11 hombres por día mueren a causa de está enfermedad

Cáncer de próstata: la amenaza se esconde detrás del prejuicio

cancer de prostata portada
8 de diciembre, 2023 - 2:00 pm
Agencias

La sociedad Anticancerosa de Venezuela lleva 75 años trabajando en pro del bienestar de pacientes oncológicos y en los avances de la investigación médica especializada en cáncer a nivel general

 

La próstata es una glándula del aparato reproductor masculino que se encuentra debajo de la vejiga y delante del recto.
El cáncer de próstata es la enfermedad por la que se forman células malignas en los tejidos de esta glándula. Estos conceptos tan sencillos suelen ser desconocidos y en el peor de los casos, ignorados por la gran mayoría de los hombres que aún estando ya sobre los 45 años de edad, evaden acudir al urólogo para el necesario examen físico anual.

Pareciera que descartar problemas en la próstata vulnera su hombría y dejan a un lado que el cáncer de próstata genera el mayor número de muertes en hombres mayores de 60 años.

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Octubre es el mes en el que muchas mujeres esperan celebrar sus segundas oportunidades de vida, porque el cáncer de mama puede matar rápidamente si el diagnóstico no se hace a tiempo. La mayoría de las mujeres que han padecido la enfermedad, saben que estar vivas es un privilegio y hasta un milagro. Porque la realidad aplastante de ser paciente oncológico en la Venezuela pobre, se paga muy caro. Y estas mujeres se abrazan a la resiliencia y se cobijan en grupo, dándole un giro a la situación, haciéndose más fuertes, sabias y optimistas.

En noviembre hay que darle visibilidad a la salud masculina y recordar que el cáncer de próstata es el enemigo silente del hombre. Y en gran medida lo es por su falta de detección temprana.

Qué distinta es la historia cuando se vive desde la mirada masculina. Las herramientas desde la inteligencia emocional no suelen estar al alcance de hombres que hoy cuentan con 60, 70 y hasta 80 años o más, de edad. Los hombres, los machos venezolanos (por no decir, los de Latinoamérica) han crecido condicionados a la cultura machista del hombre que no llora, que no necesita un abrazo y que no debe permitir situaciones como «dejarse tocar el culo por un médico».

Y a esas ideas que alimentan una vergüenza absurda, se van juntando la edad madura y la precaria economía de los varones de este país, convirtiéndolos en blanco fácil del cáncer y del sistema de salud fantasma venezolano.

Durante la preproducción de este trabajo llegué de la mano de mujeres pacientes oncológicas (sobrevivientes de cáncer de mama) a diez candidatos para ser entrevistados y fotografiados, con la única esperanza de darle notoriedad a este tema de salud pública, que me es ajeno. Sin embargo, de esa lista, uno solo aceptó inmediatamente a hablarme de su caso y otro lo hizo cuando entendió que se puede lograr mucho al concientizar desde la experiencia.

A ellos dos, se sumaron otros dos, durante los meses de junio, julio, agosto y septiembre de este año 2023. Aquí están ellos, quienes develan desde su intimidad, la vulnerabilidad que acompaña a esta enfermedad:

Silvino Noriega, 61 años

Silvino Noriega es vecino de Celina Alayón, una sobreviviente de cáncer de mama que en su momento me contó su historia.

Silvino vive en Carpintero, un barrio situado en lo más alto de Petare. Tiene 61 años de edad, es un hombre de temperamento tranquilo y amable. Pero lleva a cuestas un diagnóstico de cáncer de próstata en estado avanzado. Esperar demasiado le permitió a la enfermedad progresar de forma avasallante en el cuerpo de Silvino, quien además lleva en su alma la profunda pena de la muerte de su hermana, también por un cáncer.

Hace más de dos años empezaron las molestias. Alentado por un amigo, fue al hospital José María Vargas de Caracas. Allí fue diagnosticado por médicos especialistas, en un proceso lento, marcado por buenos y malos tratos, así como por la precariedad de las instalaciones del sistema de salud pública del país. Luego, con la ayuda de otro amigo, logró ser atendido en una clínica privada donde contó con mejores condiciones como paciente oncológico.

