Carta Pública a Lorenzo Mendoza de Empresas Polar

4 de mayo, 2015 - 12:12 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Carta pública respondiendo
a otra carta pública

Maracaibo, 1 de mayo de 2015

Señor
Lorenzo Mendoza
Presidente de Empresas Polar
Ante su vista

Distinguido señor y exitoso empresario: quisiera agregar, la condición de amigo, pero debo esperar por su reacción al contenido de esta carta que mucho antes debí escribirle.

Siento respeto y consideración por usted, porque sin duda es un hombre laborioso, que no solo supo administrar, con juicio, acierto y tenacidad, la fortuna heredada, sino la ha multiplicado, no puedo estimar por cual exponente matemático, pero estimo, por el sentido de las dimensiones, que por mucho.

Sus productos, símbolos del conjunto de sus empresas, abanderadas por la nave insignia de su flota, La Polar, acompañada por la harina precocida y el resto del valiosísimo inventario integrado por los activos de las divisiones industriales, sumándoles el área comercializadora y cuanto presenta usted como lo más valioso de su conglomerado productivo: el capital humano, personalizado por su grupo de accionistas y directivos, sus ejecutivos en todos los niveles, sus empleados junto con sus obreros y, nótese que empleo con insistencia el posesivo, que son el conjunto de pilares sobre los cuales está montado ese imperio, de gran mérito, que conocemos como Empresas Polar.

No olvido la cuarta fuerza que integra su conglomerado empresarial, la financiera, moviéndose el conjunto: industria, comercio,  recurso humano y, financiero al unísono con el  magistral manejo de la opinión pública, dirigida a formar, la imagen que gozan, a nivel nacional e internacional, Lorenzo Mendoza y Empresas Polar, en medio de todo ese tinglado del quehacer productivo, que cuenta y usted con legítimo orgullo anuncia, con más de 30 mil trabajadores, que unidos, configuran su influyente y determinante poder: económico, político y social, que ninguna institución u organismo del Estado, ni de la sociedad, pueden desconocer y menos, ignorar.

Por años he asumido como propio, uno de los postulados del credo de la Cámara Junior Internacional, a la cual pertenecí en mis años mozos: «El progreso económico se alcanza mejor, por hombre libres a través de la libre empresa».

Pero al proclamar dicho postulado saltaba la pregunta que por años he tratado de responder con equidad: ¿En qué punto la libertad convierte al empresario en hacedor absoluto y como resultado de ello, en cultivador del monopolio del mercado y en esclavista de las masas consumidoras de bienes y servicios?

¿Gozarían hoy los trabajadores las inmarcesibles bondades, que ya hoy no se pueden derogar, derivadas de los avances en la legislación laboral mundial, si la conjunción de las fuerzas productivas de ellos, aunadas a las fuerzas políticas de avanzada, no se hubiesen impuesto, parodiando a Sir Winston Churchill, en medio de sangre, sudor y lágrimas, derramadas en sangrientas batallas, con muertos y heridos?

¿Son las promociones deportivas, de festividades populares, de jolgorios feriales, etc., una acción graciosa o, por el contrario, con ellas se busca asegurar el aumento de las ventas y, de ser posible, la exclusividad de los productos en los multitudinarios espectáculos que se patrocinan? ¿No emplean las empresas productoras de bienes de consumo masivo artilugios que buscan ejercer la Posición de Dominio, constitucionalmente prohibida? ¿Cuánto no hacen para subordinar el detallista a los designios de sus departamentos de mercadeo y ventas?

Usted está consciente del inmenso poder económico, social y político que tiene: ¡Qué es mucho, señor! ¿No habrá llegado el momento de colocar en manos de sus conciudadanos, cuotas de su capital societario, en obsequio al bien público y social? ¿Cuántas empresas, de genuino raigambre capitalista, no practican políticas de integración social, mediante la emisión de acciones populares para que sus tenedores participen de las ganancias que el masivo consumidor anónimo ayuda a producir?

Por otra parte, siendo usted el empresario señero del país, le sugiero asumir la promoción del empresario seguidor de convicciones y practicante de principios morales y éticos —para ello cuenta con maestros en la construcción de imagen— para combatir y vencer lo que tanto daño, perverso por momentos, ha causado al empresariado nacional mancillado por no deslindarse de los pillos; no se trata de señalar en estos sus pecados, sino en aquellos, sus virtudes.

Los empresarios libres y la libre empresa no están excluidos, tampoco marginados, dentro de la filosofía política plasmada en el Socialismo del Siglo XXI: Hasta la saciedad, Hugo Chávez Frías conceptualmente promovió, defendió y hasta ofreció incentivos para animar la integración dinámica de la empresa privada al esfuerzo de impulsar el desarrollo económico del país; infortunios y graves equivocaciones, de una y otra parte, propiciaron los esfuerzos de separación, a Dios gracias, no consumados.

Recuerde señor: Trascender las individualidades a los pueblos demanda ser líder, reconocido como tal, aceptado y en buena medida imitado: Creo que usted lo es y ejemplarizantes deben ser sus acciones.

No es fácil lo que le sugiero, pero, ¿cuánto ganarían, el país y usted, si encabeza una campaña para promover, proteger y defender los empresarios honorables, cargados de dinero, pero también de dignidad?

Ustedes los grandes empresarios cargan un Pecado Original: Permitieron, y lo peor, por miedo, la formación del siguiente juicio de valor: Ser empresario es ser un corrupto, enriquecido de tanto robar al Estado. Señor: ¡O acaban con eso, o eso acaba con ustedes!

Quedo de usted, ante la expectativa de un país que se mueve en medio de las más singulares expectativas, tirado de un lado y del otro, pero sin tener cierto cual será el destino final.

Amigo, hay tiempo para todo, menos para perderlo.

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