EE. UU. no quiere caos en las mayores reservas petroleras del mundo

María Machado cambió su tono con Trump por el riesgo de terminar siendo prescindible

María Machado
21 de octubre, 2026 - 3:23 pm
Tomado de El Pitazo / Adaptado por Redacción Qué Pasa

María Machado asegura que  «no la dejan» regresar lo que parece demostrar una debilidad importante pues volver a «dialogar» representaría una contradicción muy difícil de asumir ante sus seguidores

 

El discurso de la dirigente opositora venezolana María Machado ha experimentado una sutil pero significativa transición desde el día del secuestro del Presidente Maduro a la fecha, pasando de la estrecha alineación inicial con la política de Donald Trump a una postura de marcada autonomía.

En entrevistas concedidas a medios estadounidenses desde su exilio en Panamá, quién regaló simbólicamente su  Premio Nobel de la Paz a Donald Trump, ha comenzado a caminar por una delgada línea entre el reconocimiento a Washington y la necesidad de fijar una postura propia frente a los intereses comerciales de la Casa Blanca, presionada por el hecho incontrovertible de que su sector ha quedado al margen de los procesos de diálogo que se desarrollan en Caracas.

Esta evolución en la narrativa de Machado se ha desarrollado en tres etapas clave a lo largo del año:

Fase 1 (Enero 2026): Tras el secuestro de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, María Machado adoptó un discurso de absoluta sintonía con Trump. En entrevistas con cadenas como Fox News, llegó a ofrecer «compartir» su Premio Nobel de la Paz con el mandatario norteamericano como gesto de agradecimiento. En ese momento, su narrativa se centraba en un esfuerzo conjunto e institucional para una transición presidencial inmediata.

Fase 2 (Febrero – Mayo 2026): La administración Trump comenzó a mantener distancia con Machado, optando por negociar de forma directa con Delcy Rodríguez como figura al frente del país, y promoviendo un diálogo en Caracas con una facción de la oposición conformada por exdiputados de Voluntad Popular y Primero Justicia de la Asamblea Nacional de 2015, dirigida por Dinorah Figuera. En este punto, al ser dejada por fuera, la narrativa de María Machado viró en mayo hacia la resistencia desde el exilio, anunciando en Panamá su firme intención de postularse nuevamente a la presidencia antes de finalizar el año.

Fase 3 (Octubre 2026): El cambio más drástico ocurrió la semana pasada en una entrevista con The New York Times. Por primera vez, María Machado abandonó los elogios absolutos y fijó límites claros frente a dos realidades que implican una separación táctica de la línea de Trump:

  •  Denuncia de Exclusión: Afirmó explícitamente que Estados Unidos la dejó al margen de las negociaciones de Caracas, evidenciando el quiebre de la comunicación directa.
  • Cuestiona a los Aliados de Trump: Calificó como un acto de «obscene corruption» (corrupción obscena) el reciente acuerdo promovido por Washington que otorga al empresario Alejandro Betancourt el control de una quinta parte de las reservas petroleras venezolanas. Al tildar a Betancourt —nuevo socio comercial de la estrategia de Trump— como «uno de los principales responsables» del colapso eléctrico nacional, María Machado marcó una línea roja ineludible: advirtió que no lo considerará un aliado viable en un eventual gobierno suyo.

Este giro discursivo plantea nuevas interrogantes sobre el futuro de las relaciones entre el sector opositor que María Machado comanda y el gobierno estadounidense, abriendo un debate sobre el alcance y las consecuencias de esta nueva estrategia de cara a los próximos meses.

¿Quiebre o reacomodo?

Frente a este nuevo escenario, los analistas debaten si el cambio de tono de Maria Machado representa un quiebre o una reconfiguración de fuerzas.

Para el politólogo José Vicente Carrasquero, no existe una ruptura como tal, sino un discurso más confrontacional y crítico que busca un balance entre reconocer los aspectos positivos del gobierno de Trump —como su compromiso democratizador y el haber retirado a Maduro— y advertir lo que es negativo para su accionar político. Desde su perspectiva, es la acción de una estadista que navega aguas difíciles y muestra «un liderazgo que no se somete fácilmente al ordenamiento establecido por la Casa Blanca».

