El adulante no tiene amigos y le sobran enemigos (Felo Barradas)…

Francis Juzga

22 de julio, 2016 - 10:36 am
Francis Blackman

*** Que tal amigos. Nada más conmovedor que sentirse querido por los compañeros de trabajo quienes al fin y al cabo son mi familia. Gracias a todos.

De nuevo en mi santísimo lugar. Gracias a Dios superamos todo. Honores a mi familia que se esmeró en ayudarme a salir del mal rato y lo logró. Todo el clan como un solo hombre estuvo allí  y los resultados no se hicieron esperar. Prometí no desacatar al médico cirujano Enrique Ferrer Peley, única forma de que pueda disfrutar un tiempo más con todos.

Antes de narrar la odisea vivida pregunto: ¿Es sabedor el director del Hospital Ramón Noriega Trigo (HRNT) del desorden que allí impera. ¿Cómo es que toman una decisión de operar a un paciente sin antes aplicar el protocolo de rigor. Tomo Plavic y quienes la ingerimos somos propensos al sangrado exagerado. El yeyo lo tenía garantizado pues estos médicos no lo sabían.

Las peripecias son de película. Fui al HRNT a inyectarme por un dolor en la ciática. Allí comenzó la aventura. De entrada un abusador me realizó un tacto rectal (¿?), me hicieron varios exámenes y cuál no sería mi sorpresa, cuando a las 5:00 de la tarde me dijeron:  «Prepárese que lo vamos operar». Me alcé. Felizmente allí estaba el Júnior y encaró a los médicos, quienes ni una evaluación cardíaca me habían hecho hasta ese momento. Sostuvimos la tesis de que el médico (GFP)  que me había operado antes, tuviera la última palabra.

Sostuve la negativa y nos pidieron firmáramos un documento en el que nos hacíamos responsables por la que pudiera ocurrir. Más desagradable aún fue saber que todos eran médicos en estudios de post grado, quienes en esa situación hacen todo tipo de operaciones, para adquirir los conocimientos necesarios. Cuando dijeron que la intención era hacer un «exploración» ardió Troya: «Mi papá no es materia de postgrado», adujo el Júnior y allí finalizó.

Sucedieron más cosas: En el HRNT no encontramos una medicina y de pronto un señor, Ezequiel Barrios supe se llama, escuchó mi nombre, se acercó y nos regaló una que tenía guardada desde hacía un mes. Asimismo y ante la dificultad de colocarme una sonda, manifiesta inexperiencia, Legnery Ávila, oró a viva voz para que todo se solucionara y su súplica fue escuchada. Por último ya en la calle, se me acercó otro señor y se me presentó: Señor Francis, Dios está con ustedes, no tema, se va a recuperar, tenga fe. Esto también se dio, así es la misericordia de Dios para conmigo.

Confesé a mis hijos que ese era el único legado que les podía dejar, no bienes, porque no los poseo, pero sí el cariño y el calor de la gente que es más importante que el dinero mismo. El tratamiento, ante lo costoso del mismo, me lo señalaron para mi hogar y allí tuve la suerte de que unas vecinas, enfermeras todas, Virginia Palmares, Luzmila Sánchez, Yolanda Castañeda, la doctora Dolka y Roselyn quienes se turnaron para instalarme los sueros, se esmeraron en ello con entusiasmo, mañana, tarde y noche guiadas por Dios y por doña Carmen de Prieto. No tengo con que saldar esta atención, sobre todo a la señora Carmen. Les agradezco su ayuda en momentos en que se requería. Las llevaré por siempre en mi corazón. La vida continúa.

Tornemos a lo nuestro:

*** Las agencias de comunicación vía celular, no solo aumentaron las tarifas, sino que permiten descaradamente que  los concesionarios, donde se efectúan recargas, cobren hasta un 10% de cobro sobre el aumento para la operación. He aquí un caso definitivo de corrupción en contra del usuario.

*** «Nano» Silva se comunicó desde Miami y asegura que Barrio Obrero quedó en buenas manos. ¿Qué tan buenas? Presumo que saldrán en busca del espacio que les pertenece, corriendo el riesgo de que la producción no sea exitosa y que los problemas, presiento que continuarán, puedan dar al traste con el más tradicional de todos los grupos gaiteros de país. Que Cabimas entera se ponga de pie, se prepare pues habrá hasta pase de factura.

*** Antes del receso recibí la vista de Carlos Lugo (Luguito) y Mitchell. El primero a una pregunta me aclaró el término «guaracha zuliana», que es válido, así como lo es el vals peruano o el venezolano, que difieren del original. El ritmo ejecutado por los grupos zulianos de teclado, es un compás más adelantado y eso lo hace diferente. Quién lo baile debe tener unas condiciones fisicas envidiables. Mitchel vino desmentir lo de su presunto deceso y alegó que no estaba muerto, que andaba de parranda.

¡Quedó escrito. Epa, ya está. Nos vamos!

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