Por Dirwings Arrieta
En esta época del año, el país se viste de un espíritu especial, ese que nos invita a la alegría, a la esperanza y a la búsqueda de la paz. La mayoría de los venezolanos, sin importar las dificultades que enfrentamos, nos dejamos envolver por el calor de la temporada decembrina, ese momento en que la familia, la fe y la tradición se convierten en el refugio y la fuerza para seguir adelante.
En el estado Zulia, la celebración de la Feria de la Chiquinquirá es un claro reflejo de este sentimiento. Desde el encendido de las luces que iluminan la ciudad y sus calles, cientos de miles de personas han salido a las plazas, avenidas y parques para celebrar la vida. La feria no es solo un evento cultural o religioso, es un símbolo de resistencia y de unión, un espacio donde la gente se encuentra para compartir sonrisas, música, y la esperanza de un futuro mejor.
Sin embargo, en medio de esta alegría popular, surgen voces que quieren romper esta armonía. Recientemente, hemos escuchado pedidos de intervención militar de Estados Unidos contra Venezuela, promovidos por figuras como María Machado. Estas propuestas no solo son irresponsables, sino que atentan contra el derecho de los venezolanos a vivir en paz y a resolver nuestros propios problemas sin injerencias externas.
No queremos guerra. No queremos que nuestro país sea escenario de conflictos que solo traerían sufrimiento y división. Lo que necesitamos es diálogo, respeto y la construcción de puentes que nos permitan avanzar juntos.
La Feria de la Chiquinquirá y la Navidad son momentos para reafirmar nuestra voluntad de paz y nuestra fe en que, a pesar de las adversidades, podemos construir un país donde reine la alegría y la esperanza.
Que estas fiestas sean un llamado a la unidad y al respeto, para que el espíritu decembrino siga iluminando nuestras calles y corazones. Porque más allá de las diferencias, somos un pueblo que quiere vivir en paz y celebrar la vida.






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