Por Gian Carlo Di Martino
Maracaibo, 28 de julio de 2025
Ciudadano:
NICOLÁS MADURO MOROS
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
Su despacho.
Respetado Presidente:
Con afecto y con emoción genuina, dejo constancia en estas líneas de mi gratitud hacia usted por el apoyo y la demostración de confianza de usted hacia mi persona, al permitirme desempeñar durante tres lustros la honorable misión como Cónsul de la República Bolivariana de Venezuela en la ciudad de Milán, Italia.
Usted, que también se ha desempañado en el servicio diplomático, sabe el honor que significa representar a la Patria en el extranjero. Es un trabajo privilegiado porque uno siente todo el tiempo que lleva en su interior la esencia de la identidad venezolana, dispuestos siempre a representarla y defenderla aún cuando estemos a miles de kilómetros de distancia.
Vi a Venezuela en cada compatriota que se acercó hasta las oficinas del consulado en solicitud de nuestra ayuda, de nuestro apoyo. Y servimos con el mayor entusiasmo y con dedicación en nombre suyo, Presidente, a todos, aún cuando algunos fueran opuestos a la Revolución Bolivariana. Pero así somos y tenemos que ser los que seguimos al Comandante Chávez, y quienes tenemos el honor de acompañarle a usted en el gobierno del país: solidarios, respetuosos y cumplidores del deber.
En el transcurso de todos estos años, viví momentos intensos, generados por la vorágine de acontecimientos que se han sucedido en nuestro amado país.
Ver y escuchar estando fuera del país, las consecuencias del ataque del neoimperialismo en nuestro territorio, la violencia que han generado, y el sufrimiento que han impuesto con las medidas coercitivas en el plano económico; el escarnio diplomático, las corrientes de opinión negativas fabricadas contra Venezuela, todo el acoso de los intereses oscuros de la industria bélica y el narcotráfico… ha sido doloroso y aleccionador.
Pero en representación de Venezuela, he sentido el orgullo de ver cómo el país, el gobierno que usted dirige, ha defendido nuestra soberanía, la vida de millones de personas que han resistido estoicamente las pruebas. Y estamos venciendo.
Ha sido también una gran experiencia vivir, sentir el apoyo de una gran parte de las organizaciones políticas progresistas, de izquierda, del pueblo italiano ante el ataque que ha enfrentado Venezuela. Y es otra de las razones que me asisten para darle a usted las gracias por haberme permitido esas vivencias.
Mi gratitud hacia usted se expande cuando pienso, recuento y analizo todos los aprendizajes obtenidos de mi permanencia en Milán y la visita a varias ciudades de Europa. Conocer mecanismos de respuesta a los problemas de las ciudades por parte de los ayuntamientos, de los gobiernos municipales, es un gran regalo, una vital experiencia de aprendizaje que fui almacenando en mente y corazón, con la esperanza siempre de aplicar ese aprendizaje, con las debidas ponderaciones, en caso de recibir de nuevo la oportunidad de volver como alcalde de mi amada ciudad natal, mi Maracaibo.
Yo crecí, señor Presidente, en el centro histórico de Maracaibo, en la tan renombrada Plaza Baralt que mencionan las gaitas zulianas. Allí trabajó mi padre, como tantos otros inmigrantes de Europa, de Asia, África y Latinoamérica que llegaron a este país y encontraron en esta luminosa tierra su nuevo hogar, su nueva patria.
Por eso, nada me es ajeno de lo que pasa en Maracaibo. Me dolía enterarme del estropicio en que la ha ido dejando el sector reaccionario de la política nacional, de la dirigencia opositora del Zulia. Y siempre esperé el momento de poder regresar para incorporarme al trabajo por el rescate de la región, de mi ciudad.
Imagínese lo que he sentido desde el momento en que recibí su nuevo voto de confianza, para volver y luchar en un trabajo mancomunado de levantar los cimientos, nuevamente, de una sociedad de progreso, de justicia social, de felicidad, dentro de la evolución que nos marca la Revolución Bolivariana.
Recorrer calles, avenidas, barrios y urbanizaciones que muestra el estropicio producto del bombardeo en forma de sanciones, y del absoluto menosprecio por el servicio público y sus deberes, como el que han demostrado el gobierno regional y municipal salientes, ha sido brusco, doloroso y enervantes. Nunca había experimentado, en vivo, lo que significa la ausencia de empatía de una clase política gobernante.
Pero lejos de quebrarnos, pues nos levantamos desde Maracaibo para decir y demostrar que vamos a resurgir en el progreso y la solidaridad como ya lo hemos demostrado en la historia.
Nunca voy a dejar de agradecerle esta confianza, esta oportunidad que me ha dado, señor Presidente, de volver a ser alcalde de Maracaibo. No voy a defraudarlo. Puede estar seguro de que, con el favor de Dios, voy a retribuirle con trabajo, con logros, con lealtad, juntos a los y las maracaiberas, su apoyo.
Como decimos, los tiempos de Dios son perfectos. Llegué en un momento histórico extraordinariamente auspicioso para el logro del bien común. El tiempo del Poder Popular Comunal.
Maracaibo siempre ha sido una ciudad de gente solidaria y alegre, laboriosa e ingeniosa. Nada más acorde con la identidad maracaibera, que este ámbito de participación protagónica del pueblo en el gobierno, a través del Poder Comunal, espacio histórico que el bolivarianismo abre en la democracia, para ejemplo de todos, para la concreción del paradigma de felicidad del pueblo.
Sé que contamos con su apoyo, de todo el gabinete de gobierno nacional, para este rescate de Maracaibo, y del Zulia, con el hermano Luis Caldera en la Gobernación.
Así que le reitero mi compromiso, mi gratitud y la bienvenida perenne a esta ciudad puerto, a esta ciudad del sol, de música y poesía, y de gente buena.
Gian Carlo Di Martino







Comente