Ciudadanía en movimiento

qpplaceholder
8 de junio, 2015 - 2:58 pm
Redacción Diario Qué Pasa

Las primeras civilizaciones de la historia se desarrollaron en Mesopotamia, Egipto, India y China hace unos 5 mil años. Todas reciben el nombre de civilizaciones fluviales porque se desarrollaron a la orilla de grandes ríos: el Tigris y el Éufrates en Mesopotamia; el Nilo en Egipto; el Indo en la civilización india y el río Amarillo en China.

Luego, existen dos grandes referencias históricas importantes que develan el nacimiento del Estado: Grecia y Roma. Así, los griegos lo llamaron, «polis», que era idéntico a «ciudad», razón fundamental por la cual la ciencia del Estado entre los griegos hubo de construirse sobre el Estado Ciudad o sobre la Ciudad Estado, y nunca pudo llegar a comprender al Estado como dotado de una grande extensión territorial.

Por su parte, los romanos utilizaron la expresión «civitas», pero más tarde usaron la designación de «res pública» para expresar con ella «la cosa común», es decir, lo que jurídicamente correspondía al conjunto de funciones y de bienes pertenecientes a todos los ciudadanos, y más adelante como consecuencia del proceso de expansión territorial de Roma utilizaron el término «imperium» para el poder de dominio del príncipe.

Como puede observarse, desde hace siglos la noción del Estado ha estado íntimamente relacionada con el poder que según Max Weber no es más que la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aún contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad.

En nuestros días, el ejercicio de la ciudadanía debe estar concordado con la idea de la democracia, que es el sistema de dominación que hemos adoptado constitucionalmente y comporta la ruta de navegación política no solo de nuestra República, sino de gran parte del mundo. Empero, el concepto o la idea que cada persona tiene de democracia suele ser diferente, esto se da porque la democracia es un concepto que tiene múltiples significados  y  dimensiones, pero  también,  porque  la  democracia  al  ser  un concepto que puede significar algo diferente para cada persona, hace que las y los ciudadanos nos volvamos más exigentes con el cambio de los tiempos. Así, lo que le exigíamos antes a la democracia como el derecho de asociación, el derecho al voto, la libertad de expresión, la libertad de prensa, la libertad de culto, el respeto solo de las mayorías, por ejemplo, ya no es suficiente, y hoy exigimos mucho más.

De eso se trata, ese es el vértice de la lucha individual y colectiva para que cada espacio de convivencia sea cualitativamente mejor, pero ello implica que nos pongamos contestes en la ruta, dar el debate, buscar los consensos, establecer objetivos y metas, y tener presentes a la integridad, la puntualidad, el orden y la limpieza, la responsabilidad, el respeto a las leyes y reglamentos, el respeto por el derecho de los demás, la ética en el trabajo y sobre todo el esfuerzo personal como nuestros soportes para alcanzar y cumplir el fin.

Como decía Martin Luther King: «Si no puedes volar, entonces corre, si no puedes correr entonces camina, si no puedes caminar entonces arrástrate, pero sea lo que hagas, sigue moviéndote hacia adelante.

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