«¡Es un cáncer lo que tengo! Nadie debe tratar a otros, con esa indiferencia, se que muchos médicos la están pasando económicamente mal, pero los enfermos no tienen culpa de eso», dice Silvino con tristeza e indignación.

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Está haciendo lo posible e imposible para ser atendido en el Hospital Oncológico de Valencia, en el estado Carabobo. Silvino Noriega siente que no es justo para los pacientes ser tratados con tan poca empatía y aspira poder contar con una mejor versión del servicio de salud pública en ese lugar. Por ahora, lo más difícil para él y su familia es asumir el monto de dinero completo para sufragar sus tratamientos y procedimientos médicos. Tiene dos hijos, que como muchos venezolanos, hoy son migrantes en otros países y que desde el exterior, le envían aportes económicos, que lamentablemente nunca son suficientes en nuestro país.

Silvino tiene esposa, pero ella trabaja en Güiria, en la costa sur de la península de Paria, de donde él también es originario. Paso a paso, él ha sobrellevado su condición de la mano de su sobrino -hijo de la hermana fallecida- y de Celina su vecina y amiga, quien ha combatido al cáncer en carne propia. Ella hace lo posible para que él pueda entender y aceptar su estado de salud actual. Celina es enfermera de profesión, lo que le ha permitido asistirlo con el suministro de tratamientos médicos en casa.

-Él es mi amigo y necesita todo el apoyo posible, debe tener mucha fe y visión para poder avanzar.

Enrique Iriarte, 72 años

Domingo 17 de septiembre. Son las 3 de la tarde y Enrique me recibe en su casa. Hasta ahora, en breves conversaciones previas, me ha contado algunas cosas sobre su estado de salud, pero lo más positivo de estos días es verlo sonreír y con la mentalidad de que va seguir optimista: «Voy de la mano de Dios y con él me siento confiado, pero también busco la ayuda que necesito porque quiero vivir».

Enrique Iriarte es un señor de esos que es amigo de todos. Tiene 72 años y ha corrido maratones desde hace al menos cuatro décadas. Siempre lo veía en las mañana trotando mientras otros aún dormían en su domingo. Pero en el 2020 llegó la pausa de Enrique el inquieto: empezó a padecer una molestia que lo preocupaba, un par de días sintiendo una especie de tapón que no le permitía orinar normalmente, debía pujar, esforzarse mucho para lograrlo y en una de esas, vio su orina mezclada con sangre. El cuerpo le avisó que algo no estaba bien.

Enrique tiene una aliada vital, Sara, su pareja, quien lo acompaña y apoya desde que comenzó el proceso de diagnóstico y tratamiento. También cuenta con la suerte de tener una vecina que es uróloga, la doctora Yusmary Camacaro, quien lo ha orientado y apoyado de manera solidaria y profesional.

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Enrique y Sara cuentan que su sexualidad se ha trastocado durante estos meses. Ambos hablan con un poco de pena, pero dejan ver que la empatía y el amor los une. Hablar del tema con los urólogos también se les ha hecho difícil, aunque entienden que son procesos y van paso a paso: ya vendrá esa conversación.

Hace poco que Enrique fue operado y se recupera lentamente, pero el 15 de septiembre se sintió de nuevo «taponeado», situación que duró hasta que expulsó coágulos sanguíneos. Después de eso y de un nuevo tratamiento médico, ha mejorado, pero piensan que el sexo debe esperar un tiempo más.

Enrique ha tenido miedo, como cualquier paciente que transita por este padecimiento. Ha sido mucho lo que ha necesitado para afrontar su proceso: los gastos continuos, exámenes, medicamentos y el compra esto y compra lo otro. Ya son más de 2.000 dólares, un monto altísimo para la mayoría de la población

Costear la salud es un lujo. Está próximo mes asistir a una cita control con un oncólogo que tiene un costo de 80 dólares. Tiene que someterse a una prueba diagnóstica llamada gammagrafía, cuyo valor mínimo estimado es de 230 dólares. En esa cita médica también se definirá si requiere someterse a quimioterapias o radioterapias. Con ingresos escasos y tantos gastos por delante, la buena energía de Enrique va cediendo.

