Venezuela representa un territorio con privilegios importantes para la producción de alimentos que garanticen la seguridad agroalimentaria, sin embargo, el problema de la alimentación no es exclusivo de nuestro país. La economía mundial está en busca de un punto de equilibrio; por un lado, los países tienen que abordar las secuelas de la crisis financiera mundial, que va desde el sobre endeudamiento hasta el alto desempleo y por el otro, tienen ante sí un futuro con nubarrones. Las tasas de crecimiento potencial se están revisando a la baja, y hoy en día este deterioro de las perspectivas está a su vez repercutiendo en la confianza, la demanda y el crecimiento.
La razón por la cual en Venezuela la crisis financiera y de producción de alimentos se ha manifestado como un problema de orden social a diferencias de otros, la respuesta es sencilla; es común ver en países no muy distanciados del nuestro, supermercados repletos de comida y gente sin poder comprarla producto de los elevados precios unitarios de los alimentos. Ello no desconoce importantes problemas en la producción nacional y distorsiones significativas en los esquemas de distribución, pero ha sido una decisión nuestra proteger a la población de los embates de la economía mundial y de los efectos del capitalismo.
El comercio informal entre ambas fronteras ha sido un tema que se abordado de distintas maneras desde el siglo pasado constituyéndose el contrabando de combustibles y muy recientemente el de alimentos en un fenómeno social que ha trastocado la dinámica social natural entre las poblaciones fronterizas. En la entidad zuliana a esta práctica inusual se le conoce como el «bachaqueo» término coloquial que se acuñó en este lado del territorio nacional y que hoy es sinónimo de una práctica social colectivizada que consiste de ir de un local comercial a otro para recolectar cierta cantidad de productos de la canasta básica, productos de aseo personal y limpieza en el hogar, regulados por el Estado venezolano y desviarlos a un mercado paralelo con altos precios, esto produce un aumento en el valor de la moneda doméstica, de tal forma que el precio relativo de los bienes domésticos se incrementa, generando presiones inflacionarias.
El diferencial entre los dos tipos de cambio —oficial y de mercado— ha permitido la especulación y el arbitraje a una escala masiva. Como colofón, el aumento de la demanda colombiana por bienes de consumo venezolanos implica un aumento considerable en el flujo de mercancías hacia Colombia, lo que genera inflación en nuestro país y conduce a un aumento del contrabando. El flujo masivo de mercancías no registradas hacia Maicao y Cúcuta se puede ver en el comportamiento de la inflación. Lo anterior genera un efecto equivalente a un subsidio para los consumidores colombianos, pues su poder de compra es menor en el vecino país. Ello reduce la demanda por los bienes nacionales y genera menores presiones inflacionarias. Estos problemas son los vértices de la guerra económica de actores que poniendo su lucro personal en primer plano, intentan devastar el curso normal del desenvolvimiento económico olvidando que esta tierra es de todos.






Comente