El adulante no tiene amigos y le sobran enemigos (Felo Barradas)…
*** Tomo un extracto del mensaje que mi hermano Herbert envió a nuestros sobrinos a un mes de la partida al más allá de nuestro muy querido hermano Luis Hilario: «Estimados sobrinos: En este momento de tristeza para ustedes en la condición de hijos y nietos, así como los demás componentes del grupo familiar, deploro profundamente la inesperada e irreparable pérdida de vuestro padre y abuelo, mi inolvidable hermano Luis Hilario Blackman, acaecida el martes 12 del pasado mes. No obstante, ante tal acontecimiento, quiero compartir con ustedes el pesar que nos embarga, pidiendo al Creador, nos dé la fortaleza necesaria, para superar tan doloroso percance. En lo personal, Dios me permitió desde que vine al mundo, compartir con él las distintas facetas y momentos de su vida: de alegría, dificultades, enfermedades, etcétera, y fundamentalmente, cuando era necesaria e imprescindible, la presencia familiar para trasmitirle nuestro apoyo y estímulo, para superar cualquier vicisitud que debía enfrentar.
Luis fue el hermano que desde muy temprana edad, decidió asumir el trajinar en este planeta Tierra, bajo su propia óptica; vale decir, que en muchas de sus actuaciones, su rebeldía desatendía la disciplina paterna, asumiendo y enfrentando, cualquier circunstancia, preparándose en la llamada «Universidad de la Vida», convirtiéndose con una inigualable inteligencia nata, en un autodidacta en diferentes áreas: contabilidad, política y sobre todo, en lo atinente a cómo enfrentar los problemas cotidianos de la vida, donde nos dejó un tratado, a lo cual me he permitido definir como «Luis Blackman vivió a lo Luis Blackman», del cual pudimos por muchos años tomar lo que debimos hacer o no hacer, para enfrentar, nuestros propios problemas. Por todo lo arriba expresado, y sobre todo por las últimas conversaciones que tuve la oportunidad de compartir con él, tengo la certeza, que Luis Hilario vive hoy, un mundo de gloria, de paz, de alegrías y ensueños, obviamente, mayor de las que disfrutó en vida. Sin embargo, no nos resignamos a aceptar su partida, pero ante tal realidad, solo nos queda rogar a Dios, para que nos dé la conformidad para aceptar, «que al partir, como lo ha hecho Luis Hilario para estar con Cristo, ello es mucho mejor». (Filipenses 1:23).
Asimismo, en estos momentos de tristeza, que nos embarga como familiares, creo oportuno que ante ese hecho, es necesario hacer algunas reflexiones: ¿Qué es nuestra vida? «Ciertamente es como la neblina que se aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece». Santiago 4:14.
*** En la recién iniciada temporada en Maracaibo se transmiten 95 horas/días, en 48 diferentes programas de lunes a domingo. De lunes a viernes se dan 53,5 horas, de las cuales de lunes a viernes van 28 horas de mañana, 24 de tarde y seis por la noche. Los sábados se dan 33 horas, seis por mañana, 24 de tarde y tres por las noches. El domingo son tres horas de mañana y nueve por la tarde. Por las noches no hay ni un solo programa a quien seguir. Todos estos números indican que escuchamos 95 horas días semanales de gaita. El de mayor duración es el Tribunal de la Gaita que permanece tres horas al aire.
En San Francisco se dan 25,5 horas de gaitas al día. Siete y media de mañana, 10 por las tardes y 18 por las noches. Ofrezco también las cifras de Cabimas y Ciudad de Ojeda. Por allende las horas días gaita llegan a 29 repartidas así: 12 por la mañana, siete por las tardes y 10 de noche. Como podrán observar, en Cabimas-Ojeda y San Francisco las horas nocturnas superan a las de Maracaibo, o sea que por este lado no gaiteamos de noche. ¿Eso es así?