Javier Díaz, 63 años

Javier Díaz se hizo su pesquisa médica de forma responsable y oportuna. Al cumplir 35 se sometió al examen prostático. Y no quiso volver a pasar por eso. Aunque hace una salvedad importante: en aquel momento, hace ya casi tres décadas, el protocolo médico era distinto.

Hoy tiene 63 años, está casado, tiene hijos, es vecino de Catia y trabaja en el Cementerio del Este. Desde hace cinco años vive con una sonda en su vía urinaria.

En el año 2018 comenzó a preocuparse. Tenía dificultad para orinar, sentía una molestia que iba en franco crecimiento: «Llegó el momento en que me tranqué, no podía orinar y era un dolor que sentía desde adentro. Jamás pensé que este tipo de malestar fuera tan perturbador. Y no todo quedó en la molestia física, el sistema salud también fue muy poco considerado conmigo».

Javier comenzó su transitar buscando ayuda médica en el hospital José Gregorio Hernández de los Magallanes de Catia, donde se topó con un conflicto laboral entre los trabajadores del sector salud y el Estado. «Yo entendía la situación de todos esos trabajadores, pero ¿y yo?». Javier se convirtió en otra víctima, un «daño colateral» de la mala gerencia del Estado venezolano que no supo hacer frente a las deudas laborales con los trabajadores públicos. El último intento de ser recibido en el hospital se frustró por la toma del piso 9 del recinto por parte de las autoridades, para atender de forma exclusiva a privados de libertad: allí funcionaba el servicio de urología.

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«Que un hombre viva con una sonda que se mete dentro del pene para poder orinar, es una cosa que no le deseo a nadie», dijo Javier Díaz, a quien le tocó continuar su peregrinaje: al Hospital Vargas y de allí al Hospital Pérez Carreño. El dolor y la decepción por la mala atención lo condujeron a una situación en la que imploró ayuda divina para acabar con todo: «Llegué a pedirle a Dios que me llevara, siempre mantuve una fuerza extra, pero el dolor y la incomodidad me hicieron tambalear. Además de que también tuve que enfrentarme con la excusa de la prioridad sanitaria por el Covid».

 

La vida, sin embargo, tenía otros planes: «Empecé a venir al hospital Domingo Luciani y aquí conocí a la doctora Yusmary Camacaro, del servicio de urología. Recibí de parte de ella un trato considerado, que me dio más confianza. El tiempo como paciente en esta etapa fue más llevadero hasta que fui operado en septiembre 2023. Ese día estaba tranquilo, concentrado en que era un día para mejorar y por fin dejar que usar un cable dentro de mi cuerpo para poder orinar. El único miedo que tenía era volver a sentirme trancado, durante estos años con sonda me tranqué cinco veces. De verdad es terrible eso…».

El sexo también fue otra etapa difícil que quedó superada: «Sí mijo… Mi esposa y yo somos católicos practicantes y fortalecimos nuestra unión dentro del acompañamiento y la paciencia, pero para un hombre no tener sexo con su esposa aún en una edad de vitalidad, es duro también, pero al final pudimos superarlo».

Javier Díaz no llegó a desarrollar cáncer, pero su afección de la próstata fue definitivamente una difícil prueba de vida.

Durante estas conversaciones, les pedí a Javier así como a Silvino y a Enrique que dejaran mensajes a los hombres que ya se encuentren sobre los 40 años de edad y que no se han sometido a una prueba prostática. Javier me respondió con la mano en el pecho y de forma muy sentida: «Nohacernos los exámenes para descartar problemas de próstata es perder el tiempo. Debemos desprendernos de ese tabú que no nos permite cuidarnos la salud, porque llegar a tener cáncer de próstata es lidiar con un asesino de hombres».

 

El 16 de noviembre me encontré por tercera vez con Javier. Han pasado dos meses desde su operación y al preguntarle cómo se estaba sintiendo, su rostro respondió antes que sus palabras.

