¿Por qué no soy, ni puedo ser jamás capitalista?

6 de diciembre, 2015 - 1:33 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Porque en el capitalismo, soy un esclavo que vende o alquila su fuerza de trabajo para sobrevivir; debo realizar cualquier trabajo, solo para «ganarme la vida» como decían en el esclavismo; me empujan a competir con mis hermanos de clase, en la rapiña por lograr un puesto de empleo, donde nunca seré dueño de lo que produzco.

Porque el capitalismo me desclasa, me vende la ilusión de que si me rompo el lomo, trabajo como un burro, y si aprovecho las oportunidades, puedo llegar a ser rico. No me dicen que puedo llegar a ser burgués, pero yo termino acariciando esa posibilidad, ya en mi configuración plena de desclasamiento y extrañamiento de la clase obrera y trabajadora, a la cual pertenezco realmente.

Porque el capitalismo, modo de producción de carácter privado perteneciente a la burguesía nacional y trasnacional, no me pertenece a mí, que soy un miembro de la clase obrera y trabajadora.

Porque la burguesía, dueña del capitalismo, es enemiga de la clase obrera, a la cual pertenezco indeclinablemente.

Porque los intereses de la burguesía, enemiga de clase y dueña del capitalismo, atenta contra los intereses de mi clase obrera.

Porque nada espero del capitalismo, más allá de la pobreza, y la miseria de más de 5.200 millones de seres humanos que la explotación del trabajo asalariado, ha lanzado al desahucio; y promueve guerras de invasión y de exterminio; enfermedades de todo tipo lanzadas con el propósito genocida de «despoblar al planeta» tal como la afirmara recientemente la señora Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

Porque no es posible la libertad  para la clase obrera mientras  el capitalismo esté en el poder, fundamentado en la condición privada de la producción, que solo es posible por el trabajo asalariado. En el capitalismo, como decía Alí Primera, solo somos libres «para morirnos de hambre».

Porque solo el capitalismo en su maldad y egoísmo pudo ser capaz de elevar los precios de todas las necesidades de vida para robar al pueblo trabajador venezolano que había sido reivindicado por Chávez, en una mejor calidad de vida, y en consecuencia, acabar con la fortaleza de nuestros salarios; fue capaz también el capitalismo de formar un ejército de «bachaqueros» para desocupar los anaqueles, y provocar un desabastecimiento, mientras el Gobierno Bolivariano con mucho esfuerzo restituye incansablemente los inventarios; fue capaz el capitalismo de entrenar a los empresarios, comerciantes y vendedores, en la corrupción, los malos tratos, la indolencia, los mecanismos burocráticos para aumentar las colas y mantenerlas con sadismo; para culpar a Maduro y a la Revolución Bolivariana, y para provocar el descontento, creyendo que la clase obrera los sigue considerando como bueno. Sinceramente, nosotros estamos claros, y cada día somos más los que repudiamos al capitalismo y no seguiremos apoyando sus miserias.

Porque la propaganda capitalista, basada en la esencialidad ficticia de sus idealismos, me tapa los ojos, el entendimiento y la comprensión, y no me deja ver la explotación profunda a la que es sometida mi clase obrera, que no puede alcanzar la felicidad sin haber derrotado antes al capitalismo con sus miserias, y avanzar en la construcción del socialismo científico, modo de producción de carácter social, más desarrollado que el capitalismo, y en el que no hay pobreza, y en el que se alcanza la paz y la felicidad, verdaderamente.

A votar todos, hoy domingo 6-D, por los candidatos preferenciales de cada elector.

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