1936, 1958, 2016 y la lucha continúa…

9 de mayo, 2016 - 3:04 pm
Redacción Diario Qué Pasa

El 27 de abril, mi padre, Ángel Lombardi (@angellombardi), hizo un tuit, que inspiró mi artículo semanal «En 1936, calma y cordura, en 1958, unidad y democracia, en 2016: calma, cordura, unidad, cambio, democracia y reconciliación de todos los venezolanos» en apenas 140 caracteres, logró sintetizar de forma magistral, tres acontecimientos históricos contemporáneos que marcan la difícil lucha por la conquista de la democracia en Venezuela.

1936, fue un año significativo para la democracia venezolana, transición asumida por el general López Contreras después de 35 años de dictadura gomecista, era impensable que un hombre formado en el gomecismo, iniciara un proceso de reformas, capaces de abonar un terreno antagónico a la dictadura, lo que terminó consolidándose en 1958, con su famosa frase «calma y cordura» logrando apaciguar los demonios del caudillismo, militarismo y las guerras civiles que acechaban la etapa de transición que dirigía. Habilidad, garra y guante de seda, fueron sus características para salir airoso, pareciera que la historia, a través de Eleazar López Contreras, nos envía un mensaje contundente del camino que debemos tomar y asumir en estos tiempos de tormenta y tempestades.

A pesar de los avances alcanzados en la reivindicación democrática, los fantasmas del militarismo y caudillismo revivieron en 1945 y 1953, consolidándose nuevamente una dictadura encabezada por Marcos Pérez Jiménez, a diferencia de la dictadura gomecista, los deseos fervorosos de libertad, progreso y democracia eran fuertes, organizados y consolidados en la sociedad venezolana. Fue así como en 1958 es derrocado Pérez Jiménez y con él la dictadura, en todo este proceso, además de los militares, la junta patriótica jugó un rol estelar, no eran más que civiles movidos por el deseo de cambio y libertad.

Hay un criterio generalizado sobre la estabilidad democrática que imperó sobre el período 1958/1998, 40 años de desarrollo y progreso, con altos y bajos pero enmarcados en un pacto institucional que garantizaba el sistema democrático, el Estado de derecho y la gobernabilidad, reglas de juego mínimas que impidieron se impusiera nuevamente en Venezuela un sistema distinto al democrático, varios fueron los intentos por sustituirlos, pero fracasaron. Desde mi perspectiva, no tengo dudas que la experiencia democrática, iniciada formalmente en 1958, fue un hito que marcó la cultura política en el venezolano, con ella el deseo de vivir en democracia, todas las encuestas coinciden en que los venezolanos mayoritariamente prefieren el sistema democrático sobre cualquier otro sistema político existente. Recientemente la Universidad Católica de Chile, realizó una encuesta entre 22 naciones de la región, resultando Venezuela en el tercer lugar, 78,4% de los encuestados en Venezuela manifestaron creer y apoyar el sistema democrático.

Desde 1998 hasta nuestros días el país ha atravesado un clima de inestabilidad política y social que se ha venido agudizando con la profundización de la confrontación, el deterioro económico y la muerte del líder del proceso revolucionario, Hugo Chávez, un proyecto político que según Fernando Mires no puede catalogarse como dictadura, prefiere decir al respecto «que existen algunos espacios democráticos y otros que no, lo que produce una tensa coexistencia. Comparar la situación de Venezuela con la dictadura de Pinochet es una aberración. En Chile era imposible hablar en público, en las dictaduras no hay lugar para la disertación: allí no existe oposición sino disidencia. Sin embargo, el gobierno en Venezuela tiene comportamiento dictatorial».

Después de muchas elecciones en donde el gobierno mantenía una hegemonía de victorias, llegó el 6 de diciembre y así un triunfo opositor contundente, una diferencia de más de 2 millones de votos frente al gobierno, mostró un deseo irrenunciable de cambio dentro de las reglas democráticas, sin embargo, contrario a lo que muchos piensan y desean, Gobierno y oposición profundizaron la confrontación, al respecto Fernando Mires, nos dice: «No se va hacia nada bueno, no solo por la crisis sino por las distintas posiciones que existen con respecto a cómo superarla. No hay claves de entendimiento entre los distintos actores. El Gobierno hizo lo que tenía que hacer desde el punto de vista vocacional: construyó un búnker de poder inexpugnable para evitar que la oposición acceda a gobernar». Según esta afirmación, el pueblo venezolano se debate entre confrontación o entendimiento, no hay marcha atrás, el deseo de cambio expresado el 6-D es irrenunciable, las encuestas coinciden en que siete de cada 10 venezolanos quiere un cambio de gobierno y por el lado oficialista se aferran a su proyecto político en términos de vivir o morir.

En esta difícil encrucijada, debemos tomar decisiones, allí es cuando Ángel Lombardi en la parte final de su tuit, nos invita a «cambio, democracia y reconciliación de todos los venezolanos» sigamos empeñados en el cambio democrático, pacífico y constitucional, teniendo claro que es imperativo reconciliar a toda la sociedad venezolana, solo así será posible generar la paz y estabilidad requerida para progresar.

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