El título de este artículo, corresponde al último ensayo de Luis Pedro España, según Sartori «la desventaja reside en que, con demasiada frecuencia, no nos entendemos. Al utilizar los mismos vocablos, decimos (en apariencia) lo mismo, pero pensamos (en sustancia) otra cosa muy diferente».
Esta frase de Sartori pudiera de alguna manera explicar, las diferencias aparentes que existen entre los venezolanos, cuando en realidad seguimos siendo iguales, somos una Venezuela popular, que, según el prólogo del libro escrito por Ángel Oropeza, la define como: «compleja, adolece de institucionalidad y formalidad modernas. Ha sido construida sobre la improvisación y el ingenio que derivan de las necesidades de subsistencia y adaptación a un entorno socioeconómicamente difícil. Posee un entramado normativo esencialmente premoderno, con rasgos positivos y otros no tanto, y un comportamiento que denotan una relación provisoria con su entorno. La distingue la precariedad constante y la laxitud de límites entre lo privado y lo público».
Según Luis Pedro España, Venezuela vive un círculo vicioso de pobreza, que inicia en el poco acceso y baja calidad a servicios de educación y salud, seguido de bajas capacidades productivas y poco acceso a las oportunidades, sumados el precario empleo y los bajos ingresos.
El barrio está definido como un espacio alegre, una fiesta callejera incesante «música, carros, conversas de las que te puedes enterar desde lejos, saludos, golpes de construcciones domésticas, una especie de telón de fondo que pareciera espantar los problemas».
La familia, según España, significa para el venezolano un deseo de tranquilidad, «el deseo común de cualquier pareja venezolana que forma un nuevo hogar es vivir cerca de la mama», la familia es escuela, centro de atención médica, institución financiera, sistema de seguridad y única o principal fuente de entretenimiento, al respecto dice el autor «es asombroso que esto le pueda parecer normal a la mayoría…La familia no puede ser el centro de la sociedad porque el modelo de individuo que la sociedad moderna requiere resulta incompleto… En la vida familiar privan los afectos, las consideraciones especiales, para con las particularidades de cada uno de sus miembros, está llena de perdones, cuando no de omisiones». Según el profesor Samuel Hurtado, investigador y experto en sociología de la familia, la define como un grupo de mujeres emparentadas entre sí, «redes de mujeres vinculadas por un parentesco; madres, hijas, abuelas, nietas, hermanas, tías, sobrinas, tejen el vínculo familiar».
En el Hogar, el dinero es administrado por la persona que se queda en la casa, generalmente la mujer, hay dos formas de administrarlo, la primera es haciendo un pote común, con el cual se pagaran los gastos fijos, la segunda es a través del aporte que cada miembro hace al presupuesto del hogar. Con respecto al ahorro y la inversión, normalmente se recurre a lo que se conoce como «san», una especie de sistema de ahorro informal, realizado entre un grupo de vecinos, amigos, compañeros de trabajo o familiares, sin embargo, es la solidaridad familiar, el mejor recurso ante cualquier eventualidad no prevista.
En conclusión, España, afirma que no es el pabellón, la arepa o el joropo lo que explica la venezolanidad, pretender explicarlo de esa manera seria una simplificación que pudiera excluir a muchos venezolanos que no les gusta tal o cual comida; son tres cosas las que según el autor definen al venezolano «tres cosas que todos llevamos dentro, que trasciende lo temporal de las cosas o lo particular de los gustos para convertirse en pieza definitoria de lo que somos 1) Acceso a bienes y objetos que además de satisfacer necesidades, nos den placer y nos permita mostrar estatus 2) Derecho al pataleo, como forma popular de decir «libertad de expresión» 3) El voto, como instrumento para resolver todo aquello en lo que tenemos diferencias en la sociedad, una manera de rechazar el abuso y de evitar conflictos.






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