Cómo enfrentar el terror de Isis

qpplaceholder
11 de abril, 2016 - 3:38 pm
Redacción Diario Qué Pasa

El recién atentado terrorista en Bélgica, llevado a cabo por los fanáticos del grupo ISIS, evidencia sin la más mínima duda, que el terror fundamentalista islámico es la mayor preocupación del mundo civilizado hoy en día. Lo que primero fue el peligro comunista expandiéndose por toda la América Latina y el mundo entero, la guerra fría que mantenía en vilo a la humanidad entera, ahora surge la terrible amenaza contra europeos y estadounidenses, en la figura de una pequeña facción extremadamente peligrosa y cruel que amenaza con bombas y degollamientos a toda persona, grupo o país que no acepte sus absurdos despropósitos.

¿Cómo enfrentar este horror que a todos amenaza? Se ha formado una coalición militar internacional que enfrenta actualmente a los fundamentalistas de ISIS, muy puntualmente, mediante ataques aéreos de precisión sobre sus posiciones. Sin embargo, ello no ha sido suficiente, puesto que es doctrina militar reiterativa que los bombardeos aéreos no acaban con los enemigos escondidos entre la población o en las mezquitas, colegios, hospitales, casas, etc. Es necesario que la infantería termine de hacer el trabajo de limpieza, buscando a los violentos en sus escondrijos, si se quiere acabar con la amenaza de una vez por todas.

Pero hay algo más: Como se trata de gente que está ideologizando a la población y que, inclusive, hace proselitismo entre los jóvenes musulmanes de nacionalidades variadas, europeas, canadienses, norteamericanas entre otras, prometiéndoles un cielo lleno de vírgenes y las delicias del paraíso a todo aquel que se martirice, además de prodigarles sueldos apetecibles y suscribirles seguros de vida en beneficio de sus familiares inmediatos, el trabajo tiene que ser el de una contraideologización. Es tarea ingente de todos los religiosos musulmanes enseñarle a los jóvenes candidatos y aspirantes a ser hombre-bombas, que el Corán y las enseñanzas del Profeta Mahoma, prohíben expresamente ese tipo de acciones criminales; que no se trata de «Yihad» (guerra santa) alguna, ni nada que se le parezca; que la religión musulmana no enseña ni incita a que se cometan esos actos de barbarie y que el que se inmola no va a ir a ningún cielo, ni disfrutar de placeres con huríes y cosas por el estilo.

Por otro lado, la banca mundial y los gobiernos de las grandes potencias —países árabes acaudalados incluidos—, deben congelar el dinero y confiscar los bienes que estén a nombre de los fundamentalistas en cualquier parte del mundo. Esa tarea es de extrema urgencia. A grandes males, grandes remedios. A eso se le suma la intrépida acción de comandos especiales antiterroristas infiltrados que ya comenzaron a meterse en la boca del lobo.

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