Islam y terrorismo

24 de agosto, 2014 - 2:40 pm
Redacción Diario Qué Pasa

El salvajismo que inflinge el grupo Isis con su proyecto de crear un nuevo califato dentro de los territorios que han ido ocupando por la fuerza entre el norte de Siria e Irak, es producto de la ceguera y el fanatismo que profesan sus miembros.

Pero ese fundamentalismo no aparece en ninguna parte del sagrado libro de los musulmanes, el Corán, sino en la mente de los fanáticos religiosos, de sobremanera, en el grupo sunita.

El profeta Mahoma en las «suras» o versículos del Corán, solo hablaba, exhortaba y recomendaba a sus fieles y seguidores a no ser violentos, ni a imponer por la fuerza y el terror la fe musulmana.

Posiciones radicales y extremistas han habido en todas las religiones del mundo Occidental a lo largo de los siglos: La Iglesia católica creó la Inquisición, ese criminal tribunal que quemaba vivos a herejes y brujos en el período más oscuro que esa religión tuvo, como lo fue el Medioevo.

En ninguna parte de los Evangelios está escrito que se pueden quemar vivos a seres humanos porque piensen de una manera diferente a como lo hacen las organizacion es religiosas. Todo ese andamiaje montado en torno al cristianismo desde el Siglo I de nuestro tiempo hasta el presente, ha sido obra de los hombres, de los seguidores del Maestro, producto de su fanatismo y las ánsias desmedidas de poder y de figuración que tenían.

Algo así sigue ocurriendo hoy en día con el Islam: Solo una minoría de mentes fraudulentas, obcecadas y fanáticas de los seguidores de Mahoma inventan ese montón de falacias y de absurdos de imponer la fe por la fuerza, aplicando la «Sharía» —interpretación literal de las escrituras— que hizo la jerarquía religiosa en el pasado.

El Islam es una religión de paz y de encuentro, no de bombas, terror, secuestros de aviones y asesinatos de inocentes a mansalva. Eso no lo exhortaba el profeta, ni mucho menos. Todo lo contrario, en el Corán hay dos «suras» con alabanzas y loas, una por Jesús de Nazareth y otra por Maryam (María), su madre terrenal y eso evidencia el respeto que los musulmanes tienen por los demás credos.

Si una buena minoría dice o actúa de manera contraria a las enseñanzas del profeta, tales desviaciones provienen de los hombres mismos, no de Mahoma. De igual modo, si los religiosos de la jerarquía eclesiástica cristiana pugnan entre sí por alcanzar y mantener el poder, echarle mano al oropel y el oro, o pervertirse sexualmente, de eso Jesús no tuvo culpa alguna.

El Evangelio es un mensaje de amor, de perdón y reconciliación, no de violencia sectaria ni de luchas encarnizadas por imponer una hegemonía determinada.

Lamentablemente, eso sigue siendo el error más frecuente en el que incurren los hombres religiosos: La intolerancia, que desemboca en sectarismo y horror.

Los desalmados que ahora enarbolan la bandera del Islam, pretendiendo crear un califato en pleno siglo XXI, dieron un salto atrás, yéndose al Siglo VII al contravenir flagrantemente las enseñanzas dignísimas del Corán.

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