Por el contrario, Benigno Alarcón, abogado y fundador del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB, no ve un discurso de resignación, sino una toma de la ofensiva para poner límites a la discreción. Alarcón explica que la buena relación con Trump y el liderazgo interno idealmente debían ir de la mano, pero al tener que escoger, Machado prioriza su capital político en Venezuela. A su juicio, mantenerse en silencio para no disgustar a la Casa Blanca la dejaría como «alguien subordinada a los intereses de Estados Unidos, que no es el caso». Además, destaca que el momento de alzar la voz es una jugada calculada, pues una declaración de este tipo a menos de tres semanas de las elecciones de medio término aumenta los costos políticos para Trump.

Desde una postura mucho más severa, el politólogo Carlos Raúl Hernández define lo ocurrido como una «anti estrategia perfecta», un empeño de acciones voluntaristas y tercas que arrastra las mismas imprecisiones en su plan comunicacional que en su política. Hernández sostiene que el 3 de enero Estados Unidos actuó para evitar que Venezuela fuera un «Estado petrolero fallido» y una perturbación migratoria. Al ver que el comando de Machado mantenía una política de generación de conflictos incapaz de acceder al poder, el gobierno de Trump la sacó del juego.

«EE. UU. no aceptaría un caos en las mayores reservas petroleras del mundo en su zona de influencias. La política de generación de conflictos de la oposición radical y del comando de María Machado, su incapacidad para acceder al poder en décadas habiéndolo tenido en las manos varias veces,  convencieron al gobierno de Trump de que ella sería un paso más hacia el golpe de Estado, «el quiebre», la guerra civil y el Estado fallido. Por eso sale del juego. EE. UU. priorizó la estabilidad geopolítica y el petróleo sobre las aspiraciones del comando de Machado», afirma.

Maria Machado radical

Entra al juego Dinorah Figuera y María Machado corre el riesgo de ser prescindible

La exclusión de María Machado de las negociaciones en Caracas entre la oposición conformada por los exdiputados de Voluntad Popular y Primero Justicia de la Asamblea Nacional de 2015 t por Dinorah Figuera, expone su frágil utilidad en el momento actual.

César Batiz, director de El Pitazo, explica que el Departamento de Estado justificó esta medida bajo un argumento procedimental: no se puede dirigir la negociación y luego aspirar a presidir el gobierno. Mientras Machado reclama su espacio basándose en que representa al movimiento que ganó las primarias de 2023 y las presidenciales de 2024, Washington responde que, por el hecho de querer gobernar, «no puedes ser simultáneamente árbitro, negociadora y beneficiaria del acuerdo».

Esta lógica de la Casa Blanca de acordar con quienes controlan fácticamente las instituciones del Estado plantea, según Batiz, un peligro estructural. Al tener alternativas como pactar con otros dirigentes, empresarios o sectores dispuestos a una transición más gradual, el verdadero riesgo para María Machado es «que Washington no intente derrotarla políticamente, sino simplemente hacerla prescindible».

Esta tesis de la exclusión la complementa Carlos Raúl Hernández, quien señala que la comunidad internacional mantiene una política abierta de «legitimación» hacia Delcy Rodríguez. Hernández argumenta que la Casa Blanca le ha dejado claro a la oposición que no habrá presidenciales fuera de lo que dicta la Constitución, presentando ahora a Machado como la «enemiga» de Trump y a Rodríguez como la «amiga».

Incluso, este desplazamiento discursivo coincide con un contexto de flexibilización internacional que ha favorecido a figuras del oficialismo. Batiz recuerda que el levantamiento de las sanciones estadounidenses contra Jorge Rodríguez opera como una señal política clara sobre quién es el interlocutor válido para la Casa Blanca en el terreno.

En contraste, Carrasquero difiere de la idea de un aislamiento definitivo y prefiere hablar de una «dilatación» en lugar de un desplazamiento. Según su análisis, Estados Unidos funciona reconociendo el liderazgo claro de las encuestas y mal podría jugar en contra de una población que la apoya mayoritariamente. Explicó que la estrategia actual de Washington se enfoca primero en estabilizar y organizar la economía del país para darle un rumbo de crecimiento.

