Francis Juzga

1593 FRANCIS COLUMNAAA
1 de mayo, 2015 - 2:14 pm
Redacción Diario Qué Pasa

*** Amar a Dios sobre todas las cosas. Así reza el primer artículo de la constitución divina, pero entre esos diez mandamientos (artículos) hay uno, el segundo de ellos, que establece «Ama a tu prójimo como a ti mismo» al cual el ser humano no presta menor atención, porque es difícil de cumplir. «Amar al prójimo como a uno mismo» no es tarea fácil, porque hay personas que no se aman así mismo, entonces tampoco aman a nadie. Siempre existirá una persona con quien no congeniamos, a quien rechazamos, apartamos de nuestras vidas, y de ese modo no lo estamos amando en absoluto. En consecuencia fallamos en uno de los mandatos de la constitución más corta jamás creada y que el hombre no acata.

*** Lo del regreso de la Universidad de la Gaita sigue tomando cuerpo. Hasta ahora conozco de la contratación de seis solistas, a saber: Danelo Badell, Pablo Grey, Osías Acosta, Leonel Gutiérrez, Raúl Ernesto Fernández y Renny Alexánder Romero. Fernández es el menos conocido en el ambiente de la gaita y Renny es hijo de Astolfo Romero «El Parroquiano».

*** Como promoción turística me parece muy bien que Jorge Celedón haya escogido a Maracaibo, específicamente la calle Carabobo, para grabar uno de sus vallenatos de su próxima producción. Que en otros países disfruten lo pintoresco de esa calle, claro que nos agrada. Aplaudimos la idea y agradecemos al neogranadino la gentileza para con nuestra ciudad.

*** Reflexiones: Érase una vez en la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles. Juntos  pensaban sobre lo que querían llegar a ser cuando fueran grandes. El primer arbolito miró hacia las estrellas y dijo: «Yo quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y ser llenado de piedras preciosas. Yo seré el baúl de tesoros más hermoso del mundo!». El segundo arbolito miró un pequeño arroyo realizando su camino al océano y dijo: «Yo quiero viajar a través de aguas temibles y llevar reyes poderosos sobre mí. Yo quiero ser el barco más imponente del mundo!». El tercer arbolito miró hacia el valle que estaba abajo de la montaña y vio hombres y mujeres en un pueblo trabajador, «Yo no quiero irme de la cima de la montaña nunca. Yo quiero crecer tan alto que cuando la gente del pueblo se pare a mirarme, levantarán su mirada al cielo y pensarán en Dios. Yo seré el árbol más alto del mundo!».

Los años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles crecieron altos. Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña. El primer leñador miró al primer árbol y dijo: «Qué árbol tan hermoso es este!», y con la arremetida de su hacha brillante, el primer árbol cayó. Ahora me deberán convertir en un baúl hermoso, deberé contener tesoros maravillosos!», dijo el primer árbol. El segundo leñador miró al segundo árbol y dijo: «Este árbol es muy fuerte, es perfecto para mí». Y con la arremetida de su hacha brillante, el segundo árbol cayó. «Ahora deberé navegar aguas temibles!», pensó el segundo árbol. «Deberé ser un barco imponente para reyes temidos y poderosos».

El tercer árbol sintió su corazón sufrir cuando el último leñador lo miró. El árbol se paró derecho, alto y apuntando ferozmente al cielo. Pero el leñador ni siquiera miró hacia arriba y dijo: «Cualquier árbol es bueno para mí». Y con la arremetida de su hacha brillante, el tercer árbol cayó. El primer árbol se emocionó cuando el leñador lo llevó a una carpintería.

