«Los asesinos de mi hijo tienen que pagar»

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20 de marzo, 2015 - 3:09 pm
Redacción Diario Qué Pasa

La madre del pequeño asesinado regresará a Colombia. Su vida no será igual hasta no ver justicia

Foto: Alfredo Gutiérrez

La tranquilidad que refleja su rostro no es sinónimo de paz. El dolor se instaló en su vida y no vislumbra su partida. Beatriz Calvo conversó con QUÉ PASA y aseguró que no descansará hasta ver a los que apagaron la luz de sus ojos tras las rejas

Sur del Lago —
Beatriz Calvo Molina (31), madre de Luis Fernando Lambertinez (10), niño asesinado en pleno cautiverio, le confesó a QUÉ PASA que llegará hasta las últimas consecuencias hasta no ver a los asesinos de su hijo, y en particular a la autora intelectual, pudriéndose tras las rejas.

«Así me quede sin un centavo y tenga que venir (al país); lo que sea necesario lo haré hasta que paguen todos los que me mataron a mi hijo», declaró ayer a las afueras de la morgue del hospital de Santa Bárbara, cuando en un ataúd blanco le entregaron los restos del infortunado inocente.

Destacó que le tomó por sorpresa saber de la malicia de Dayana Danira, quien se llevó a su hijo de la Institución Educativa Francisco José de Caldas. «Nosotros vivimos en Tibú (Norte Santander, Colombia), en barrio Barco; allá tengo un restaurante y una gallera, de eso vivimos y el papá del niño (Ferney Lambertinez) me ayuda atendiéndolo», dijo.

«Nosotros íbamos mucho a Encontrados, allá vive la familia de ella (la asesina), sus hermanos y todos y ellos siempre me trataron bien». Entre lágrimas, dice que recordará a «Luchito» como un ángel al cual le gustaba reír. «Entre tantas cosas me decía que él quería ser de todo menos jugador de fútbol, ya sea nadador o jugador de otras disciplinas».

Le molestó el hecho de que la prensa haya subrayado que su pequeño habría sido descuartizado, ese indicio acrecentó su dolor. Calvo Molina indicó que cesó la relación con su expareja debido a que ésta la había robado varias veces; incluso, desconocía que esta era una práctica común de Dayana en sus trabajos anteriores.

«Agradezco a la policía, pero sobre todo al Gaes, porque ellos lo dieron todo, en cuerpo y alma; lo que les pido es que no desfallezcan y que encuentren a más responsables», esgrimió la atormentada madre.

Fue por asfixia

El examen forense concluyó que en efecto el pequeño murió por asfixia mecánica; solo falta por determinar —en el venidero juicio— si esta fue accidental o con alevosía. En el cráneo del niño se evidenciaron señales suficientes para dar el veredicto. También se determinó que el pequeño fue amarrado con cinta de embalar en manos y pies.

La médico forense, Linsay Meleán, adscrita al Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, subdelegación San Carlos, junto a una odontóloga y dos antropólogos de Caracas, fueron quienes practicaron las experticias.

Se conoció que el proceso de descomposición del cuerpo ocurrió rápidamente porque la bolsa y el encierro a altas temperaturas aceleraron la desintegración de huesos y órganos. Solo había tejido de la pierna izquierda, el cráneo y el esternón. El corazón, órgano que más tarda en descomponerse ya no existía.

Se analiza si Dayana recibió ayuda —presumiblemente de uno o varios hombres— que la ayudaría a sellar con cemento la fosa privada donde arrojaron el cuerpo después del cautiverio. La data de muerte es de 30 a 35 días.

Cinco años más

El cuerpo no podrá ser sometido a cremación, tal como quería la familia Calvo, debido a que la experticia legal por el asesinato, y los restos deben permanecer conservados, bajo tierra por 5 años más, en caso de ser necesaria una exhumación. Beatriz refirió que Luis será enterrado en Bogotá, donde los seis hermanos de la familia han echado sus raíces. Será un funeral muy emotivo, dado que era el menor de los sobrinos de una numerosa familia.

El pequeño, antes de llegar a la capital colombiana, será llevado hasta el último aposento donde le vieron con vida, específicamente la escuela del sector La Esperanza, desde donde la homicida se lo llevó bajo engaños. El cautiverio de un mes y seis días fue un trágico episodio para la policía venezolana, pero también colombiana, cuyo espíritu de servicio buscaba a toda costa devolver al niño sano y salvo a su hogar, emprendiendo una vida normal.

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