Colombia: El agresor

GASTON GUISANDES (2)
30 de enero, 2017 - 9:34 am
Gaston Guisandes López / Editor del Diario QUÉ PASA

El vicepresidente colombiano, Germán Vargas Lleras, declaró a los medios de comunicación, colombianos y extranjeros, en el acto de entrega de viviendas en el departamento de Santander, que esas casas eran para los desplazados y no para los «VENECO».

«VENECO» significa, en Colombia, VENEZOLANOS DEL COÑO, y así nos llaman —VENECOS—, aquellos a quienes nosotros, estúpidamente y en esa ridiculez sin parangón llamamos: «hermanos colombianos».

Sí así se expresa, en un acto público, con toda mala intención y con el propósito de ofender y maltratar a los venezolanos el vicepresidente de Colombia, Germán Vargas Lleras, la posterior explicación deja muy en claro que este hombre, mendaz y atrabiliario, reinsiste en el tema y remarca la palabra para popularizar el remoquete entre sus compatriotas, aunque lo hace con la astuta falsedad del  hipócrita sin par, para hacer creer que es un mote de amistad.

¿Por qué los colombianos, especialmente la clase dominante de ese país, sienten tanta tirria, envidia y mala voluntad contra Venezuela?

Porqué Simón Bolívar es el glorioso venezolano a quien, reconocido en el mundo entero con el título del Libertador, se le consagra con honor por haber libertado cinco naciones, entre ellas a COLOMBIA.

Mantienen asido el puñal de la traición, ese que llevó al colombiano, Francisco de Paula Santander, a quien los colombianos tienen como su máximo héroe, a fraguar el asesinato de Bolívar y a quien salvó, de muerte segura, la Libertadora del Libertador, Manuelita Sáez, aquella inolvidable «Noche Septembrina».

Santander siempre estará ante la historia, por debajo del Padre de Cinco Naciones, entre ellas Colombia, esa, la de Vargas Lleras, la de Uribe y la de toda la godarria del vecino país.

Los poderosos de allá nos odian porque Venezuela fue generosa al recibir, en gesto de desprendimiento sin par, millones de colombianos y darles tierra, techo, comida y trabajo, cuando se encontraban desposeídos, a la luz de las estrellas, hambrientos y errando por el mundo.

COLOFÓN:

Uribe Vélez, ¿el Caín colombiano? – El Gobierno Nacional, representado por el Jefe del Estado y Presidente del Poder Ejecutivo, debiera pasearse, con pie firme, rumbo seguro y fortaleza internacional, para explorar, conjuntamente con la República Popular China, la instalación de una base militar en territorio venezolano, tanto naval como aérea.

Tal sugerencia no es viable, por los momentos, para estudiarla con Rusia, habida cuenta las excelentes relaciones que se anuncian entre Putin y Trump.

Si los colombianos tienen siete bases militares gringas en su territorio y los EE UU tienen, a su vez, bases aéreas en Aruba y Curacao, por citar solo un simbólico ejemplo, nada impide a Venezuela autorizar a cualquier potencia mundial, que tenga interés en ello, convenir la instalación de bases militares en nuestro territorio: terrestre, marítimo y aéreo.

Como siempre nos ocurre, Venezuela va a la zaga de Colombia, esa que desde 2013 firmó un acuerdo con la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), para convenir un pacto de asistencia mutua en materia militar, teniendo al territorio colombiano como elemento central de operaciones, tanto para el sur, como para la América Central.

Actualmente el Parlamento de nuestros vecinos le dio el visto bueno al acuerdo y se espera por la aprobación de su Corte Constitucional, requisito político que se da como un hecho cumplido, aun cuando la Procuraduría colombiana interpuso un recurso de improcedencia (este recurso es solo de forma, para pedir información complementaria) alegando que el tratado en trámite no define su finalidad sobre las materias que manejarán las dos partes.

Bien peligroso e improcedente para los intereses de Venezuela, es el fulano acuerdo y si no le andamos rapidito y con pie firme, los Santanderianos nos sacarán out entre tercera y home.

Recordemos la amenaza directa, descarada y soberbia, del sempiterno enemigo de Venezuela, Álvaro Uribe Vélez, apoyado por la oligarquía de esos que, a todo extraño llaman, ladina e hipócritamente, Su Merced, cuando entrevistado en rueda de prensa, periodistas colombianos y extranjeros, sobre una posible invasión militar a Venezuela durante su gobierno, declaró: «Que no le había alcanzado el tiempo, al frente de la presidencia, para ejecutar la acción».

Uribe se anuncia como el seguro presidente de Colombia como sustituto de Juan Manuel Santos en el Palacio de Nariño y ganas de entrarle a Venezuela no le faltan al hombrecito, sobre todo que de por medio está el nunca resuelto diferendo sobre el Golfo de Venezuela, en torno al cual los gringos se mueven para ponerle la mano.

No perdamos de vista que China y Rusia (otro posible aliado nuestro en lo de las bases militares) tienen a la OTAN de frente por la ambición de dominio que asocia a los grandes de Europa, en comunidad de intereses con el Pentágono.

¡Cuidado con el acuerdo que Colombia busca con la OTAN, bajo la bendición total de los EE UU; los gringos quienes, de mil amores verían una partición del Golfo de Venezuela para cogerse su tajada apoyarán, con todo su poder, a quienes nunca han sido nuestros hermanos y, que de serlo, dispuestos están a desempeñar el papel estelar de Caín, el primogénito de  Adán y Eva, quien no dudó en asesinar a su ingenuo hermano Abel.

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