No se prevé que se reúna con Xi hasta el jueves por la mañana

Trump llegó a China para un cara a cara con y Xi Jingping

Trump
13 de mayo, 2026 - 9:31 am
Agencias

El presidente Trump llegó a China acompañado de un avión repleto de altos funcionarios y estrechos colaboradores estadounidenses, líderes empresariales e incluso miembros de su propia familia

 

 

El presidente de EE.UU., Donald Trump, acaba de aterrizar en Beijing, China, para dos días de conversaciones de alto perfil con el líder chino, Xi Jinping.

Se espera ahora que el presidente participe en una breve ceremonia de llegada en el aeropuerto. Les ofreceremos actualizaciones al respecto a medida que las recibamos.

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No se prevé que se reúna con Xi hasta el jueves por la mañana, hora local (miércoles por la noche, hora del este).

Beijing extendió la alfombra roja —tanto literal como figurativamente— para el presidente Donald Trump a su llegada a China el miércoles por la noche, hora local.

Trescientos niños chinos, ataviados con uniformes azules y blancos, ondearon banderas estadounidenses y chinas mientras Trump descendía las escaleras del Air Force One. En la pista de aterrizaje también se le unieron su hijo, Eric Trump, y su nuera, Lara Trump.

Como muestra de la importancia de este viaje, Trump fue recibido al pie de las escaleras por el vicepresidente chino Han Zheng, quien fue designado por el líder de China, Xi Jinping, para encabezar la delegación de bienvenida. Han es ampliamente considerado como el enviado de Xi para asuntos diplomáticos y asistió a la toma de posesión de Trump en 2025.

Han y Trump recorrieron juntos la alfombra roja mientras los niños coreaban en mandarín: «¡Bienvenidos, bienvenidos, una calurosa bienvenida!». El presidente estadounidense alzó el puño en señal de saludo antes de abordar la caravana de vehículos que lo aguardaba.

¿Quién viajó a China con Trump?

Trump llegó a China acompañado de un avión repleto de altos funcionarios y estrechos colaboradores estadounidenses, líderes empresariales e incluso miembros de su propia familia.

En Beijing, el presidente está acompañado por miembros de sus equipos de seguridad nacional y económico, entre ellos el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth y el representante comercial Jamieson Greer, quienes viajaron a bordo del Air Force One; a ellos se suma el secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien llega vía Seúl (Corea del Sur), donde mantuvo conversaciones comerciales con su homólogo chino antes de las reuniones al más alto nivel.

Asimismo, más de una docena de destacados líderes empresariales forman parte de la comitiva, incluyendo a Tim Cook (Apple), Elon Musk (Tesla), Kelly Ortberg (Boeing) y Dina Powell McCormick (Meta) —quien sirvió en la primera administración de Trump—, así como ejecutivos de Blackrock, Blackstone, Cargill, Citi, Coherent, GE Aerospace, Goldman Sachs, Illumina, Mastercard, Micron, Qualcomm y Visa.

Se vio al director ejecutivo de Nvidia, Jensen Huang, embarcando en el Air Force One durante la escala de reabastecimiento de combustible en Alaska. Posteriormente, Musk comentó en la plataforma X que él y Huang eran los únicos líderes empresariales a bordo del avión presidencial.

Se espera ampliamente que Trump y el líder chino, Xi Jinping, anuncien una serie de nuevos acuerdos comerciales, y es posible que debatan planes para la creación de una junta comercial y una junta de inversiones entre Estados Unidos y China.

La delegación estadounidense incluye también al hijo del presidente, Eric Trump, y a su nuera, Lara Trump. Lara Trump, quien ejerció como copresidenta del Comité Nacional Republicano durante la campaña de 2024 y actualmente presenta un programa en Fox News, se ha erigido como la portavoz de hecho de la familia Trump durante el segundo mandato del presidente, ante la ausencia de la hija de este, Ivanka Trump; esta última fue asesora principal durante el primer mandato, pero ha mantenido un perfil mucho más bajo en el actual periodo.

La primera dama, Melania Trump, acompañó al presidente en su viaje a China en 2017, pero en esta ocasión no ha viajado con él.

También se vio a Sean Hannity, de Fox News, a bordo del Air Force One rumbo a Beijing.

Trump y Xi Jingping se preparan para un cara a cara en China, con la guerra en Irán de telón de fondo

La trascendental visita del presidente de EE. UU., Donald Trump, a China esta semana representa una oportunidad histórica para que las dos economías más grandes del mundo replanteen su relación comercial y el tono de su rivalidad.

Pero para lograrlo, Trump y el líder de China, Xi Jinping, deben sortear fricciones complejas que abarcan desde la tecnología, el comercio y los minerales críticos hasta Taiwán, en dos días de reuniones que ahora también se ven profundamente ensombrecidas por la guerra de Estados Unidos con Irán.

