Final de la dictadura de Pérez Jiménez

Hoy se conmemora 60 años del 23 de Enero de 1958

23 de enero, 2020 - 4:10 pm
Agencia

La reacción contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez se manifestó en el campo civil con la huelga estudiantil fundamentalmente universitaria en particular de la Universidad Central de Venezuela y Universidad Católica Andrés Bello

Caracas- La Constitución de 1953 preveía la celebración elecciones generales para el ejercicio del periodo 1958-1963; la oposición se organiza la reunión fundacional de la Junta Patriótica acordándose convocar a participar a Acción Democrática y Copei. La iniciativa se atribuye a Jovito Villalba desde el exilio y concretada por los dirigentes de URD Amílcar Gómez, José Vicente Rangel, Fabricio Ojeda y Guillermo García Ponce, este último de la dirección clandestina del Partido Comunista de Venezuela.

Rómulo Betancourt, también en el exilio, mantuvo la posición de no integrar alianzas con los comunistas aunado a la tendencia de la dirección de AD de presentar los actos opositores como realización del partido bajo el supuesto que se tenía apoyo de la fuerza civil y de sectores de la fuerza armada, junto a la posición de no negociar con la dictadura prácticamente hasta su derrocamiento.

El objetivo principal de la Junta Patriótica fue el respeto a los derechos y libertades consagrados en la Constitución del 53 y con la única aspiración del respeto al derecho al sufragio universal, secreto y directo, la libre postulación de candidatos, el debate y acatamiento de la voluntad del pueblo expresada por el sufragio.

El 15 de diciembre de 1957, se realiza el referéndum de carácter consultivo y vinculante con objeto de proponer a Marcos Pérez Jiménez para continuar un periodo presidencial de 5 años; de aprobarse no solo se ratificaría al Presidente en su cargo, sino a todos miembros al Congreso Nacional, Asambleas Legislativas, Estadales y Concejos Municipales de manera automática, contrariando a la Constitución de 1953, que contemplaba la elección de un nuevo presidente aunque no prohibía la reelección inmediata y otros cargos regionales y locales con participación de diversos candidatos y en elecciones directas, secretas y universales.

Los argumentos para hacerlo viable se fundaron en la reedición del “cesarismo democrático” condicionante de la actuación militar en la dirección de la sociedad; aseveraba Pérez Jiménez: “Llevarlos al poder – a los partidos políticos- equivaldría a que la conducción del país quedará a cargo de los menos capaces, y tendríamos la paradoja de que las instituciones vitales para la nación estuvieran subordinadas a agrupaciones de ineptos cuya desaparición no perjudica, sino favorece los intereses nacionales”.

El candidato de consenso a la presidencia de la oposición fue Rafael Caldera; quien es detenido y acusado de atentar contra la estabilidad del estado y expulsado el país.

El Sí obtuvo 2.374.790 votos y el No: 364.182 votos. Se registraron 186.015 votos nulos. El 20 de diciembre de 1957, Pérez Jiménez anunció continuar en el poder, basándose en los resultados obtenidos en el plebiscito de dicho año, desconocidos por los partidos opositores.

El espíritu del 23 de Enero de 1958

La reacción contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez se manifestó en el campo civil con la huelga estudiantil fundamentalmente universitaria en particular de la Universidad Central de Venezuela y Universidad Católica Andrés Bello el 21 de noviembre de 1957. La protesta contra la dictadura tuvo como protagonistas a la juventud de Acción Democrática (Silvestre Ortiz Bucaram), al Partido Comunista de Venezuela (Guillermo García Ponce), Unión Republicana Democrática (Fabricio Ojeda), Copei (Enrique Aristiguieta Gramcko) y por el lado militar la sublevación del coronel Hugo Trejo el 1 de enero de 1958. Se llevó un proceso de coincidencia y negociación destacando la labor de Oscar Centeno Lusinchi quien fuese mediador logrando unificar esfuerzos de la resistencia lo que originó la “etapa contractual” apartando circunstancialmente diferencias ideológicas en la izquierda venezolana – AD y PCV- consolidando a la Junta Patriótica cuyos miembros militaban en la juventud de los principales partidos políticos.