Pero el carpintero lo convirtió en una caja de alimento para animales de granja. Aquel árbol hermoso no fue cubierto con oro, ni llenado de tesoros, sino que fue cubierto con polvo de cortadora y llenado con alimento para animales de granja hambrientos. El segundo árbol sonrió cuando el leñador lo llevó cerca de un embarcadero, pero ningún barco imponente fue construido ese día. En lugar de eso, aquel árbol fuerte fue cortado y convertido a un simple bote de pesca. Era demasiado chico y débil para navegar en el océano, ni siquiera en un río, y fue llevado a un pequeño lago.

El tercer árbol estaba confundido cuando el leñador lo cortó para hacer tablas fuertes y lo abandonó en un almacén de madera. «¿Qué estará pasando?», fue lo que se preguntó el árbol, «yo todo lo que quería era quedarme en la cumbre de la montaña y apuntar a Dios…» Muchísimos días y noches pasaron. A los tres árboles ya casi se les había olvidado sus sueños. Pero una noche, una luz de estrella dorada alumbró al primer árbol cuando una joven mujer puso a su hijo recién nacido en la caja de alimento. «Yo quisiera haberle podido hacer una cuna al bebé», le dijo su esposo a la mujer. La madre le apretó la mano a su esposo y sonrió mientras la luz de la estrella alumbraba a la madera suave y fuerte de la cuna. Y la mujer dijo: «Este pesebre es hermoso». Y de repente, el primer árbol supo que contenía el tesoro más grande del mundo.

Una tarde, un viajero cansado y sus amigos se subieron al viejo bote de pesca. El viajero se quedó dormido mientras el segundo árbol navegaba tranquilamente hacia adentro del lago. De repente, una impresionante y  aterradora tormenta llegó al lago. El pequeño árbol se llenó de temor. Él sabía que no tenía la fuerza para llevar a todos esos pasajeros a la orilla a salvo con ese viento y lluvia. El hombre cansado se levantó, él se paró, y alzando su mano dijo: «Calma». La tormenta se detuvo tan rápido como comenzó. Y de repente el segundo árbol supo que el llevaba navegando al rey del Cielo y de la Tierra.

Un viernes en la mañana el tercer árbol se extrañó cuando sus tablas fueron tomadas de aquel almacén de madera olvidado. Se asustó al ser llevado a través de una impresionante multitud de personas enojadas. Se llenó de temor cuando unos soldados clavaron las manos de un hombre en su madera. Se sintió feo, áspero y cruel. Pero un domingo por la mañana, cuando el sol brilló y la tierra tembló con júbilo debajo de su madera, el tercer árbol supo que EL AMOR DE DIOS HABÍA CAMBIADO TODO. Esto hizo que el árbol se sintiera fuerte, y cada vez que la gente pensara en el tercer árbol, ellos pensarían en Dios. Eso era mucho mejor que ser el árbol más alto del mundo.

*** La próxima vez que te sientas deprimido porque no conseguiste lo que tú querías, solo siéntate firme, y sé feliz porque Dios, SIEMPRE, está pensando en algo mejor para darte.

*** Por lo que leo en la prensa, si un lunes llego a requerir alguna medicina por sufrir problemas de salud y mi cédula finaliza en 9, tendré que esperar hasta el viernes para adquirirla, o sea, que me puedo morir tranquilo, sin apuros. No soy tan inteligente para entender esta decisión que en nada beneficia a nadie. Amigo no se sienta indispuesto, ni se te ocurra enfermarte. Sé firme y ruéguele a Dios todos los días por tu salud, de lo contrario la pasarás mal, junto a tu familia.

*** Si me tocara condecorar a personas en el Día del Trabajador, lo haría con los llamados «salserines», porque trabajan, así llueva, truene o relampaguee o bajo un inclemente sol, todos los días, Carnaval, Semana Santa, feriados, Navidad, Año Nuevo y lo mejor no le piden aguinaldos a nadie. Luego a miembros del Cuerpo de Bomberos, el único uniforme no contaminado, a no ser por humo, agua, lodo de los incendios que apagan, y sangre de la gente que rescatan. Después lo haría con una señora que se encarga de las áreas verdes del lugar donde vivo, quien también es adicta al trabajo y sobre todo muy responsable. Pese a conocerla desde hace treinta años, apenas sé que se llama Rosa Parral y se ha ganado mi respeto por la seriedad con que se ha comportado durante años.