Este viaje es el primero de un presidente estadounidense a China desde la visita de Trump en 2017, pero se desarrolla en un contexto muy diferente.

Trump y Xi se encuentran ahora en lados opuestos de un panorama geopolítico cada vez más fragmentado, especialmente porque Irán, socio cercano de China, sigue desafiando las exigencias de Washington para que ponga fin a la guerra.

Trump

Y China también ha cambiado: resentida por la primera versión de la guerra comercial y tecnológica de Trump, Beijing ha modernizado su gigante exportador y se ha transformado en una potencia tecnológica por derecho propio.

Trump se reunirá con un homólogo que ha afianzado su poder, extendiendo su mandato más allá de los límites oficiales establecidos por China.

Mientras tanto, Xi se enfrenta a un líder que ha llevado a cabo una profunda reforma de la política exterior estadounidense, en lo que la ley estadounidense considera su último mandato.

Estas son las prioridades de ambos hombres de cara a su muy esperada reunión, que también incluirá el tipo de pompa y boato que disfruta Trump, como una visita al Templo del Cielo y un banquete de Estado.

La forma en que estas dos personalidades gestionen esta dinámica tendrá implicaciones significativas no solo para la relación entre la superpotencia mundial establecida y la emergente, sino también para un sistema internacional con profundos vínculos con ambas.

Lo que Trump quiere: la perspectiva desde Washington

Para Trump, no es el viaje que había imaginado, sino el viaje que le toca.

Una reunión histórica celebrada en Corea del Sur el pasado mes de octubre contribuyó a aliviar las tensiones entre Trump y Xi, y se alcanzaron acuerdos para un importante pacto comercial y una reducción de los aranceles.

Se esperaba que la cumbre de seguimiento prevista para marzo se centrara en las prioridades económicas y la seguridad nacional.

Y si bien existen planes para nuevos acuerdos comerciales, la guerra de Estados Unidos con Irán ha complicado la estrategia de Trump.

Para evitar que Irán ensombreciera su viaje, Trump retrasó su visita a China para dar tiempo a que la guerra —que, según él, se resolvería en cuestión de semanas— siguiera su curso.

Pero esa guerra ya lleva tres meses y un acuerdo de paz sigue siendo esquivo. El lunes, Trump afirmó que el alto el fuego de un mes con Irán está en una situación crítica.

Y ahora, en medio de una crisis energética mundial histórica, surgen importantes dudas sobre si Trump podrá conseguir lo que quiere mientras Estados Unidos siga inmerso en el conflicto.

Al preguntársele por qué Trump sigue adelante con este viaje, un alto funcionario estadounidense declaró: «¿Por qué no iba a continuar con todas las demás funciones que tiene como presidente de Estados Unidos?».

Pero es probable que Irán domine la conversación.

Trump, de quien CNN informó que está considerando más seriamente que en las últimas semanas la reanudación de las operaciones de combate importantes, comentó el martes que planea tener una “larga conversación» sobre Irán con Xi.

«Creo que se ha portado bastante bien, para ser honesto», le respondió Trump a Alayna Treene de CNN cuando se le preguntó cuál era su mensaje al líder de China sobre Irán al salir de la Casa Blanca.

«Si nos fijamos en el bloqueo, no hay problema. Obtienen gran parte de su petróleo de esa zona. No hemos tenido ningún problema. Y él es amigo mío», añadió Trump.

Pero el cierre de esta ruta petrolera crucial tiene importantes implicaciones para China, el mayor consumidor de petróleo iraní, así como para muchos aliados clave de Estados Unidos en Asia.

La reunión entre Trump y Xi se producirá días después de que el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, viajara a Beijing, lo que subraya los lazos entre ambos países.

La inteligencia estadounidense ha indicado que China se estaba preparando para entregar nuevos sistemas de defensa aérea a Irán, según informó previamente CNN. China ha negado haber proporcionado armas a Irán durante el conflicto.

Se espera que Trump anime a Xi a presionar a Irán para que reabra el estrecho de Ormuz, así como para que acepte un acuerdo de paz adecuado.

«Espero que el presidente ejerza presión», comentó el funcionario estadounidense, refiriéndose a los recientes anuncios de sanciones.

En vísperas del viaje de Trump, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos incluyó en su lista negra a 12 personas y entidades por su papel en la facilitación de la «venta y envío de petróleo iraní» a China.

Pero algunos funcionarios estadounidenses han expresado su preocupación de que Trump llegue a una reunión en la que Xi tiene muchas de las cartas a su favor, y de que el líder de China pueda usar esa ventaja para conseguir lo que quiere en un tema importante para Beijing: Taiwán.

«Creo que él mencionará Taiwán más que yo», manifestó Trump a los periodistas en el Despacho Oval el lunes.