*** No todo puede ser tristeza. Soy abuelo por quinta vez, tres hembras y dos varones. La semana pasada Francia Carolina trajo al mundo a Francelys Elena. La alegría se hizo presente además de que hubo otra razón, Franlipe, la otra prolongación de mi apellido, celebró su onomástico y se convirtió en el cumpleañero de la semana, el cual celebró, con derecho a resaca, aunque culpó a una hamburguesa. Vaya el consejo: Lipe sabe que arribó a la edad donde debe mirar la vida de manera diferente, que le llegó la hora de apretarse los machos como dicen en los corrillos taurinos. Felicidades y «vista al pítcher que la bola es nueva».
*** Les ofrezco otra conmovedora historia. La de hoy se llama El Taxi y Por Supuesto, va dedicada a todos esos trabajadores, a muchos de los cuales les llegará directo al alma, sobre todo su última parte: «Hace 20 años manejaba un taxi para poder vivir. Lo hacía en el turno nocturno y mi taxi se convirtió en un confesionario móvil, los pasajeros se subían, se sentaban atrás de mí en total anonimato y me contaban acerca de sus vidas. Encontré personas cuyas vidas me asombraban, me adulaban, me hacían reír y también me deprimían, pero ninguna me conmovió tanto como la mujer que recogí en una noche de agosto.
Respondí una llamada de unos pequeños edificios en una tranquila parte de la ciudad, asumí que recogería gente saliendo de una fiesta, alguien que había tenido una pelea con su amante o un trabajador que tenía que llegar temprano a una fábrica de la zona industrial de la ciudad; cuando llegué a las 2:30 de la madrugada el edificio estaba oscuro, excepto por una luz en la ventana del primer piso. Muchos conductores solo hacen sonar su corneta una o dos veces, esperan un minuto, y después se van, pero yo he visto a muchas personas empobrecidas que dependen de los taxis como su único medio de transporte.
Aunque la situación se veía peligrosa, este pasajero deber ser alguien que necesita de mi ayuda, razoné para mí; por lo tanto caminé hacia la puerta y respondió una frágil voz. Pude escuchar que algo era arrastrado a través del piso, después de una larga pausa, la puerta se abrió, una pequeña mujer de unos 80 años se paró frente a mí, ella llevaba puesto un vestido floreado y un sombrero con un velo, como alguien de una película de los años 40, a su lado una pequeña maleta de nylon. El departamento se veía como si nadie hubiera vivido ahí durante muchos años, todos los muebles estaban cubiertos con sábanas, no había relojes en las paredes, en la esquina había una caja de cartón llena de fotos y vajilla de cristal. Repetía su agradecimiento por mi gentileza.
‹No es nada›, le dije. ‹Yo solo intento tratar a mis pasajeros de la forma que me gustaría que mi mamá fuera tratada›. ‹Oh, estoy segura de que es un buen hijo›, dijo ella.
Cuando llegamos al taxi me dio una dirección, entonces preguntó: ‹¿Podría manejar a través del centro?›. ‹Esto no es el camino corto›, le respondí. ‹Oh, no importa›, dijo ella, ‹No tengo prisa, estoy camino al asilo›. La miré por el espejo retrovisor, sus ojos estaban llorosos. ‹No tengo familia›, ella continuó, ‹el doctor dice que no me queda mucho tiempo›. Tranquilamente alcancé y apagué el taxímetro. ‹¿Qué ruta le gustaría que tomara?›, le pregunté. Por las siguientes dos horas manejé a través de la ciudad. Ella me enseñó el edificio donde había trabajado como operadora de elevadores. Manejé hacia el vecindario donde ella y su esposo habían vivido cuando eran recién casados. Me pidió que nos detuviéramos enfrente de un almacén de muebles donde una vez hubo un salón de baile, al que ella iba a bailar cuando era niña.
