Cristianismo místico

qpplaceholder
29 de marzo, 2015 - 4:51 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Hoy Domingo de Ramos, es propicia la ocasión para referirnos a la esencialidad del cristianismo contenido en el mensaje del Evangelio de Jesús.

Por misticismo se entiende la búsqueda de un contacto directo y la unión con Dios. Esto abarca dos aspectos: 1) El descenso del Logos a la materia —Segunda Persona de la Santísima Trinidad o Hijo—; y 2) La unión mística «Unio Mystica», el amor desarrollándose en el hombre. Es la actitud que todo buen cristiano debe asumir siempre: Hacer que Cristo nazca en cada corazón humano, siendo nobles, rectos, solidarios, honestos, limpios de corazón y amorosos.

Es lo que en el Evangelio de San Juan se le denomina el Segundo Nacimiento. Esotéricamente, se le conoce como la cristificación o experiencia mística. De hecho, cuando el hombre aprende a trascender su naturaleza humana, la inferior de las apetencias e instintividad, la materialista, controlándola y sometiéndola a su naturaleza divina, es como permite que Cristo se exprese en él. Jesús lo dijo: «El hombre deberá ser como un niño para poder entrar al reino de los Cielos».

La «Unio Mystica» significa para el hombre la vida del Iniciado, el sendero de la elevación, la gran iniciación primaria. Durante esa etapa, el Cristo nace en los corazones de los hombres para más tarde desarrollarse en él.

El cristianismo tiene grandes contenidos místicos en su doctrina, aunque la oficialidad ponga su acento más en los aspectos históricos y míticos de la vida de Jesús. Estos contenidos son: La Iniciación en los misterios —Los Perfectos—; la Puerta Estrecha, que es el ingreso a la Iniciación; la Iniciación misma, es decir, el primer paso del sendero; el Segundo Nacimiento al que se refiere el Evangelista Juan en la parábola de Jesús con Nicodemo; la Revelación, que es el levantamiento del velo; el Verbo hecho carne, y por último, la Santísima Trinidad que la contienen también muchas otras religiones, tanto Orientales como Occidentales.

La Santísima Trinidad cristiana es la del Padre-Hijo-Espíritu Santo. El Padre es orígen y el fin de todo lo creado, absolutamente incognoscible, eterno e inmutable. El Hijo, la esencia universal, proyección cósmica primera de Dios a nivel del macrocosmos; Espíritu Santo, la inteligencia creadora que incuba la materia primordial, la organiza y le da forma.

Cuando se tiene a Cristo en el corazón, el hombre indefectiblemente deja la violencia y las indebidas relaciones humanas, naciendo en Él la solidaridad, la buena voluntad y la predisposición a no causarle daño ni sufrimiento al prójimo. Este tópico es útil y beneficioso para ser meditado hoy y siempre!

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