Editorial: Rotación de los jueces: ¿perversión de la justicia?

28 de julio, 2014 - 1:08 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Las leyes son el verdadero instrumento, estatuido por la sociedad, para ordenar las relaciones de los ciudadanos entre sí y de estos con el Estado, así como para proteger a los débiles de los todopoderosos —el Estado y el Jubiloso Don Dinero—, cuando estos arremeten contra los derechos de los humildes y desposeídos, esos a los cuales toca convivir con cuantos abusan del poder que detenten. ¡Solo la ley te ampara y te salva! La ley es la defensa de los pobres.

Por conclusión en contrario, cuando la ley se pervierte, cualquiera sea la causa, el mundo se nos viene encima y por momentos pareciera acabarnos: En todo caso de prostitución de la ley, siempre seremos víctimas de daños de todo tipo, morales, espirituales y materiales, que siempre lesionan y, algunas veces, sin reparación.

Estamos próximos a la perversa e irreparable rotación de los Jueces de Primera Instancia en lo Penal en Funciones de Control, Juicio y Ejecución de Sentencia: Vale decir, cada uno de ellos pasa a desempeñar cualquiera de las otras dos funciones diferentes a la que viene desempeñando.

Detengámonos en el ámbito de los Jueces de Juicio y nos enteraremos de cuan abyecta y agresiva es la rotación: Lo primero, abyecta, porque es vil y lo segundo, agresiva, porque destruye a quien resulta víctima de la aplicación de esta medida administrativa sin detenerse, ni un segundo, a ponderar el daño irreparable que causan a los procesados.

Cíclicamente, los jueces presidentes de los circuitos penales del país, ordenan la rotación de los Jueces de  Primera Instancia en Funciones de Juicio y por dicha rotación se entiende que unos pasan a Control y otros a Ejecución, rotación que igual y bajo la misma modalidad se aplica a los de Control y de Ejecución.

Al momento de rotar a un Juez de Juicio, todas las causas que se encuentren en proceso y aún, ya solo en espera de sentencia, se reponen al estado de ventilarse de nuevo el juicio: Nada de lo actuado tiene valor, ni mérito procesal y el nuevo juez de Juicio habrá de conocer todas las causas pendientes, todas, comenzando de cero; leyó bien, amigo lector, comenzando de cero.

El juicio puede llevar, en curso, un (1) mes, seis (6) meses, uno, dos, tres o más años, demora esta que es fácil de entender conociendo el desastre que es en Venezuela la administración de justicia, desastre que se convierte en infamia cuando se produce la rotación, pues con ello todo lo actuado se perdió, queda sin efecto y el juicio tiene que comenzar de nuevo: El procesado, si se encuentra privado de libertad, continuará en el retén policial por sabe Dios cuantos años más.

Esta locura: ¿Es Justicia? ¿Podemos, sin hundirnos en la vergüenza, contar esto en cualquier foro internacional sobre la administración de la justicia en Venezuela?

Veamos lo que dice el artículo 26, segundo párrafo, de la Constitución Bolivariana: «El Estado garantizará una justicia gratuita, accesible, imparcial, idónea, transparente, autónoma, independiente, responsable, equitativa y expedita, sin dilaciones indebidas, sin formalismos o reposiciones inútiles.

Pregunto a los magistrados integrantes del Tribunal Supremo de Justicia: Si por esas desgracias de la vida, un familiar de su mayor afecto, tuviese que ponerse en manos de la justicia: ¿Rotaría usted los jueces y se amoldaría a la repetición del juicio? Seguro estoy que no, que nunca dejaría que un hijo, padres, hermanos o cualquier otro familiar de su intimidad cayeran en las garras de eso que, en cualquier parte civilizada del mundo, calificarían de  bestialidad apocalíptica.

Si Hugo Chávez viviera y se enterase de la locura procedimental que comento, moriría de indignación, pena y dolor al ver, el sentido y propósito de su lucha por alcanzar la suprema justicia social, pisoteado por crueles, ignorantes y torpes quienes juegan con la aplicación de las leyes, privando de libertad a personas a las cuales se supone inocentes hasta tanto se demuestren culpables y los mantienen presos sin miramiento alguno por el irreparable daño que se les causa.

A todos y todo se lo llevan por delante: Principios, convicciones, los valores esenciales de la vida y el débito social para con los débiles, los desamparados y los huérfanos de justicia.  

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