Según temen esos funcionarios estadounidenses, Xi podría aprovechar la oportunidad para intentar negociar una reducción del apoyo armamentístico estadounidense a Taiwán.

«Bueno, voy a hablar de eso con el presidente Xi. Al presidente Xi no le gustaría que lo hiciéramos, y hablaremos de ello», contestó Trump cuando se le preguntó si Estados Unidos debería seguir vendiendo armas a Taiwán.

bandera eeuu taiwanjpg

Pero el alto funcionario estadounidense hizo hincapié en que no esperaban «ver ningún cambio en la política de Estados Unidos».

Bajo la política de «Una sola China», Estados Unidos reconoce la postura de China de que Taiwán forma parte del gigante de Asia, pero nunca ha reconocido oficialmente la reivindicación del Partido Comunista sobre la isla.

 

Estados Unidos está obligado por ley a proporcionar armas defensivas a Taiwán, pero ha mantenido una postura intencionadamente ambigua sobre si intervendría militarmente en caso de un ataque chino.

El comercio seguirá siendo un tema prioritario, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, se reunirá con su homólogo He Lifeng el miércoles en Seúl, antes de la cumbre de líderes.

También viajan con la delegación estadounidense más de una docena de líderes empresariales, entre ellos el CEO de Apple, Tim Cook, y el de Tesla y SpaceX, Elon Musk, quien fuera uno de los artífices de los esfuerzos de Trump por reducir el gasto del Gobierno federal.

Según la subsecretaria de prensa principal de la Casa Blanca, Anna Kelly, se espera que Trump y Xi anuncien una serie de acuerdos sobre el sector aeroespacial, la agricultura y la energía, y que discutan la creación de una junta de comercio y una junta de inversiones entre Estados Unidos y China.

También se espera que Trump aborde el tema de la inteligencia artificial, dado que Estados Unidos y China compiten por desarrollar la tecnología de IA más sofisticada y avanzada.

El presidente estadounidense señaló el lunes que sacará a relucir el destino tanto del exmagnate de los medios de comunicación de Hong Kong, Jimmy Lai, quien fue sentenciado a 20 años de prisión a principios de este año, como del pastor Ezra Jin, detenido en una represión masiva en varias congregaciones y ciudades chinas.

«Ya lo mencioné antes, Jimmy Lai. Ya lo mencioné. De hecho, me acabo de enterar del otro caso esta mañana», declaró Trump.

Lo que Xi quiere: la perspectiva desde Beijing

La sensación de que China tiene una posición de ventaja en las negociaciones es palpable en el lado chino.

Según fuentes chinas consultadas por CNN en las últimas semanas, Pekín ve el costoso conflicto de Washington con Irán y las inminentes elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos como una oportunidad única para sacar provecho de la situación.

La prioridad más inmediata de China es consolidar la tregua comercial alcanzada en Corea del Sur. Pero Pekín estará dispuesta a utilizar su vasto mercado interno y su dominio sobre la cadena de suministro de tierras raras para impulsar objetivos más ambiciosos.

Según fuentes chinas y diplomáticos regionales familiarizados con la postura de Beijing, esto podría incluir pedir a Estados Unidos que flexibilice las restricciones a las exportaciones de tecnología de alta gama.

Se espera que China presione a Estados Unidos para que modifique su política hacia Taiwán y exprese “oposición” (en lugar de falta de apoyo) a la independencia de Taiwán, además de reducir la venta de armas a la isla.

Beijing también desea que sus empresas, incluidas las fabricantes de vehículos eléctricos, tengan mayor acceso al mercado estadounidense y sean eliminadas de las listas negras.

En China, se considera que Trump está deseoso de presentar victorias tangibles a los votantes estadounidenses, como las grandes compras chinas de productos agrícolas estadounidenses y aviones Boeing, lo que podría otorgarle a Beijing aún más influencia para impulsar su agenda.

El presidente estadounidense aterriza en una China muy diferente a la de su última visita, hace casi una década.

Ante las crecientes tensiones con Estados Unidos —en gran parte iniciadas por la primera administración Trump—, Beijing ha impulsado una vasta iniciativa, desde arriba hacia abajo, para reforzar la autosuficiencia en las cadenas de suministro y la alta tecnología.

La capacidad de China para capear la volatilidad, desde la actual crisis energética mundial hasta la agitación comercial provocada por los aranceles del “día de la liberación” impuestos por la administración Trump, se erige ahora, a ojos de Beijing, como una reivindicación de esos esfuerzos.

El auge de su tecnología nacional en inteligencia artificial, energía verde y robótica subraya lo que Beijing ha insinuado durante mucho tiempo, y lo que algunos analistas estadounidenses temían: las restricciones estadounidenses impulsarán a China a fortalecerse y a ser menos dependiente de Estados Unidos, incluso en alta tecnología.

Para Xi, lo fundamental es que una relación estable con Estados Unidos impulsará el ascenso de China.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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