La filosofía de «La Voz de los Sin Voz», es un tema que ha pasado a través de los años por periódicos, radio, televisión y ahora en las redes Twitter y Facebook, nos conseguimos con páginas dedicadas a promover la voz cultural, artística y social de sectores de la sociedad que no tienen acceso y posibilidad de dar a conocer sus ideas, creaciones e inquietudes. Una buena referencia es el legado que nos dejo el escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015), quien dedico su obra a dar voz a los que no la tienen en América Latina. Desde la publicación de «Las Venas Abiertas de América Latina», en 1971, las enseñanzas de Galeano se convirtieron en clásicos de la literatura política del continente, siempre en permanente lucha por la defensa de los oprimidos y marginados. Esta obra era descrita por Galeano como una contra-historia económica y política con fines de divulgar datos desconocidos de Latinoamérica, que a pesar de representar acontecimientos aciagos, Galeano los presenta con amor y con un llamado a la esperanza de lograr un mundo mejor, impregnado siempre de visión futurista.
Pero en esta ocasión queremos referirnos a la citada filosofía, presentada bajo la modalidad de homilía, transmitida vía ondas hertzianas en la emisora de la ciudad de San Salvador. Era la voz del Obispo Oscar Arnulfo Romero (1917-1980), quien con sus mensajes reconfortaba a los que sufrían la represión de la época, ya que su país estaba sumergido en un grave conflicto social, donde 14 familias dominaban la economía y más del 70% de la población eran pobres, no poseían tierras y apenas comían y trabajaban en las fincas de café en condiciones indignas. Monseñor Ricardo Urioste, ex Vicario General de la Arquidiócesis, expresaba que admiraba al Padre Romero, porque cuando nadie criticaba al gobierno, solo el alzaba su voz para defender a la gente. Por esa razón la gente sentían que era «La Voz de los que no teníamos voz». Mientras el pueblo lo seguía y respetaba, la oligarquía y el ejército odiaban a Romero.
Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, arzobispo de San Salvador nació el 15 Agosto de 1917 en el pequeño poblado de Ciudad Barrios, Departamento de San Miguel y murió asesinado el 24 Agosto de 1980 en San Salvador cuando celebraba misa y se disponía a presentar las ofrendas de pan y vino. Su ofrenda fue una bocanada de sangre, producto de una certera bala, disparada con precisión profesional para derribar el pequeño e hiperactivo cuerpo de Monseñor Romero. Tenía para el momento 63 años de edad y 3 años de servicio arzobispal, habiendo entregado su existencia entera al servicio del pueblo salvadoreño, especialmente al pueblo pobre y oprimido. Sus antecedentes pastorales visionaban un tipo de postulado pacato, espiritualista y puritano, más inclinado al servicio de los poderosos que a la solidaridad con los pobres. Por esa razón el gobierno militar del Coronel Arturo Armando Molina y para los grupos de intereses económicos era atractivo promover su nombramiento ante las altas esferas de la curia vaticana como Arzobispo de San Salvador. No obstante para beneplácito de los pobres y asombro de los poderosos y gobierno salvadoreños, desconcierto de la curia vaticana y conmoción del Departamento de Estado Norteamericano, se convirtió simplemente en un Monseñor, dedicado a despertar al pueblo salvadoreño y llevarlo por el camino de la esperanza, para construir un país donde reinara la justicia y el amor.
Precisamente producto de esas luchas sociales, dio pie para que desde el 24 marzo 1990, se comenzara el proceso de beatificación del Monseñor Romero. La causa para la beatificación estuvo bloqueada y fue el Papa Francisco quien la desbloqueo en 2013 y en Febrero 2015 aprobó el decreto en que se reconocía el “Martirio” de Romero in odium fidei, es decir que fue asesinado por «odio a la fe». Finalmente San Romero de América fue elevado como Beato el pasado sábado 23 Mayo a los altares en su natal El Salvador, en un acto de masa, donde se resalto su amor por los pobres y lucha por la justicia. En la construcción de Maracaibo 2029, necesitamos también «La Voz de los Sin Voz» en lo Urbano, Cultural, Ambiental y Social para garantizar una ciudad Humanista, Inclusiva y Participativa para las generaciones de relevo.
Contamos con Vos!






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