Vestirse con prendas nuevas es inaccesible para un sueldo mínimo

Ropa vs comida: Marabinos no costean lujos para poder comer

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4 de septiembre, 2017 - 8:17 am
Ricardo Serrano / [email protected]

Los comercios marabinos han sufrido pérdidas de 80% en ropa y 30% en alimentos.  El Callejón de los Pobres ya no es la sucursal de prendas de hace cuatro años

Foto: Ricardo Serrano

Maracaibo — Dos realidades comerciales se contrastan en la compleja situación de crisis que vive el país. Maracaibo es un reflejo inocultable de esa realidad. En el centro de la ciudad coexisten dos mercados. Uno está prácticamente en la quiebra, el otro aún sobrevive.

«La gente ya no está pendiente de comprar ropa y vestirse a su gusto. La gente lo que busca es comida», asegura José Pérez, comerciante de pantalones que tiene 20 años trabajando en el Callejón de los Pobres. A su juicio éste ha sido el peor año en ventas desde que labora en el casco central.

El pantalón más barato y de peor calidad se consigue a un precio mínimo de 100 mil bolívares. Los demás oscilan entre los 180, 250 y hasta 300 mil bolívares.

Pérez apenas pudo obtener 200 mil bolívares en esta semana de trabajo, ya que solo logró vender dos unidades de las más económicas.

«Es imposible que te vaya bien en este negocio cuando a cada pantalón le ganas 5 o 10 mil bolívares y comprar una docena para revenderlos en mi puesto cuesta un millón y la de pantalones stretch para caballeros vale 2 millones», se queja el comerciante.

Pérez estima que cada pieza podría llegar a costar Bs. 400 mil en diciembre, mientras que al menos dos días a la semana le aumentan de mil a 10 mil bolívares los precios de los pantalones al mayor en una tienda donde los adquiere cerca de su lugar de trabajo.

Al otro lado del casco central, en el mercado Las Pulgas, la dinámica es otra. Si las ventas de ropa han bajado en un 80%, según comerciantes, la venta de víveres y hortalizas ha caído solo un 30%, pero evidentemente la comida sigue siendo la preferencia de los marabinos.

En un día malo se pueden obtener Bs. 200 mil de ganancia, afirma Óscar Soto, vendedor de frutas. «Los costos de transporte y bolsas han disparado los precios. Tampoco hay efectivo y la gente solo usa tarjetas», dice.

El hambre en Maracaibo se refleja más en Las Pulgas, en donde a Soto le llegan niños todos los días para pedirle una fruta o cualquier otro alimento. Si se trata de harina, arroz, azúcar u otros, el precio no lo negocia ningún vendedor debido al gasto de Bs. 20 mil por viaje que deben hacer para traer su mercancía. «Hay hambre, los precios suben y no hay efectivo, sentencia Soto.

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