Y los torneos se quedan sin espacio

Las canchas en Maracaibo se usan para vender corotos

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4 de septiembre, 2016 - 8:30 am
Francis Blackman

Esas canchas en las que se ventilarían competencias de fútbol sala, baloncesto y volibol se convirtieron en un espejismo, una fallida ilusión para los jóvenes, quienes practicaban esos tres deportes

Foto: Rafael Rivas

Maracaibo — Hace cuarenta y seis años se dio inicio en Maracaibo a una enorme siembra de canchas deportivas en todos los barrios, lo que hizo pensar que la tan cacareada masificación del deporte se ponía en marcha y sería una hermosa realidad.

Nadie sabe quién fue el autor de la idea. Se pensó que construirla era el resultado de un detenido estudio, planificación y programación de todas las actividades que constantemente se realizarían en las mismas.

No hubo barriada o parroquia a la cual no se le construyera una de estas instalaciones, cuyo costo era menor, si se toma en cuenta que se trataba de un galpón abierto, techado y con gradas de metal y madera. Hubo entusiasmo pues se pensó que al fin arrancaba la era de la masificación del deporte.

Cuando nos aproximamos al medio siglo de ese propósito no cumplido, lo único que se ha visto es el abandono cada vez más notorio de esa gran cantidad de instalaciones llamadas canchas múltiples, que no solo se convirtieron en una pérdida de dinero para el estado, sino que también trajo frustración al ánimo de quienes vieron en esas canchas, una posibilidad de lucha contra el consumo de drogas por parte de nuestra juventud.

Esas canchas en las que se ventilarían competencias de fútbol sala, baloncesto y volibol se convirtieron en un espejismo, una fallida ilusión para los jóvenes, quienes practicaban esos tres deportes.
Muy pocas tienen nombres. Eso hubiera sido motivo de vergüenza para quienes pretendieron honrara con esa distinción.

La gran mayoría están en áreas de escuelas primarias y liceos, pero permanecen ociosas los fines de semanas y días feriados. Cuando llegan las vacaciones, la situación es más patética.

Fueron muchas las canchas construidas. El entusiasmo había contagiado a todos los deportistas de la ciudad, pero nadie pensó que la construcción de esas canchas pondría al descubierto la falta de planificación deportiva que pudiera implementarse en todas esas instalaciones.

En el olvido

Comencemos por señalar que nadie se quiso hacer responsable del mantenimiento de las mismas. Ni la Gobernación del estado a través del IND zuliano, tampoco el Concejo Municipal que se convertiría en Alcaldía después, nadie se interesó en las mismas.

A falta de una programación y mantenimiento se notó con horror cómo inmensos candados y cadenas impedían el acceso de los jóvenes a esas canchas. La crisis se agravó pues la destrucción parcial de las mismas creció cuando los vándalos comenzaron a destruir y a robarse las láminas de los techos y otros enseres, incluyendo bombillos y faroles.

La oscuridad fue otro elemento que sirvió para el deterioro total de las instalaciones. Sin luz no habría actividad y de esa falla se aprovechó la delincuencia juvenil de todos esos sectores. Sucedió entonces lo que tenía que suceder. Las canchas fueron invadidas por drogadictos. La misma juventud para quien se planificó la construcción de esas instalaciones, se alió con los adultos consumidores y las convirtieron en sitio de consumo masivo de drogas.

Mercado de corotos

Surgió otra alternativa de lo más negativa. Las pusieron bajo el mando de la comunidad que no tenía ni la más mínima idea de que era una cancha deportiva. Cuando menos se esperaba, las convirtieron en mercados de todos los tipos y hasta en talleres mecánicos de ocasión. Se les escapó el problema de las manos.

En una ciudad huérfana de zonas verdes, donde la juventud carece de sitios suficientes para hacer deporte, ver una cancha ociosa todos los sábados, domingos y días feriados, durante las vacaciones escolares y estudiantiles, da vergüenza.

Pintadas todas de verde, hoy día las canchas múltiples más que ociosas son áreas comerciales donde el buhonerismo se enseñoreó. No hay atletas ni entrenadores, usted se encontrará con comerciantes y cuando cae el telón de la tarde y la noche alza el suyo, se hace presente entonces el mundo de las drogas que también hace de las suyas.

Quien construyó esas instalaciones debe estar desbastado moralmente.

Seguro que sí.

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