Algunas veces me pedía que pasara lentamente frente a un edificio en particular, o una esquina y miraba en la oscuridad sin decir nada. Con el primer rayo de sol apareciendo en el horizonte, ella repentinamente dijo: ‹Estoy cansada, vámonos ahora›. Manejé en silencio hacia la dirección que ella me había dado. Era un edificio bajo, como una pequeña casa de convalecencia, con un camino para autos que pasaba bajo un pórtico. Dos asistentes vinieron hacia el taxi tan pronto como pudieron. Ellos eran muy amables, vigilando cada uno de sus movimientos. Debían haber estado esperando su llegada, yo abrí el taxi y dejé su pequeña maleta en la puerta. La mujer estaba lista para sentarse en una silla de ruedas.
‹¿Cuánto le debo?›, preguntó, buscando en su bolsa. ‹Nada›, le dije. ‹Tienes que vivir de algo›, respondió. ‹Habrán otros pasajeros›, respondí. Casi sin pensarlo, me agaché y la abracé. Ella me sostuvo con fuerza y dijo: ‹Necesito un abrazo›. Apreté su mano, entonces caminé hacia la luz de la mañana. Atrás de mí una puerta se cerró, fue como el sonido de una vida concluida.
No recogí a ningún pasajero en ese turno, manejé sin rumbo por el resto del día. No podía hablar, ¿qué habría pasado si a la mujer la hubiese recogido un conductor malhumorado o alguno que estuviera impaciente por terminar su turno? ¿Qué habría pasado si me hubiera rehusado a tomar la llamada, o hubiera tocado la corneta una vez, y me hubiera ido? En una vista rápida, no creo que haya hecho algo más importante en mi vida.
Los grandes momentos son los que nos atrapan desprevenidos, aquellos que para otros son solo pequeños momentos. La gente tal vez no recuerde exactamente lo que tú hiciste o lo que tú dijiste. Pero siempre recordarán cómo los hiciste sentir «Conserva el recuerdo del perfume de la rosa…y fácilmente olvidarás que está marchita».
*** Los Gaiteros de Chuchín grabaron el pasado lunes y me cuentan que Danelo Badell se alzará con su tema Nunca dejes de Sonar, escrita por Miguel Ordóñez «El Poeta Sencillo». En el grupo están además como solistas Carlos González, Ramón Rincón, quien cada año se supera, Ramón Quero y Énder Linares «Tarasbulba», el inefable, un amigo ideal.
*** En Cabimas a alguien se le salió el tapón por el juicio que hice sobre el maltrato al instrumento —furro— que algunos estudios de grabación le están aplicando y la complacencia de muchos grupos al aceptarlo. Lo ideal sería que me desvirtuaran este juicio que esta cercano a la verdad, que es la que vale.
*** Milagros José Morillo Peña está celebrando sus 10 hermosas primaveras. Dios le ha prodigado todas las atenciones que le han brindado a su florida edad sus padres Ernesto y Xiomara, por eso la felicidad la ha acompañado siempre con la buena de Dios. Entretanto su tía Marianela Contreras Morillo, quien la ha mimado hasta más no poder, también celebra su onomástico lo que indica que el brindis será por partida doble mañana en el Salón La Ocasión Especial, en Coro, estado Falcón. Vaya un «medanal» de felicidades para ambas con recuerdos para doña María, la abuelita cantarina…Celebrar cumpleaños es asunto de ser feliz. Danersy Espinoza Benítez lo fue y sus compañeros de faena en el CDI Valle Frío le brindaron muchos atenciones. Enrique Charles y esta columna se adhieren al bonche.
*** La gaita que más sonó en agosto y septiembre no es nueva y debe tener cerca de 10 años de grabada. Se trata de Qué Molleja de Calor, compuesta por Ricardo Portillo y que se convierte en el grito de desespero de los marabinos en agosto y septiembre. No solamente hubo calor sino que hasta aumento de la tarifa por el uso excesivo de los a/c. Lo cierto es que quien no lo haga se achicharra cuando «El sol de las tres» está en su apogeo y pega en toda la espalda con gusto. Esta gaita es de Astolfo Romero.
¡Quedó escrito. Epa, ya está. Nos vamos!

Milagros José Morillo Peña celebrando por todo lo alto su edad dorada.


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