Se asume que la unidad de la fuerza armada y dirigencia civil se logró en consideración al manejo del aparato represivo del Estado dirigido por policía política –órgano de carácter civil- particularmente los jefes de la Seguridad Nacional -Vallenilla Planchart y Pedro Estrada – al momento del inicio de la crisis se vio forzado el gobierno a destituirlos para calmar las protestas en ocasión de la huelga de noviembre del 1957, dejando un saldo de centenares de presos políticos.

En el gabinete ejecutivo de Pérez Jiménez, en su mayoría conformado por funcionarios civiles, pudiese concluirse que no hubo compenetración total del sector militar en su gobierno originando un espacio flexible para actuar en contra.

Los líderes históricos de los partidos políticos, particularmente Rómulo Betancourt exiliado en los Estados Unidos, optaron por la resistencia interna dirigida por la juventud y que estos fijaran la estrategia de lucha contra el régimen militar absteniéndose de realizar lineamientos desde el exterior, actitud que particularmente en Acción Democrática crearía un cisma generacional entre los “lideres octubristas” de 1945, y la dirigencia juvenil estos últimos reclamaban el control del partido por su protagonismo observándose distantes a los ideales socialdemócratas y específicamente a Betancourt.

La historia ha demostrado que las dictaduras militares se muestran altamente represivas hacia las conspiraciones civiles no así hacia los militares; Pérez Jiménez al verificar que el apoyo militar se resquebrajaba puesto en evidencia el 1º de enero, mostró cierta tolerancia dejando desenvolverse los acontecimientos por sí solos manifestándose una resistencia a la conspiración bastante tenue; más que manejar la hipótesis de un “derrocamiento” entendiéndose por la salida violenta de un régimen se plantea del “abandono del poder” cuando constató esta situación siendo más relevante que la conspiración civil en última instancia militarmente controlada; no considerándose “tumbado” por un movimiento cívico militar porque los movimientos conspiradores militares estaban “perfectamente sofocados” sino comprendió que la “fuerza principal” cual se había basado el gobierno en las Fuerzas Armadas no entendía la “magnitud de la obra que se estaba realizando”.

El denominado “espíritu del 23 de Enero” expresión atribuida a Rómulo Betancourt que Rafael Caldera interpretaba por “el consenso, casi unánime, de los venezolanos, en establecer un sistema de vida democrático”; apreciando que el “experimento dictatorial” había llevado hasta los sectores tradicionales proclives a sostener los gobiernos de fuerza, aceptar la democracia como el sistema de “gobierno ideal para Venezuela” habiendo “unidad” de militares y civiles, de empresarios y trabajadores, de gente de la ciudad y campo afirmándose por encima de las diferencias ideológicas de los diversos grupos políticos; siendo este consenso fundamental la base de la institucionalidad generada el 23 de Enero del 58.

Comenzó a fracturarse conforme a Caldera cuando la experiencia de la Revolución cubana movió a algunos sectores a un tipo de “acción directa” pretendiendo poner al lado las fórmulas que la democracia había establecido y realizar un proceso de cierto modo para ser “imitación” del implementado en Cuba. Denominándose este fenómeno “cubanización de la política venezolana”.

La designación del contraalmirante Wolfang Larrazabal Ugeto por los oficiales sublevados – 20 de enero de 1958 –como presidente de la transición se consideró una concesión del sector civil asumiéndose débil para presidir el gobierno en ese momento manifestándose la tutela militar y autonomía de estos sectores; la coincidencia de militares y civiles seria teorizada por la izquierda como fundamento de su posterior insurgencia por unión cívico-militar -.

 

 

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