Javier, sabe desde su propia piel, y como guía religioso, que todos los enfermos merecen palabras de aliento, él afirma que: «Si hay dolor en el cuerpo se sufre mucho«. Está convencido de que los hombres con padecimiento de próstata recrecida, o algún padecimiento oncológico de cualquier tipo necesitan ayuda psicológica pero también les cuesta pedir apoyo o consuelo. Todos esto entra en el marco de una necesidad real: educar desde la niñez sobre el cuidado y preservación de la salud en general.

Hoy Javier da gracias a Dios porque ya pasó el tiempo de sufrimiento y bendice a su familia que ha sido su gran soporte. «Una enfermedad une o destruye una familia», dijo. Él ha tenido la suerte de verla más unida que nunca.

Nosotros y el machismo toxico

Ignacio Terán es de Guarenas. A pesar de la confianza, me dice con firmeza: «Coño no me hagas fotos, no quiero fotografías, imagínate tú. Pensar que me van a tocar por allí pa’ ve’ si tengo algo en la próstata. No, no ¡Qué va!» Se ríe, pero al mismo tiempo queda pensativo. No puedo interpretar qué pasa por su cabeza, pero es obvio que el tema lo llena de interrogantes.

70 años tiene el señor Ignacio y durante mucho tiempo fue conductor de autobuses. Desde hace meses ha presentado dificultad para orinar e incluso siente dolor al evacuar. «Es como tener unas piedras grandes dentro del cuerpo«, dijo. Pero se niega a someterse a un despistaje de cáncer de próstata con un argumento absurdo: «Los hombres de verdad no se dejan tocar el culo».

-¿Y cómo va a hacer usted para saber qué es lo que tiene?

-De algo nos tenemos que morir.

Los médicos especialistas en urología y oncología afirman que la actitud de vivir en negación es el principal enemigo de los hombres que son diagnosticados de forma tardía. Son muchos los que acceden con el pasar el tiempo a realizarse todos los exámenes de rigor, pero es innegable que esa etapa sin diagnosticar pasa factura, pues aumenta la posibilidad de encontrarse con un cáncer avanzado.

En el caso de los hombres aquí entrevistados, dejar pasar el tiempo, haciendo caso omiso a los síntomas que presentaban, fue lo que los llevo a pasar por momentos de cuidado. Silvino, Enrique y Javier unen sus voces al coincidir en que los hombres debemos asumir el paso del tiempo y entender que con la edad avanzan también las posibilidades de sufrir algún padecimiento de próstata. Es nuestro compromiso personal y con nuestros seres queridos no posponer una pesquisa tan sencilla y rutinaria, por mantener premisas obsoletas de nuestra cultura de macho latinoamericano, pues no hay ofensa ni irrespeto en este tipo de procedimientos médicos.

La mirada de los médicos especialistas

Carlos Ereipa, joven residente 2 (R2) de la unidad de urología del hospital Doctor Domingo Luciani en el Llanito, es uno de los médicos tratantes de Enrique Iriarte. Carlos es de ese tipo de médicos que explica con paciencia y dedicación las patologías a sus pacientes, reconociendo además, la labor de otros colegas que como él honran su trabajo en medio de unas de las peores crisis de salud pública que sufre Venezuela. Para él, estos son aspectos que todos debemos tener muy claros:

1- La edad adecuada para empezar a evaluar al paciente desde el punto de vista urológico es a los 45 años. Esta prueba consiste en realizar examen dígito rectal (tacto), más la prueba en sangre del antígeno prostático, donde se evidencia el antígeno prostático total y libre. Dependiendo de los resultados, se puede descartar hiperplasia prostática benigna o cáncer de próstata, pero ambos procedimientos se deben llevar a cabo, porque son pruebas
complementarias.

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2- La gran mayoría de los pacientes que atendemos para evaluación urológica general son mayores de 60 años, quizás llegan de manera tardía a nuestras consultas por temor, machismo o por el tabú hacia los urólogos, sin embargo poco a poco se ha ido creando conciencia sobre la evaluación urológica y cada vez estamos recibiendo más pacientes con edades cercanas a los 45 años.

3- Hay que hacer del conocimiento público la simplicidad, ética y respeto que se conjugan dentro de la consulta urológica para ir dejando atrás el tabú y el miedo al examen dígito rectal. También explicar que evitar la consulta por el temor de conseguir algún tipo de patología relacionada al cáncer sólo aumenta las posibilidades de diagnósticos tardíos que ponen en real riesgo la vida.