De acuerdo con el analista, la Casa Blanca busca crear una base económica sólida —un mecanismo de financiamiento de la política que ya ha promovido en otros países del mundo— para que la nueva clase política que venga a gobernar en el futuro tenga recursos reales en el bolsillo para cumplir sus promesas, evitando prometer en el vacío.

Para Carrasquero, este enfoque de organizar el aparato financiero no va en contra del liderazgo de Machado, sino que busca «un mecanismo de financiamiento para que, quien venga después, pueda pagar la cantidad de demandas y expectativas de la población».

El conflicto por el mega acuerdo petrolero y Alejandro Betancourt

El cuestionamiento directo al pacto energético y a la figura de Alejandro Betancourt es visto por los analistas desde ángulos éticos y estratégicos muy distintos.

Para César Batiz, la aclaratoria de María Machado de que respetaría los contratos que cumplan con la legislación nacional es un mensaje relevante que apunta a revisar las condiciones en las que se concretaron los negocios, cómo se realizaron y quiénes se beneficiaron, en lugar de desconocer automáticamente todo lo firmado por la administración de Delcy Rodríguez.

«Eso es relevante. No está diciendo: voy a desconocer todo lo que firme Delcy Rodríguez. Está enviaando otro mensaje: Vamos a revisar cómo se hicieron esos negocios, bajo qué condiciones y quiénes se beneficiaron. Y eso toca directamente uno de los pilares de la relación que Washington está construyendo con Caracas», explica el periodista.

En concordancia con la necesidad de revisión, Benigno Alarcón defiende que la opacidad de este contrato, que otorga una quinta parte de las reservas nacionales, obligaría a cualquier liderazgo responsable a revisar lo firmado bajo los principios de legalidad y Estado de Derecho. Añade que la posición de Machado no es un rechazo a la asociación con Estados Unidos, sino una crítica a que los intereses económicos se manejen sin limitación legal, especialmente detrás de un actor que difícilmente tiene el capital propio para una operación de tal magnitud.

En sintonía con esto, José Vicente Carrasquero considera la crítica un punto a favor de María Machado, al hacerle saber a Washington que no está tratando con la crema y nata de la sociedad venezolana, sino con la estructura criminal que se generó a partir del aprovechamiento indebido de los recursos destinados al sistema eléctrico.

Sin embargo, Carlos Raúl Hernández califica esta posición como una «muchachada mortal» y una reacción emocional sin racionalidad. Para Hernández, amenazar con desconocer el mega acuerdo convirtió a María Machado en una enemiga de los intereses de la dupla Trump-Rubio, lo que generó un «efecto perverso» inmediato: la respuesta de Washington fue difundir que el Pentágono tendrá el 30% de acciones pasivas en la compañía petrolera creada, y Marco Rubio emitió un enfático respaldo a Betancourt.

El retorno ¿reorganización o jaque mate?

El anuncio de su regreso al territorio nacional cierra el análisis de los expertos como un paso obligatorio pero lleno de desafíos.

César Batiz argumenta que el verdadero reto de María Machado al regresar es demostrar en el terreno su capacidad de movilización y su respaldo popular, enviando el mensaje de que «no se puede gobernar la transición sin ella».

Benigno Alarcón explica que tanto el gobierno norteamericano como el venezolano la han colocado en una posición difícil al afirmar públicamente que no tiene impedimentos para venir. Por ello, considera indispensable su retorno físico para cumplir sus promesas, evitar cuestionamientos y actuar como un catalizador que coordine los movimientos internos que hoy trabajan de forma asincrónica.

Nuevamente en contraste, Carlos Raúl Hernández sostiene que el comando de Machado la ha colocado en una posición de «jaque mate». Para Hernández, afirmar que «no la dejan» regresar es una demostración de extrema debilidad, pero volver a «dialogar» representaría una contradicción muy difícil de asumir ante sus seguidores.

Explica que, bajo las reglas actuales, ella no ingresaría a negociar directamente con Delcy Rodríguez, sino a incorporarse en una comisión de diálogo común, un escenario sumamente complejo «después de 20 años denunciando de ‘traidores’, ‘colaboracionistas’ y ‘alacranes’ a quienes han pedido permanentemente diálogo».

 

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