¿Nos enclasamos o seguimos desclasados?

29 de junio, 2014 - 1:24 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Quizás la más triste de las condiciones del ser humano es no saber o pretender ignorar la clase a la que pertenecemos, y la que nos identifica en la lucha por la construcción de la nueva historia, donde seamos sujeto histórico del nuevo modo de producción, nuestro, de la clase en sí que pasa a ser clase para sí. La retórica imperialista en su propaganda e ideología de cuarta generación, ha logrado que los trabajadores sientan vergüenza del primerísimo lugar que ocupan dentro del proceso productivo en Venezuela, en América Latina y el Caribe, solo por citar esta parte de nuestro continente.

En ese gigantesco laboratorio de manipulación ideológica, la lógica imperialista ha impuesto sus códigos en el propósito de desclasar a la clase obrera y trabajadora, hasta el punto que no se reconozca a sí misma en la lucha para enfrentar al capitalismo y liquidarlo, al tiempo que edifica la historia del socialismo científico.

Hay una elevación de la lucha de clases en Venezuela, lucha negada en medio de los vericuetos del reformismo que engloba el enfrentamiento en la multitud, la comunidad, la sociedad civil, el pueblo. Mientras tanto, la clase obrera y trabajadora de la ciudad y el campo sufre los ataques de la flexibilización laboral que se traduce en tercerización y precarización del empleo.

Las categorías de la multitud, la comunidad, la sociedad civil, el pueblo, unas más viejas que otras, fueron inventadas por los poderes hegemónicos de las clases dominantes en sus diversas etapas históricas. Hoy resemantizadas por el reformismo y el oportunismo para mellar la identificación y el desarrollo de la conciencia de la clase obrera y trabajadora, y más allá para desclasar a la masa laboral que termina creyéndose clase media, alta, media baja, media alta, pobre o de los estratos más deprimidos de la explotación capitalista.

Esos estratos diseñados por Max Weber crean la ilusión en la clase obrera y trabajadora desclasada, que a través del esfuerzo, la inventiva, el ahorro y el aprovechamiento de las oportunidades, puede cada obrero, cada trabajador de la ciudad y del campo, vencer su mala suerte y convertirse en rico.

El desconocimiento de la lucha de clases presente innegablemente en toda sociedad capitalista, como en el caso nuestro, desmoviliza a la clase obrera y trabajadora dominada por el capitalismo para luchar como clase ante los desmanes de la burguesía, su enemigo de clase que busca siempre extremar la explotación para obtener mayores ganancias sobre el proceso productivo, solamente posible por el trabajo de la masa laboral.

La lucha de clase —expresión histórica de los procesos liberadores de los pueblos sometidos por el capitalismo— es el único campo de batalla de la realidad social de gran parte del mundo, sometido hoy a los perniciosos rigores de la crisis capitalista. Ha sido un gran triunfo para la retórica y la acción imperialista, el ocultamiento de esa confrontación de clase.

Mientras la LOTT prohíbe la tercerización, se da un plazo de tres años para erradicarla del campo laboral venezolano, se sigue tercerizando a la clase obrera y trabajadora a través de cooperativas y otras formas de desconocimiento de los derechos laborales del proletariado venezolano.

En el caso venezolano, es imprescindible que la clase obrera y trabajadora de la ciudad y el campo enclasada para la victoria, se ponga al frente de la profundización del proceso bolivariano hacia la construcción del socialismo científico.

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