4- Determinar los niveles del antígeno prostático es necesario pero no lo es todo, ya que esta prueba en sangre va de la mano con el tacto rectal. Hemos tenido pacientes con niveles de antígenos normales, pero presentando al tacto patologías cancerígenas.

Una jornada de atención masiva para descartar el cáncer de próstata

Sábado 18 de noviembre de 2023, 6 de la mañana. A esta hora ya hay una cantidad considerable de hombres esperando a que comience una jornada de despistaje de cáncer de próstata en el Hospital Domingo Luciani.

Los médicos de la especialidad de urología tienen previsto poder realizar 3.000 pruebas de antígeno prostático, más el procedimiento de tacto rectal.La gran mayoría de los presentes son hombres adultos que superan los 70 años de edad. Gran parte de los asistentes al despistaje llegaron al hospital el viernes 17 de noviembre para hacer su cola y garantizar su cupo: serían atendidos por orden de llegada al día siguiente, comenzado la jornada a las 8 de la mañana.

Mario de Jesús Hernández -60 años-, vive en Guatire y llegó al hospital a las 6 de la mañana. Esta es la quinta vez que asiste al despistaje. Se siente bien y en sus anteriores pruebas los resultados reflejan buena salud. Está tranquilo, sin preocupaciones y cuenta que trata de mantener una alimentación sana y balanceada en la medida de sus posibilidades.

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La jornada es organizada y manejada por los médicos del hospital. Un grupo entrega los números según el orden de llegada, mientras que otros organizan al personal que tomará los datos personales de cada asistente para que luego pase a los pacientes al salón de conferencias. Allí escuchan una charla y además se les aclaran sus dudas, que suelen girar en torno a cómo se llevan a cabo los procedimientos médicos y las opciones para tratar el cáncer de próstata.

Esta jornada de despistaje se hace cada año, beneficiando a muchísimos hombres de condiciones económicas desfavorables. Es importante descartar que además del Hospital Domingo Luciani otras instituciones como el Pérez Carreño, también las organizan.

En este día se tomaron 2.457 pruebas de antígenos cuyos resultados se entregarán en marzo de 2024. Gracias a la labor de los médicos urólogos Gina González, Isabella García, Yusmary Camacaro, Carlos Ereipa, Eddithnor Cedeño; y a los residentes de primer año de postgrado, Luisana Franco, Emely Marín, Luis Salazar y Yery De Jesús; se pudo desarrollar esta jornada para atender a muchísimos hombres que no cuentan con los recursos económicos para hacerse estas pruebas de forma privada.

El mes azul

La sociedad Anticancerosa de Venezuela lleva 75 años trabajando en pro del bienestar de pacientes oncológicos y en los avances de la investigación médica especializada en cáncer a nivel general. El pasado 9 de noviembre, la junta directiva de la sociedad convocó a una rueda de prensa con el propósito de hacer visibles las actividades a desarrollar en el mes azul, con la campaña que se lleva a cabo en noviembre para concientizar sobre la salud masculina. A lo largo de este mes, se promueven la prevención y detección temprana de enfermedades como el cáncer de próstata, testículo, pene, sumando también la salud mental masculina.

Una de los puntos conversados fue el de preservar y cuidar el estado de buena salud mental. Es fundamental romper los estigmas y promover la apertura y el diálogo sobre los problemas de salud mental que afectan a los hombres. Brindar apoyo, junto a las herramientas adecuadas, para marcar la diferencia en la vida de muchos caballeros.

Todos sabemos que desde hace muchos años el sistema de salud público no maneja números precisos sobre las enfermedades que aquejan a los venezolanos, pero la sociedad Anticancerosa de Venezuela lleva sus propios registros: 11 hombres por día mueren a causa del cáncer de próstata y 3.994 hombres han fallecido por esta causa en lo que va del año 2023. Es un problema realmente serio.

Y pensar que muchas vidas pueden salvarse si perdemos ese absurdo prejuicio ante el examen de próstata.

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