Por Soc. Enrique Parra
La reciente gira internacional de la presidenta encargada Delcy Rodríguez por la India y Turquía, no debe percibirse simplemente como un viaje diplomático más en la agenda de Miraflores, sino como geopolítica de paz y de claros objetivos económico en la búsqueda de altos niveles de negocios, garantes del desarrollo económico y social el país.
En un momento de Venezuela con cambios acontecidos y reajuste del desenvolvimiento economico-financiero, el viaje oficial presidencial representa un movimiento estratégico para consolidar el único motor real de la economía nacional (que sin dudas es el petróleo), asegurando alianzas con actores globales que priorizan este tipo de interrelaciónes –diplomáticas, comerciales y negocios productivos– por encima de las tensiones sancionatorias impuestas por el hegemonismo occidental.
En cuanto a la estrategia nacional de comercio exterior bilateral referida, hay que resaltar por una parte, que el regreso del crudo venezolano a la India se convierte en un verdadero pulmón financiero, ya que para Venezuela la reactivación formal de las compras de crudo por parte de la India –el país más poblado del mundo con un desarrollo ávido de energía– es un triunfo incontrovertible a los efectos de ingresos en divisas, con transacciones de país a país.
Después de imposiciones, restricciones, sanciones y bloqueo, observar el crudo venezolano fluir hacia las refinerías indias, otorgará al país ingresos líquidos directos por ventas de hidrocarburos a precio de mercado internacional, rompiendo con el monopolio de los intermediarios buitres y la corrupción de los usufructadores de las condiciones comerciales vulneradas impuestas al país, al margen del Derecho Internacional y a la OMC.
La India necesita petróleo pesado de un proveedor confiable y Venezuela necesita un comprador masivo y constante fuera del radar de las presiones imperialistas; se trata de un ganar-ganar entre países soberanos y de arraigo nacionalista. Así pues, la India posee refinerías de alta conversión, especialmente el mega complejo de Reliance Industries en Jamnagar, refinería de las pocas en el mundo diseñadas específicamente, para procesar con eficiencia y calidad el crudo pesado y extrapesado de la Faja Petrolífera del Orinoco.
De modo que la reciente reunión de alto nivel en Nueva Delhi, entre la presidenta encargada de Venezuela Delcy Rodríguez y el primer ministro indio Narendra Modi, representa una apertura de negocio petrolero valiosa para la geopolítica energética global. Por otra parte, Turquía en su relación afianzada con Venezuela, ha representado una meta comercial ambiciosa y diversificada, los datos revelados dan cuenta de un plan definido para elevar el intercambio comercial bilateral, desde los modestos 448 millones de dólares actuales hasta una meta de 3.000 millones de dólares, soportados en acuerdos preliminares en hidrocarburos, minería, conectividad aérea, transporte, mercancías e intercambio cientifico-tecnologico.
Además, Turquía reitera su relación comercial con Venezuela, no solo en la fluida relación bilateral comercial, sino también, como un territorio clave para expandir sus propios intereses en América Latina; mientras que para Caracas representa una ventana de conectividad e importaciones estratégicas, en sectores donde el aparato productivo nacional sigue aún disminuido.
Los convenios con la India y Turquía son sólidos y están garantizados, esos países actúan bajo una lógica de estricto beneficio mutuo, respetando la soberanía y la autodeterminación de las naciones.
No obstante, la clave estratégica ahora no estará solo en la firma de convenios de mercado común, sino en la capacidad nacionalista de todos los venezolanos de alcanzar mayores niveles de productividad, cumplir oficialmente con los compromisos adquiridos, preservar la estabilidad político-institucional y la paz social para generar la confianza a la inversión, que requieren los capitales forasteros.







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