*** Pregunto, quien me responde, protesta donde te escondes ¿de dónde salieron los dólares para el empresario que contrató a Arjona? Esas son las cosas que no entiendo y de allí que siempre ande con la preguntadera.

*** Hoy está de cumpleaños mi hermano Herbert Lynch Blackman. Con quien jamás he tenido la más mínima discusión y eso se deriva del respeto que le he manifestado a lo largo de nuestras vidas, cada quien respetando el derecho del otro. Eso nos ha dado un resultado de profundas dimensiones. ¿Desacuerdos? Claro que sí, pero nada del otro mundo. Con seis sobrinos por quienes siento una profunda admiración y por encima de eso un gran respeto. Herbert debe considerarse bendecido por Dios, por la forma cómo sus hijos le han respondido como ciudadanos. Felicitaciones al brother. Haré todo lo posible por tener el pasaporte listo para ir hasta Mara Norte.

*** Propicia la oportunidad para felicitar a la síster Nelly Irma por el Día del Bioanalista, extensible a todos quienes practican esta noble profesión.

*** La misericordia de Dios ha permitido que doña Catalina Riera de Morillo, nacida en Churuguara el 30 de abril de 1915 y marabina desde hace noventa y nueve, celebrara ayer cien (100) años de edad. Si en estos momentos por allá por La Lago hay una familia feliz, es la Morillo Riera, más los agregados como los hermanos Charles Parra. Supongo que todos habrán dado infinitas gracias al Sumo Creador por haberles brindado la dicha de tener a su madre a su lado a esa edad. La felicidad de toda la familia está en que Dios se las ha dejado disfrutar al máximo. Sus hijos María, José, Margarita, Georgina (+), Lourdes, Julia y Gilberto (+), nietos (11) y bisnietos (2) y choznos (3), todos estarán a su lado celebrando, comenzando por una misa de acción de gracias por el privilegio que Dios les ha brindado. Desde alguna lejana galaxia, Georgina, Gilberto y el gran ausente, Jesús Contreras, celebran también. Los amigos de la familia estaremos pidiendo las bendiciones que vengan de lo alto y la cubran con su manto divino. Felicidades a doña Catalina en su emblemático cumpleaños.

*** El otro cumpleañero de ayer fue Franklin García Bracho, mi hermano amigo, de quien estoy más que agradecido porque nuestra fraternidad es de raíces profundas. Confío en que Dios le tenderá la mano en el momento justo, más de lo que ya lo ha hecho, porque así es Él en su infinita misericordia para con personas como el compadre. Como se lo he dicho, orar es la mejor medicina del cuerpo, que tenga fe que vendrán días mejores y lo parafraseo diciendo: «Allí está Dios».

*** El viernes se conmemoró un año más de la partida de Beatriz Padrón, la Voz Altagraciana. Ella siempre estará en mis recuerdos porque la última vez que conversamos me invitó a su hogar para que escuchara su más reciente disco. Entonces escuché Alma Libre, cantada junto a su hijo y me encontré con la otra Beatriz, la bolerista, y dicho sea de paso, también me impactó. Le pregunté en esa oportunidad el porqué no grababa tangos y rió con ganas, «algún día Francis, algún día». Pero no hubo tiempo. Lo cierto es que el legado que nos dejó es más que suficiente para enaltecer la música zuliana. Un hermoso recuerdo para Beatriz allá en la galaxia en que mora, entonando sus canciones promocionando al Zulia musicalmente.

Doña Catalina Riera de Morillo, la dama antañona que celebra su centenario en medio del alborozo de su extensa familia

*** Quedó escrito. Epa, ya está. Nos vamos.

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