscuros de tu tierra. Eres la magnificencia en ese rosa pálido, casi hay vida en tu cuerpo de estatua, casi te prendes y lloras por el calor de tu gente.

Mientras te pasean va cambiando la noche, hay olores exquisitos que parecen salir de la nada. Te ves siempre graciosa Princesa, tan hermosa y tan pura como las flores que te adornan… hermosa sin lugar a dudas.

*** Nos vamos de denuncia. Un amigo me muestra una carta médica firmada por el médico de apellido Bustamante, me reservo el nombre completo. Pues les cuento. Al amigo lo detuvo la policía y le exigió los papeles de su vehículo. Todo en orden menos su carta médica que estaba vencida. El oficial le hablo de la multa por equis número de unidades tributarias que debería pagar. El amigo pidió la multa, el agente le dijo que podían arreglarse allí mismo y como por arte de magia de su bolso extrajo un paquete de cartas médicas y allí mismo se la elaboró al amigo por un costo de 400 bolívares. ¿Quién puede explicar cómo es que estos médicos pueden rebajarse a tanto? La corrupción está corroyendo en todos los niveles.

*** Jesús «Chucho» Villalobos, gaitero de vieja data, será sometido a una intervención quirúrgica el próximo lunes. He tratado de inyectarle ánimo y le hablé vía telefónica de mi experiencia. El mejor consejo, que se pusiera en manos de Dios el mejor médico cirujano del universo, amigo mío y suyo también. Le ofrecí lo único que tengo a manos, orar porque todo salga bien y sé que así será. Que «Chucho» no olvide que Dios es más grande que una mata de coco. Un día después, el día D, hablaremos con tranquilidad.

*** Nos vamos de reflexiones… «Hasta hace cosa de unos 50 años, los hijos acataban el cuarto mandamiento. Nadie se sentaba a la mesa antes que el padre, nadie hablaba sin permiso del padre, nadie repetía el almuerzo sin el permiso del padre, nadie se levantaba de la mesa si el padre no se había levantado antes; por algo era el padre. La madre fue siempre el eje sentimental de la casa, el padre siempre la autoridad suprema. Cuando el padre miraba fijamente a la hija, ésta abandonaba todo y se iba pa′ su cuarto.
Pero entonces vino el papá.

Todo empezó a cambiar hace unas cinco décadas, cuando dejó de ser el padre y se convirtió en papá. El mero sustantivo era ya una derrota. Padre es una palabra sólida, el otro es un apelativo que dio demasiada confianza. La segunda derrota es que papá es una invitación al infame tuteo, el hijo se sintió autorizado para protestar, antes nunca había ocurrido cuando el papá era el padre.

A diferencia del padre, el papá era tolerante. Permitía al hijo que fumara en su presencia, en vez de arrancarle los dientes de un manotazo, como hacía el padre en circunstancias parecidas. Los hijos empezaron a llevar amigos a la casa y a organizar bailes y bebidas, mientras papá y mamá se desvelaban y comentaban en voz baja: ‹Bueno, por lo menos tranquiliza saber que están tomándose unos tragos en casa y no en quién sabe dónde›.

Los hijos empezaron a comer en la sala mirando la tele, mientras papá y mamá lo hacían solos en la mesa; tomaban el teléfono sin permiso, sacaban dinero de la cartera de papá y usaban sus mejores camisas. La hija comenzó a salir con pretendientes sin chaperona y a exigirle a papá que no le pusiera mala cara al novio. Papá seguía siendo la autoridad de la casa, pero una autoridad bastante maltrecha. Nada comparable a la figura prócer del padre.
Y entonces vino el papi.

Papi es un invento reciente de los últimos 30 años. Descendiente menguado y raquítico de padre y de papá, ya ni siquiera se le consulta ni se le pregunta nada. Simplemente se le notifica. ‹Papi, me llevo el carro, dame para gasolina›. Le ordenan que se vaya al cine con mami mientras los hijos están de fiesta y que, cuando vuelvan, entren en silencio por la puerta de atrás. Tiene prohibido preguntarle a la nena quién es ese tipo despeinado que desayuna descalzo en su cocina. Ni hablar de las tarjetas de crédito, la ropa, el turno para ducharse, la afeitadora, las llaves. Lo tutean y hasta le indican cómo dirigirse a ellos: ‹¡Papi, no me vuelvas a llamar —chiquita— delante de mis amigos› aquel respeto que inspiraba el padre y, hasta cierto punto el papá, se transformó en exceso de confianza además en un franco abuso hacia papi: ‹¡Oye, papi, se me está acabando el whisky!›. ‹¡Oye papi, anda a comprar pan!›.

¿Qué seguirá después de papi?

Supongo que la esclavitud o el destierro definitivo. Yo estoy aterrado, después de haber sido nieto de padre, hijo de  papá  y  papi  de  mis  hijos, mis nietas han empezado a llamarme  ‹pa›… Creo que preguntan ‹pa′  que sirves!!!!!!».

*** El pasado miércoles debió ser el  cumpleaños ciento trece años de doña Catherine Beatrice, la madre eterna, quien se marchó el 26 de septiembre de 1992. Claro que nos hace falta convencido que muchas de las situaciones personales por la que he atravesado no hubieran sido, porque al consultarle, la solución estaría allí en sus consejos. Pero siento su presencia porque escogió un olor para que sienta que está próxima y ese aroma nos reconforta. Que sus bendiciones, gracias a Dios; sigan sobre los tres que quedamos.

¡Quedó escrito. Epa, ya está. Nos vamos!

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