Foto: Miguel Romero/ Alfredo Chinaleong
«Aumentó el valor del pasaje en ambos municipios, y tantos choferes como colectores rsiguen haciendo lo que les da la gana amparados por los pasajeros, quienes muchas veces son los que proponen el sobreprecio por no hacer las colas en las paradas reglamentarias»
El reloj marca las cuatro de la tarde del viernes y el centro de Maracaibo comienza a sufrir una mutación que se ha repetido el resto del año, haya «guarimbas» o no.
Se inicia una competencia de usura, complicidad y desprotección para la clase obrera de la ciudad, cuando los choferes de las rutas La Limpia, Socorro, San José, La Polar, Haticos o Km 4 —por citar algunas—, tanto de carritos por puestos como de vans, microbuses y autobuses, hacen caso omiso a las tarifas recientemente aumentadas y reglamentadas, tanto de la capital zuliana como del municipio sureño, ante la mirada alcahueta de los fiscales y directivos de cada cooperativa de transporte.
En las paradas establecidas se observa la cola de usuarios quienes esperan que ocurra el milagro de que alguno de los choferes concientes se acerquen para ofrecer el servicio al precio justo. o que por lo menos los funcionarios del Imtcuma, Polimaracaibo o Guardia Nacional Bolivariana, alguien, les brinde protección como consumidores y obligue a los profesionales del volante a cobrar lo establecido y cumplir con su ruta reglamentaria.
Paralelo a esto hay tres realidades. La primera se registra en centro comercial que lleva por nombre el de nuestra patrona religiosa, por la puerta frente a Torres del Saladillo se encuentran los pasajeros —cansados de esperar se entregan a la anarquía reinante— compitiendo, literalmente, por un puesto en la ruta San José. Hasta 25 bolívares han llegado a cobrar los choferes de esta ruta por un pasaje.
No muy lejos de allí, en la línea La Limpia, en los por puestos se puede pagar hasta 50 bolívares, sin garantía de que llegarán hasta el final de la ruta, pues a capricho del conductor, este puede dejar al pasajero en el centro comercial de la extinta pista de hielo, justo donde termina el llamado «pasaje corto», o en la Curva de Molina. Aunado a esto, escogen al «ciudadano de a pie» que se llevarán, estando en franca desventaja los que tienen sobrepeso. Las van y autobuses cobran entre 20 y 30 bolívares.
German Bracho, usuario de la Limpia, asegura que «si no caéis en este juego de la usura no te vais pa′ tu casa, porque ni las autoridades de la línea hacen nada».
Noely Santa María, estudiante de un politécnico de la ciudad, agregó que se tiene que ir de «banderita» pagando lo que le pidan para poder llegar a clases a tiempo, y aún llegando temprano al centro, esto no garantiza su puntualidad.
¡Socorro, auxilio!
La segunda realidad es la vivida frente al Palacio de Justicia, donde cientos de pasajeros deben embarcar un carrito de la ruta Socorro y cancelar 25 bolívares estando a pocos metros de la parada reglamentaria.
Ahí el descaro es peor, pues los choferes pasan pavoneándose frente a los usuarios que han decidido hacer la cola junto al fiscal, al que saludan demostrando la ineficacia y falta de autoridad del mismo. De regreso los choferes trabajan hasta el límite del pasaje corto, el llamado Centro de Choferes, obligando a los clientes a bajarse allí y embarcando a los que están esperando para irse al centro, y que previamente fueron obligados a desembarcar.
Lo mismo ocurre en ambas rutas de Socorro, San Miguel o Claveles, los conductores pretenden llegar igualmente hasta Centro de Choferes y regresarse para aprovechar el pasaje corto al máximo.
¡San Francisco ayúdanos!
La tercera realidad es la que sufren los usuarios de La Polar, Haticos y Km 4. En plena avenida Libertador se observa una caravana de carritos cruzando en el semáforo del Puente España o dando la vuelta en U en San Felipe o frente al malecón, en una clara interrupción de su ruta que termina en la avenida El Milagro. Por la ruta completa se pueden pagar hasta 30 bolívares.
A esta realidad se le suma el hecho de que en el sentido Las Banderas-centro el usuario cancela siete bolívares por considerarse corto; eso claro está, si se cumplen por lo menos una de estas dos premisas: la primera, el cliente tiene el pasaje completo; o la segunda, el chofer es conciente y da el vuelto.
En este punto hay choferes o colectores que esperan que el ciudadano se baje de la unidad y arrancan, dejando al infortunado con la mano extendida, el ego herido, y el consuelo de insultarlo con improperios propios del Zulia.
Ahora bien, al parecer los choferes de las rutas que van al sur de la ciudad o al municipio vecino, asumen que la distancia entre Las Banderas y el centro es menor que dicha distancia en sentido contrario, puesinexplicablemente el pasaje aumenta si se embarca en la avenida Libertador para ir a —como gritan los colectores— «¡Las Banderas, Terminal, Haticos, El Potente, Protinal, Las Banderas, Las Banderas, Las Banderas!», enfatizando hasta dónde es el pasaje corto.
Lo extraño es, que se vaya a donde se vaya se les debe pagar entre semana lo correspondiente a un pasaje largo, es decir, entre 10 o 12 bolívares, y si es fin de semana entre Bs. 15 y 20, amén de tener el letrero del costo real casi en las narices.
De no hacerlo, el usuario es insultado o bajado de la buseta con actitud arrogante y sin medir si quiera, si ya pudo llegar a pisar la acera para arrancar llenándole la cara de humo.
Carlos Rosendo, usuario de los Haticos relató, «en días pasados venía en una vans del Km 4, y el chofer me pidió que me bajara para darme el vuelto, como ya me había ocurrido antes, decidí no bajarme hasta obtener mis tres bolívares de reembolso, el conductor comenzó a insultarme, y me entregó mi dinero de mala gana».
Todas estas realidades están ocurriendo desde hace más de dos años ante la mirada ciega e inepta de las autoridades, y la complicidad de ciertos pasajeros quienes por desesperación, impotencia o sinvergüencería se unen a este sistema que aumenta la inflación, golpeando cada vez más el bolsillo del pueblo, sin que los culpables reciban ningún castigo.








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