Miedo a morir

23 de noviembre, 2014 - 1:42 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Todos los años a comienzos de noviembre, recordamos los que dejaron la vida terrenal a través del proceso llamado muerte, que tanto asusta a la humanidad en general, aunque en menor medida en la cultura Oriental, casi reducido a una simple expectativa entre los místicos y estudiosos de la filosofía espiritual o metafísica occidental.

El miedo a morir es una cuestión natural y cultural: En la medida en que el hombre se apegue a las cosas del mundo, a los sentimientos, lo material, determinados hábitos y costumbres mundanas y sensuales, en esa misma medida le temerá a la muerte. De igual manera, le temen mucho a la muerte los ateos, agnósticos y transgresores de la Ley Divina que viven de espaldas a Dios.

En sí, la muerte no es el fin de la vida, sino su continuación, pero en otros niveles dimensionales. Se trata de un fenómeno tan natural como la vida misma: Toda la creación está sujeta a cambios y transformaciones y eso es la muerte. El único que no muere ni se transforma es el Creador mismo: Galaxias, estrellas, planetas, quárases, lunas, nebulosas y todo ser vivo, mueren. Es la Ley y de ella nadie escapa. Si se tuviera conciencia elemental de ello, la gente no le tendría tanto miedo al morir.

Un temor razonable sería comprensible, puesto que el paso de lo conocido a lo desconocido, genera incertidumbre. Pero el que tiene fe en Dios y en la vida divina, estando convencido de que más allá de la vida terrenal hay otros planos y dimensiones, no la extinción total del ser ni castigos eternos, no tendría miedo alguno.

Hay casos de muertes dolorosas y tristes, como por ejemplo, la desaparición física de una persona joven o adulta que era útil al entorno y sostén de su familia. También, el caso de niños que mueren en accidentes, secuestros, enfermedades, asesinatos, etc. Son casos muy dolorosos y ocurren por razones de karma negativo que vienen arrastrando esas víctimas desde vidas anteriores. Quien no crea en la teoría de la reencarnación, le parecerá que Dios es un ser injusto y cruel, que permite que el mal ocurra, pero eso no se corresponde con la verdad.

Dios es infinitamente justo, misericordioso y amoroso. Si algo trágico le pasa a alguien que fue bueno, útil y sano, se debe a causas incomprensibles para el hombre que asume o cree que la presente vida es la única, vale decir, que se vive una sola vez, que no habrá otra tal  como lo enseñan las religiones llamadas del Libro —judaismo, cristianismo y el islám—.

Cuando se es viejo y el cuerpo ya desgastado, debilitado en sus funciones, estando la capacidad mental del hombre mermada total o parcialmente, la muerte es una liberación, jamás la extinción de todo, una separación definitiva de los seres queridos.

Existen miles de libros escritos por maestros espirituales y por grandes místicos orientales y occidentales que explican con mucha claridad el fenómeno del morir.

Es un imperativo categórico: Nadie es inmortal, excepto Dios: nacemos, crecemos, envejecemos y morimos para así retornar a la patria celestial, la de los planos del invisible. Eso hay que entenderlo y concienciarlo, pero sin creer en la obsesión de querer morirse. Los que viven por y para el odio, la maldad, la mentira y la violencia, pisoteando la ley moral y también las humanas, indudablemente que a la hora de morir caerán en pánico y gran desespero! ¿Qué duda cabe?

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