De cómo me siento trabajador

3 de agosto, 2014 - 3:32 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Conversé con un campesino sobre la vida que le había tocado vivir. Hablamos de la pesca, de los días domingo y de sus expectativas de salir a la ciudad. Mirando lejos, me dijo: «Voy a contarte cómo fue que comencé a sentirme trabajador».

«He soñado con cabañuelas, pero como desconfío de ellas, he visto la Luna y la encuentro rodeada de agua, como la clara de un huevo rodeando la yema.  Me levanto. Hay que preparar la tierra para sembrar los frutos que necesita el pueblo del campo y la ciudad. El trabajo, en el que sí confío plenamente, es la fuerza activa, consciente y articulada que produjo, produce y producirá todo lo que se hizo, se hace y está por hacerse. Saber esto no hace que recupere lo que produce mi trabajo, que pertenece a mi patrón que resarce con un sueldo insuficiente, las penurias  y las calamidades que tengo que pasar para hacer parir la tierra y levantar las espigas hasta la cosecha;    sin embargo, sí me sirve para identificarme como trabajador, para saber el lugar que ocupo dentro del proceso de producción. Me basta para saber que los millones de explotados en la sociedad de mi espacio nacional y del mundo, son mis hermanos de clase.

He ido descubriendo verdades que nunca supe. Ahora sé que los trabajadores del sector primario, campesinos como yo, somos hermanos de los obreros y trabajadores del sector secundario y terciario. En este momento sé muy bien qué son mis hermanos de clase y que, por tanto, tenemos que luchar juntos, hermanados como camaradas contra el modo de producción capitalista y su cultura de encadenamiento de la conciencia proletaria. Justamente ahora que sé quién soy, es decir, que sé a qué clase pertenezco, siento la necesidad de iniciar el desarrollo de mi conciencia de clase, conciencia extendida profundizada en la necesidad de cambiar el carácter privado de la producción por ese más desarrollado, de propiedad social y de la transición socialista.

Para llegar a descubrir estas verdades, antes ocultas para mí, un camarada del PCV me regaló el Manifiesto del Partido Comunista escrito por Marx y Engels, y que leí y he releído varias veces, tantas veces, que creo que me lo sé de memoria. Es el libro más importante que hasta ahora he leído, este texto es nada más y nada menos, el primer programa de los trabajadores en contra de la explotación capitalista. Cuando he salido a la ciudad he buscado libros del mismo tenor, a este tan fundamental para identificar mi clase y la defensa de los intereses de clase, el internacionalismo proletario en la lucha por la liberación y la construcción del socialismo científico. En una librería antigua he comprado La Ideología Alemana de Karl Marx. Voy a comenzar su lectura la semana que viene.

Estoy persuadido en este momento de la importancia de la lectura, pero no de cualquier lectura, es indispensable leer los libros que de algún modo contribuyan a liberar la conciencia oprimida de los trabajadores para identificarla y elevarla a la condición de desarrollo de la convicción de apego a  clase para luchar como clase dominada, hasta vencer el modo de producción capitalista y su cultura de opresión.

Estoy acostumbrado ya a leer media hora diaria antes de comenzar mi faena, estoy ansioso por saber los detalles de cómo fue que el capitalismo encadenó mi conciencia de clase, cómo hago para liberarla y cómo transmito esa experiencia a otros obreros y  trabajadores del campo y la ciudad».

¡Proletarios de todos los países uníos!

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